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  • Mente y Cerebro
  • Septiembre/Octubre 2017Nº 86
Avances

Audición

La genética influye en la codificación del habla

La precisión con la que el sistema auditivo procesa las palabras depende del genotipo para el transportador de serotonina.

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Los estímulos sonoros que escuchamos durante los primeros meses de vida no solo van a condicionar el lenguaje que luego acabaremos dominando como nuestra lengua materna, sino también nuestro desarrollo cognitivo e, incluso, la forma en que este se irá deteriorando durante el envejecimiento. En un estudio con voluntarios sanos y publicado en Journal of Neuroscience hemos hallado los factores genéticos que podrían influir en toda esta experiencia.

Es bien sabido que las primeras vivencias del recién nacido en su ambiente lingüístico y acústico en general desempeñan un papel importante en la adquisición del lenguaje y en la forma en que más adelante estructura cognitivamente su mundo. Así, el sistema cognitivo de los niños que se crían en un entorno bilingüe desarrolla ciertas capacidades relativas al control de la atención superiores a las de los monolingües [véase «El cerebro bilingüe», por Albert Costa, Mireia Hernández y Cristina Baus; Mente y Cerebro n.º 71, 2015]. Pero, más allá de estos efectos que se pueden observar directamente en la conducta del sujeto, una línea de investigación muy prolija desarrollada por la investigadora Nina Kraus, de la Universidad Noroccidental en Evanston, demuestra que la experiencia con el sonido (lingüístico o musical) deja una huella profunda en el sistema auditivo.

El trabajo de Kraus se basa en el registro, mediante electroencefalografía, de un potencial evocado auditivo del tronco cerebral: el llamado potencial de seguimiento de frecuencia (PSF). Esta respuesta neuroeléctrica ante un estímulo sonoro captura, con gran fidelidad, la precisión con la que el sistema auditivo procesa las componentes periódicas del sonido en el circuito córtico-subcortical, que comprende desde el colículo inferior (en el tronco encefálico) hasta la corteza cerebral. Por ello, el PSF puede utilizarse como correlato neurobiológico de la codificación de los sonidos del habla en el circuito córtico-subcortical que ha ido esculpiéndose plásticamente como fruto de la experiencia acumulada a lo largo de la vida a partir de la interacción con el entorno acústico. Pero, según hemos hallado, no solo la experiencia influye en la codificación auditiva de los sonidos lingüísticos; también ciertos factores genéticos contribuyen a ello.

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