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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 1987Nº 124

Historia de la ciencia

Galileo y el fantasma de Bruno

Venerados a menudo como "mártires" de la ciencia, lo cierto es que la astronomía era, en Bruno, un medio para la política y la teología. Galileo fue procesado en parte porque sus objetivos se confundieron con los de aquél.

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En 1633 Galileo Galilei fue llevado ante la Inquisición y acusado de enseñar que la Tierra se movía. El proceso que vino a continuación comprometió la autoridad de la Iglesia Católica en una disputa científica y teológica con el científico más importante del momento. Como es bien sabido, Galileo fue obligado a retractarse públicamente de sus convicciones por haber defendido la imagen copernicana del universo, posición que había sido condenada en 1616 como «falsa y contraria a la Sagrada Escritura». El incidente está considerado en la actualidad por todo el mundo como un acontecimiento decisivo en el nacimiento de la ciencia moderna.

En 1600, fresco todavía en la memoria en el momento del proceso de Galileo, Giordano Bruno había encontrado la muerte a manos de la Inquisición. Bruno era también un copernicano famoso, pero la pena que se le impuso fue mucho más severa: fue quemado en la hoguera. Las trayectorias y las persecuciones de Galileo y Bruno han quedado unidas en dos clases de mitos que tienden a confundir las figuras de ambos por procedimientos curiosamente opuestos. Según el primer mito, los dos habrían desafiado a una Iglesia Católica ignorante y oscurantista apelando al espíritu moderno de libertad y ambos habrían sufrido el martirio por su causa. En este contexto Bruno, aparecía como una especie de proto-Galileo o quizá como un Galileo fallido. Era un proto-Galileo porque él también habría abrazado el sistema copernicano y había sufrido una versión extrema de la suerte de Galileo. Era un Galileo fallido porque, al carecer de la capacidad y el genio científico de Galileo, había recurrido a un misticismo especulativo. Este mito, al igual que ocurre con otros muchos, contiene un núcleo de verdad, pero la documentación histórica nos proporciona una narración mucho más rica y elaborada.

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