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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2013Nº 439

Ecología

El bosque mediterráneo ante el cambio global

Las alteraciones ambientales que experimenta nuestro planeta afectan a las comunidades forestales, pero estas también responden e interactúan con los factores del cambio global.

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El sol seca sin compasión el suelo y las plantas que se aferran a él en las laderas del Parque Natural del Garraf, en Cataluña. Curiosamente, todos los arbustos de la zona soportan por igual la escasez de agua, incluso los que se hallan sometidos a un esfuerzo extraordinario. Marc Estiarte, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), lleva años investigando la resistencia de las plantas a la sequía a través de un simple mecanismo de privación de lluvia en un área de estudio dentro de este matorral costero mediterráneo. Realiza el experimento con coronillas, brezos de invierno, romero y lentiscos. Sin embargo, hasta ahora el crecimiento de las plantas desprovistas de agua no parece verse tan afectado como se esperaba, en comparación con el de las que sí reciben la escasa lluvia. También en el Parque Nacional de Doñana, en Andalucía, recientes observaciones realizadas por investigadores del CREAF señalan la poderosa capacidad de regeneración de las comunidades arbustivas tras eventos de mortandad provocados por la sequía de 2007. Las plantas mediterráneas parecen, pues, evolutivamente preparadas para resistir condiciones climatológicas extremas... aunque no de forma ilimitada.

El Mediterráneo es uno de los puntos del planeta donde el clima está cambiando de manera más pronunciada. Se predice que las temperaturas ascenderán entre 3 y 5oC en la península ibérica, especialmente las estivales, pero también aumentará la variabilidad entre años, lo que conllevará un mayor riesgo de olas de calor. Se espera también un descenso de hasta el 30 por ciento de la precipitación, acompañado por una mayor frecuencia de sequías veraniegas. Sin embargo, en otras estaciones pueden aumentar los eventos de precipitación extrema.

Se sabe que el cambio climático está modificando la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas. Está provocando una disminución del crecimiento de los árboles y una defoliación de sus copas, y está alterando los flujos de agua y carbono, la fenología de plantas y animales, e incluso procesos clave del suelo, como la descomposición de la materia orgánica. Pero también se ha observado el efecto contrario: los ecosistemas alteran el clima a escala local y regional, o simplemente resisten mejor de lo que se creía al progresivo aumento de la temperatura y a las irregularidades en la precipitación.

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