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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2017Nº 485

Biología

Insectos que convierten a otros en zombis

Mediante la inyección de un veneno neurotóxico, una pequeña avispa se apodera de la mente y voluntad de una cucaracha para ofrecerla como alimento vivo a su descendencia.

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No sé si las cucarachas sueñan, pero si lo hacen, imagino que la avispa esmeralda interpreta un papel destacado en sus pesadillas. Estas pequeñas y solitarias avispas tropicales no nos preocupan demasiado a los humanos; después de todo, no nos manipulan para que nos entreguemos voluntariamente para servir de alimento a sus crías, como hacen con las desprevenidas cucarachas. Parece casi de película de terror. De hecho, la avispa esmeralda y otras especies similares inspiraron los espantosos cuerpos reventados de la saga cinematográfica Alien. La historia es simple pero grotesca: la avispa hembra controla la mente de la cucaracha con la que alimenta a su descendencia, privándole del sentimiento de miedo o del deseo de escapar de su destino. Pero, a diferencia de lo que vemos en la gran pantalla, no es un virus incurable el que convierte a una cucaracha sana en zombi. Se trata de veneno. Y no uno cualquiera, sino uno específico que actúa como una droga en el cerebro de la cucaracha.

El cerebro está formado, en esencia, por neuronas. Da igual que hablemos del cerebro humano o del de los insectos. Existen potencialmente millones de compuestos que pueden activar o inactivar las neuronas. Así que no debería sorprender que algunos venenos tengan como objetivo el protegido sistema nervioso central, que incluye nuestro cerebro. Algunos se abren camino a través de barreras fisiológicas desde regiones de inyección remotas, recorriendo todo el cuerpo y traspasando la barrera hematoencefálica para alcanzar la mente de sus víctimas. Otros se introducen directamente en el cerebro, como ocurre con la avispa esmeralda y su anfitriona la cucaracha.

Creación de un zombi
Las avispas esmeralda representan un ejemplo tan bello como aterrador de las numerosas propiedades de los compuestos neurotóxicos, más allá de su poder paralizante. La avispa, cuyo tamaño suele ser solo una fracción del de su víctima, comienza el ataque desde arriba. Se abalanza sobre la cucaracha y se agarra a ella con la boca mientras dirige su «aguijón» (un órgano modificado para poner huevos llamado ovopositor) hacia el centro del cuerpo (el tórax entre el primer par de patas). Esta rápida inyección dura tan solo unos segundos, y el veneno actúa pronto, paralizando a la cucaracha temporalmente de modo que la avispa pueda dirigir su siguiente picadura con más precisión. Mediante su largo aguijón, introduce el veneno que controla la mente en dos zonas de los ganglios (el equivalente a un cerebro en los insectos).

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