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  • Junio 2017Nº 489
Panorama

Paleontología

Crustáceos acuáticos en ámbar de Chiapas

Los fósiles de Campo La Granja, en el centro de la región, ayudan a conocer los ecosistemas tropicales de la zona hace 23 millones de años.

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El ámbar mexicano de la región de Chiapas, al sureste de México, es mundialmente conocido por su belleza y calidad. En las minas Campo La Granja, en la parte central de esta región, existe un yacimiento de ámbar del Mioceno muy importante por sus inclusiones biológicas, que corresponden a fragmentos o partes enteras de plantas o animales que quedaron atrapados y fosilizados en él.

Nuestro grupo ha estado estudiando estos fósiles peculiares y ha observado una mezcla única de artrópodos de agua dulce, de agua salobre y terrestres que nos permite entender cómo eran los ecosistemas tropicales y subtropicales antiguos de esta zona. Entre los artrópodos destacan, por su abundancia y diversidad, pequeños crustáceos de aguas salobres, así como insectos costeros. Ambos grupos son poco comunes en los depósitos de ámbar del mundo, ya que la mayor parte solo incluye insectos, arácnidos y, en pocas ocasiones, vertebrados. La variedad de fauna que hemos descubierto refuerza las interpretaciones previas sobre la existencia de un paleoambiente de manglar cerca de la antigua costa del Golfo de México.

Formación del ámbar
En el Mioceno, hace 23 millones de años, en lo que es ahora la porción central del estado de Chiapas existía un complejo de lagunas y esteros que recibían aporte de ríos provenientes de las tierras altas del sur. Al igual que en la mayoría de los actuales sistemas estuarinos, las mareas desempeñaban un papel importante en el aporte de sedimento y el nivel del agua en las planicies de inundación. Estas aguas acarreaban periódicamente organismos acuáticos salobres y microscópicos representados principalmente por crustáceos, entre ellos ostrácodos, copépodos, anfípodos, isópodos parásitos, tanaidáceos y decápodos (cangrejos), además de insectos típicos de zonas costeras.

La intensa actividad volcánica provocaba incendios en las diversas comunidades vegetales que se desarrollaban a las orillas de los esteros. Como defensa, las plantas segregaban grandes cantidades de resina que corrían sobre sus troncos hasta la base de las plantas del estero. Algunas de estas plantas correspondían a especies de un género aún viviente llamado Hymenea. La resina se mantenía fluida en tanto el pequeño cuerpo de agua no se secara, pero una vez sin agua, la resina se solidificaba y en ella quedaba atrapado algún crustáceo. Una nueva capa de resina cubría nuevamente al organismo y volvía a solidificarse. Este tipo de formación en capas se conoce como ámbar estratificado y se caracteriza por contener también una gran cantidad de arena acarreada por las mareas.

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