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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2013Nº 445

Antropología

¿Se halla la cultura en los genes?

La sociobiología, disciplina surgida en Estados Unidos en la década de los setenta del siglo XX, afirma que conductas humanas como la violencia o el altruismo se hallan controladas por genes. La idea ha suscitado, y todavía lo hace hoy, fuertes críticas.

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El pasado 22 de febrero, el antropólogo estadounidense Marshall Sahlins anunció su dimisión de la Academia Americana de Ciencias debido a la elección, en la misma institución, de otro antropólogo, Napoleon Chagnon. Sahlins siempre se ha opuesto a las tesis de este autor de superventas, especialista en los yanomamö de la Amazonía. Al propio tiempo, Chagnon publicaba un nuevo libro titulado Noble savages («Nobles salvajes»)​​, en el que volvía a las tesis provocadoras que lo hicieron famoso, haciéndose pasar por víctima de críticas injustas por parte de la «feroz tribu de los antropólogos». Se desató entonces un vivo debate entre los antropólogos estadounidenses. De hecho, este argumento ad hominem esconde sobre todo un importante reto científico: el reconocimiento académico de una corriente controvertida aparecida en los años setenta, la sociobiología, que trata de explicar la cultura por los genes y que tiene en Chagnon a uno de sus líderes actuales [véase «Napoleon Chagnon: Un antropólogo controvertido», por Kate Wong; Investigación y Ciencia, mayo de 2001].

En los medios de comunicación estadounidenses, Chagnon se mueve fácilmente como un moderno Indiana Jones que se ha enfrentado a los peligros de la selva amazónica para escribir una monografía, Yanomamö: The fierce people («Los yanomamö: Un pueblo fiero», 1968), con un millón de ejemplares vendidos. En el ámbito científico, son sus ideas sociobiológicas las que provocan discordia: ¿justificarían la guerra por la biología? En 1988, en la revista Science describió que entre los yanomamö, cualquier hombre que hubiese matado a otro hombre (cualquier unokai) tendría una ventaja adaptativa sobre los no unokai. Chagnon intenta establecer que la violencia corresponde a un elemento de adaptación para la especie humana, un carácter genético seleccionado a lo largo de la evolución. Según él, hay dos tipos de competencia entre individuos: una somática (que depende de la capacidad física individual para sobrevivir) y otra reproductiva (relacionada con la descendencia engendrada). Un unokai saldría vencedor en ambos terrenos: en el somático, él y su núcleo familiar son menos atacados por otros, debido al efecto disuasorio que produce su ferocidad aparente; en el reproductivo, el unokai genera de promedio tres veces más hijos que los que nunca han matado (4,91 hijos frente a 1,59).

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