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  • Investigación y Ciencia
  • Septiembre 2017Nº 492

Agricultura

Xylella fastidiosa, la bacteria que arrasa los olivares

Un prolongado trabajo de análisis ha demostrado que la bacteria es la causa de la enfermedad que está devastando los olivos en el sur de Italia.

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A principios de 2017, la Comisión de Investigación de la Academia Nacional de los Linces, órgano asesor de las autoridades públicas italianas, me pidió que me ocupara de un problema particular: evaluar si había datos suficientes para demostrar de manera fehaciente la correlación entre la infección por la bacteria Xylella fastidiosa y los síntomas observados en los olivos de Apulia, en el sur de Italia, lo que se conoce como síndrome de desecación rápida del olivo.

No es que la Academia no hubiese expresado con claridad su punto de vista sobre el tema: según los académicos, los datos disponibles a mediados de 2016 daban indicaciones ya muy claras; tanto como para inducir a esta institución a publicar un informe dedicado a Xylella, con la esperanza de despejar las dudas sobre cuál era la posición de la comunidad científica con respecto a este problema.

Ese informe fue el resultado de un trabajo meticuloso de análisis elaborado a partir de numerosas entrevistas con los investigadores que se ocupaban del problema, visitas a los respectivos laboratorios e inspecciones de diversos tipos; y, para un mayor equilibrio, también incluyó visitas y entrevistas a quienes habían expresado dudas sobre la importancia de la asociación entre la bacteria y la enfermedad y habían indicado otras posibles causas. A pesar de la ardua tarea, solo sirvió para apaciguar, en parte, la inquietud de los que se oponían a la asociación entre la bacteria y la desecación. En particular, algunos (entre los que me incluyo) lamentamos la falta de análisis de un número lo suficientemente grande de muestras como para disipar cualquier incertidumbre. Otros consideraron que la tipología de los datos disponibles no era la adecuada para demostrar con certeza la relación entre la presencia de X. fastidiosa y el síndrome de desecación, a pesar de las afirmaciones de quienes habían tratado el tema más profundamente.

Con un sentido de la responsabilidad digno de admiración, derivado de su propia misión en el país, la Comisión de Investigación de la Academia decidió responder a las críticas y realizó lo que las normas de la ciencia abierta prevén: pidió que el problema fuese examinado por uno de sus críticos que, por otra parte, no tuviese ningún conflicto de interés por alguna relación con investigadores de la Apulia o con cualquier persona que hubiese trabajado previamente con Xylella. Acepté el encargo con entusiasmo, y lo que sigue es el relato de lo que he averiguado junto con la mencionada Comisión.

Establecer una correlación
El concepto de correlación entre la presencia de una determinada bacteria y la de una enfermedad concreta, ya sea en plantas o en otros organismos, es engañosamente simple [véase «Correlación no implica causalidad», por Bartolo Luque; Investigación y Ciencia, julio de 2016]. El sentido común nos llevaría a pensar, por ejemplo, que si al analizar en serie cientos de olivos que contuvieran X. fastidiosa, siempre o casi siempre encontráramos síntomas de desecación, entonces el síndrome podría relacionarse con la presencia de la bacteria.

En realidad, es fácil demostrar que no es así: al continuar nuestras mediciones podríamos descubrir que olivos no infectados por Xylella también muestran síntomas de desecación; en estas condiciones (síntomas presentes tanto en los olivos infectados como en los no infectados) sería evidente que la bacteria no influye en el desarrollo de la enfermedad.

Para establecer la correlación, por tanto, necesitamos primero dos series de datos sobre la presencia o ausencia de síntomas: una relativa a los olivos infectados y otra que se refiera a los olivos sin la bacteria. Si la correlación existe, esperaremos encontrar con mucha más frecuencia síntomas en los olivos portadores de la bacteria que en el grupo de los que no la tienen. Si se verifica esta hipótesis, puede concluirse que, cuando la bacteria está presente, hay enfermedad. Pero si la bacteria no fuese el principal agente relacionado con la patología, sino solo uno entre otros más importantes, podríamos todavía descubrir que la bacteria no está presente en la mayoría de los olivos afectados de desecación; es decir, podría estar asociada al síndrome, pero no ser el factor más frecuente. Podría suceder que en la gran mayoría de los olivos infectados hubiera un hongo, también relacionado con la desecación, mientras que la bacteria se presentara solo en una pequeña parte de los olivos secos.

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