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  • Octubre 2017Nº 493

Informe especial Ciudades sostenibles

Sostenibilidad

Urbanismo sostenible

Las ciudades podrían mejorar la vida de sus habitantes y la salud del planeta si contasen con una gestión adecuada de los recursos energéticos, hídricos, alimentarios y minerales.

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Las ciudades albergan a más de la mitad de la población mundial y ejercen una creciente presión sobre la Tierra. Producen hasta un 70 por ciento de las emisiones mundiales de CO2, consumen ingentes cantidades de agua, degradan la calidad de este recurso y generan montañas de residuos. Su destino determinará la evolución del planeta. Los núcleos urbanos se están expandiendo con rapidez: según la ONU, hacia 2030 las ciudades albergarán 5.000 millones de personas, la mitad de las cuales pasarán sus días en hogares, escuelas, lugares de trabajo y parques que aún no existen.

Hacer las ciudades tan sostenibles como sea posible supone un enorme reto. Pero se trata de un desafío estimulante, ya que las urbes desempeñan un papel clave en la tarea de aportar soluciones para hacer más sostenible nuestro planeta. Constituyen motores de innovación y espíritu emprendedor. Las redes de municipios están demostrando la importancia de los ayuntamientos a la hora de aunar fuerzas, establecer objetivos ambientales y ejercer su liderazgo a escala mundial. Desde megalópolis hasta ciudades de tamaño medio, alcaldes, concejales, inversores, economistas y planificadores están respondiendo ante la urgente necesidad de rediseñar desde cero los elementos básicos de unas ciudades que crecen con rapidez. La manera en que se replantee el paisaje urbano y se planifique su crecimiento repercutirá profundamente en el futuro de todas las formas de vida de la Tierra.

Numerosas urbes están dando pasos significativos para reducir la contaminación del aire y el agua; se están volviendo «menos malas». Por sí sola, sin embargo, la eficiencia no bastará para encaminarnos hacia un futuro positivo. Si las ciudades lograran ser eficientes y al mismo tiempo «mejores» —por ejemplo, convirtiendo los residuos en abonos para la producción alimentaria— podrían llevarnos hacia el futuro que queremos, en lugar de limitarse a reducir los impactos de lo que no deseamos. Se trata de ser mejor, no solo menos malo.

UNA CLARA FUENTE de inspiración para refundar las ciudades y su relación con el entorno procede de la manera en que opera el mundo natural. En esencia, este funciona gracias a la energía del sol, la cual interacciona con la geoquímica del planeta para mantener unos sistemas biológicos productivos y con capacidad de regeneración. Los sistemas humanos que se rijan por las mismas leyes podrán aproximarse a la eficiencia de los sistemas naturales. Tales leyes se reducen a tres principios clave: equiparar residuos con alimentos, aprovechar al máximo la energía solar y rendir homenaje a la diversidad.

Los desechos no existen en la naturaleza, ya que cada organismo contribuye a la salud del conjunto. Los frutos caen de los árboles y se descomponen en forma de alimento para otros seres vivos. Las bacterias y los hongos se alimentan de los residuos orgánicos de los árboles y de los animales que ingieren sus frutos. Como resultado, depositan en el suelo nutrientes que los árboles, a su vez, aprovechan para crecer. Los restos de unos organismos se convierten así en el alimento de otros. Los nutrientes fluyen en ciclos regenerativos «de cuna a cuna»: nacimiento, descomposición y renacimiento. Los residuos equivalen a alimentos.

Hoy en día nuestras ciudades están diseñadas para un flujo lineal. Los nutrientes biológicos, como los alimentos y la madera, y los técnicos, como metales y plásticos, entran por un extremo y, una vez usados, se desechan por el otro. Después de haber cribado algunos residuos reciclables, como los metales, el papel y ciertos plásticos, el resto se dirige a vertederos e incineradoras. El proceso consiste en tomar, hacer y tirar. Pero, así como hemos rediseñado ciertos artículos de consumo para ser desmontados, reciclados o reutilizados, también podemos planificar las ciudades según un flujo circular similar: tomar, hacer, retomar, rehacer, reponer.

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