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Actualidad científica

  • 22/09/2017 - GENÉTICA

    Origen evolutivo del plegamiento del ADN

    El modo en que el ADN de las arqueas se compacta tiene muchos puntos en común con el de los eucariotas.

  • 21/09/2017 - Evolución humana

    ¿Cuántos neandertales había?

    La arqueología y la genética han dado respuestas muy diferentes a esa pregunta. Un nuevo estudio las reconcilia y descubre la historia de aquella antigua gente, en la que rozaron alguna vez, mucho antes de la definitiva, la extinción.

  • 20/09/2017 - BIOLOGÍA REPRODUCTIVA

    Macrófagos testiculares, guardianes de la fertilidad masculina

    Responsables de eliminar los patógenos de nuestro organismo, estas células moderan también la respuesta inmunitaria para evitar la destrucción de los espermatozoides.

  • 19/09/2017 - Zoología

    ¿Ha extinguido Irma especies?

    Junto  a las pérdidas humanas y económicas, el huracán Irma ha tenido también graves consecuencias para la naturaleza.

  • 18/09/2017 - Materiales cuánticos

    Calor topológico

    Un trabajo analiza por primera vez el comportamiento de los aislantes topológicos en presencia de focos térmicos. Sorprendentemente, la aparición de un flujo de calor no parece arruinar la robustez de estos materiales.

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  • Investigación y Ciencia
  • Septiembre 2017Nº 492

Inteligencia artificial

Hacia una inteligencia artificial más humana

Las máquinas están empezando a incorporar lo que sabemos acerca de la manera en que los niños aprenden sobre el mundo.

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Si uno pasa mucho tiempo con niños, terminará preguntándose cómo es posible que estos jóvenes seres humanos sean capaces de aprender tantas cosas con tanta rapidez. Los filósofos, ya desde la época de Platón, se han planteado la misma cuestión, pero nunca han hallado una respuesta satisfactoria. Mi nieto de cinco años, Augie, sabe de plantas, animales y relojes, por no hablar de dinosaurios y naves espaciales. También entiende lo que otras personas desean y la manera en que piensan y sienten. Y sabe usar todo ese conocimiento para clasificar cuanto ve y oye y realizar predicciones. Por ejemplo, hace poco declaró que una especie de titanosaurio recién descubierta y que se exhibe en el Museo de Historia Natural de Nueva York se alimentaba de plantas, por lo que en realidad el animal no daba tanto miedo.

Sin embargo, los estímulos que Augie recibe del entorno se reducen a una corriente de fotones que inciden sobre la retina y a perturbaciones del aire en contacto con los tímpanos. De algún modo, el ordenador neural que se esconde tras sus ojos azules se las ingenia para procesar la limitada información que captan sus sentidos y usarla para efectuar predicciones sobre titanosaurios herbívoros. Una pregunta persistente es si los ordenadores electrónicos pueden hacer lo mismo.

Durante los últimos quince años, los teóricos de la computación y los psicólogos han tratado de hallar una respuesta a dicha cuestión. Los niños adquieren una inmensa cantidad de conocimientos con una pequeña aportación por parte de padres y profesores. A pesar de los enormes progresos efectuados en inteligencia artificial (IA), ni siquiera los ordenadores más potentes pueden igualar aún la capacidad de aprendizaje de un niño de cinco años.

Descifrar el funcionamiento del cerebro infantil y crear luego una versión digital que opere con idéntica eficacia supondrá un desafío para los científicos computacionales durante los próximos decenios. Pero, mientras tanto, ya están comenzando a desarrollarse las primeras máquinas que integran parte de lo que sabemos acerca de cómo aprendemos los humanos.

Dos enfoques
Tras un primer estallido de entusiasmo en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, con el tiempo la IA comenzó a languidecer. En los últimos años, sin embargo, varios avances de primer orden, sobre todo en el campo del aprendizaje automático, han vuelto a poner a la IA en el primer plano tecnológico. Como consecuencia, han surgido multitud de predicciones, tanto utópicas como apocalípticas, acerca de sus implicaciones. De manera bastante literal, se ha llegado a presagiar desde la inmortalidad hasta el fin del mundo, y mucho se ha escrito sobre ambas posibilidades.

Sospecho que los adelantos en IA conducen a sentimientos tan intensos debido a nuestro arraigado temor a todo aquello que sea casi humano. La idea de que puedan existir criaturas capaces de salvar la brecha entre lo humano y lo artificial ha resultado siempre profundamente perturbadora, desde el gólem medieval y el monstruo de Frankenstein hasta Ava, la femme fatale robótica de la película Ex machina.

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