Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Mente y Cerebro
  • Septiembre/Octubre 2017Nº 86

Neurociencia

En el cerebro de un matemático

El cerebro de un matemático profesional se enfrenta a las ecuaciones de manera diferente que el de las personas menos dadas al cálculo. ¿Es posible saber a través de neuroimágenes si un niño posee un talento especial para los números?.

Menear

Grigori Perelman está considerado uno de los matemáticos más grandes de nuestros tiempos. En 2002 consiguió superar un reto que todavía no había logrado nadie: demostró la conjetura de Poincaré. Casi un siglo antes, en 1904, el matemático y físico francés Henri Poincaré (1854-1912) presentó la hipótesis que lleva su apellido, aunque no la pudo demostrar. Tan difícil era que el Instituto Matemático Clay de Cambridge, en EE.UU., la incluyó entre los Siete Problemas Matemáticos del Milenio. También ofrecía una recompensa de un millón de dólares a quien la resolviera. Esa persona fue Perelman, pero declinó el premio [véase «Las formas del espacio», por Graham P. Collins; Investigación y Ciencia, octubre de 2004].

La conjetura de Poincaré trata sobre las llamadas variedades tridimensionales. Este término se refiere a hipersuperficies abstractas inmersas en un entorno que ha de tener al menos cuatro dimensiones. No se preocupe usted si al leer estas líneas ha sentido vértigo por no entender nada: incluso una detenida explicación de la hipótesis de Poincaré superaría la imaginación de la mayoría de los mortales. Ni siquiera los matemáticos profesionales pueden visualizar estos objetos. Solo dando rodeos logran describirlos con ayuda de fórmulas matemáticas.

¿Por qué algunas personas consiguen entender complejos conceptos matemáticos afrontándolos como si de un juego se tratara mientras que otras fracasan en cálculos tan simples como puede ser el rendimiento que produce un capital? En los últimos años, esta cuestión ocupa de manera creciente el interés de los neurólogos. Uno de sus objetivos reside en comprobar si las diferencias en el manejo de los números y las ecuaciones se refleja en el ámbito neuronal. ¿Es posible que el cerebro de algunas personas se halle mejor dotado en este aspecto?

En 2001, los investigadores intentaron desentrañar el misterio de las «calculadoras humanas». Estos individuos pueden resolver cálculos mentales, incluso muy complejos, de forma extraordinariamente rápida. Para dilucidar qué ocurre en su cerebro, el equipo dirigido por Mauro Pesenti, de la Universidad Católica de Lovaina, invitó a Rüdiger Gamm, un calculador mental alemán, al laboratorio. Los investigadores examinaron su actividad cerebral mediante tomografía por emisión de positrones mientras resolvía una serie de multiplicaciones. A continuación, compararon los resultados con los de personas con una capacidad matemática media (también habían registrado su actividad cerebral mientras resolvían ecuaciones). Descubrieron que, además de la extraordinaria aptitud para el cálculo, Gamm poseía una memoria admirable que le permitía recordar, por ejemplo, miles de cifras del número pi. Esta característica parece la diferencia decisiva en su velocidad de cálculo.

Puede conseguir el artículo en:

Artículo individual

Artículos relacionados

BOLETÍN ACTUALIDAD¿Quieres estar al día de la actualidad científica? Recibe el nuevo boletín de actualidad con nuestros mejores contenidos semanales gratuitos (noticias y posts). Si lo deseas también puedes personalizar tu suscripción. BOLETÍN ACTUALIDAD¿Quieres estar al día de la actualidad científica? ¡Recibe el nuevo boletín de contenidos gratuitos! Ver más boletines.