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  • Investigación y Ciencia
  • Julio 2016Nº 478

Agricultura

Una cura para el suelo de África

La ínfima calidad del suelo devasta enormes áreas de África. Plantar árboles y arbustos perennes entre los cultivos permite regenerarlo y, al mismo tiempo, aumentar las cosechas.

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Mariko Majoni, agricultor de Malawi, ha cambiado radicalmente su forma de cultivar la tierra. Al igual que muchos minifundistas africanos, no podía permitirse adquirir abonos, por lo que con los años sus cosechas de maíz mermaron de forma considerable. Cuando se enteró de la existencia de «árboles-abono», que captan nitrógeno de la atmósfera, repartió plantones entre sus hileras de maíz. Al cabo de seis años, la cosecha era diez veces mayor, producía lo suficiente para su familia y un excedente para vender. Al principio sus vecinos creyeron que se había vuelto loco, pero ahora muchos han adoptado los mismos procedimientos.

En buena parte del África subsahariana las temperaturas son cálidas, y los días, largos y soleados. Las plantas cultivadas tendrían que crecer bien allí, pero los agricultores se las ven y se las desean para lograrlo, aunque empleen abonos sintéticos. Las cosechas de maíz consiguen, de media, una tonelada por hectárea, apenas la décima parte de lo que obtienen los productores del Medio Oeste estadounidense. La razón es simple: gran parte del suelo al sur del Sáhara carece de la materia orgánica y de los nutrientes que necesitan las plantas. Limitarse a añadir abonos sintéticos no siempre basta para aumentar el rendimiento, y en algunos casos puede incluso dañar el suelo aún más. La degradación del terreno continúa a ritmos alarmantes, lo que ha provocado que unas cosechas que ya eran pobres se estanquen o rindan aún menos.

La situación es preocupante porque, de los 800 millones de personas desnutridas del mundo, unos 220 millones viven en la región subsahariana. Su población, de unos 1000 millones de personas, se habrá duplicado en 2050 y se verá muy afectada por el cambio climático. Si el suelo no mejora, el hambre aumentará.

En principio, la solución está clara: habría que reconstruir los suelos con materia vegetal y animal descompuesta. Estas sustancias orgánicas añaden nitrógeno y carbono, contribuyen a retener el agua y nutren los microorganismos que mantienen productiva la tierra. En la práctica, sin embargo, los problemas abundan. La mayoría de los agricultores no puede generar o comprar suficientes residuos de cosechas, compost o estiércol animal para reconstruir la tierra. Y la restauración ha de hacerse mientras se sigue cosechando, pues las familias no pueden permitirse dejar de plantar mientras se regeneran sus tierras.

La solución adoptada por Majoni pertenece a una serie de técnicas conocidas como perennación, las cuales podrían inducir un gran cambio en África. Se basan en renovar los suelos haciendo crecer árboles, arbustos o hierbas perennes entre las plantas cultivadas o junto a ellas, lo que aumenta el rendimiento de los cultivos y mejora la sostenibilidad a largo plazo de la producción de alimentos. Las plantas perennes proporcionan carbono y nitrógeno al suelo, ayudan a retener el agua, reducen la erosión, combaten las plagas y aumentan la absorción de abonos por las plantas cultivadas. Las técnicas funcionan bien con los métodos modernos, como la agricultura sin labranza o la agricultura ecológica, así como con los cultivares actuales creados para aumentar la tolerancia a la sequía y la resistencia a las enfermedades y las plagas. Además, las plantas perennes pueden proporcionar a los campesinos pienso para el ganado y madera como combustible.

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