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  • Septiembre/Octubre 2017Nº 86
Retrospectiva

Psicología

Los hallazgos de la ­psicología del trabajo

El estudio de la conducta humana en el ámbito laboral y de las organizaciones cuenta con una historia relativamente reciente, pero intensa. Los enfoques dentro de esta disciplina se han ido transformando en consonancia con los cambios sociales, tecnológicos y culturales.

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Todos hemos reflexionado en algún momento acerca de cuánto tiempo dedicamos al trabajo. De hecho, este influye considerablemente en la vida de las personas. No solo ahora, también en épocas pasadas. Desde principios del siglo xx, la psicología se ha preocupado en resolver cuestiones como las condiciones laborales de los trabajadores, la relación entre los empleados y la empresa, y cómo aumentar el sentimiento de bienestar y reducir el estado de estrés de los empleados, entre otros temas. Pero ¿cómo surgió esta disciplina?

El psicólogo y filósofo Hugo Münsterberg (1863-1916) destaca como fundador de la psicología del trabajo y de las organizaciones (PTO). Ya en 1912 describía en su libro Psicología y vida económica cómo podía moldearse el trabajo, el modo de motivar a los empleados y la manera de seleccionar al personal sirviéndose de fundamentos científicos. También desarrolló las primeras pruebas de aptitud profesional, las cuales iban dirigidas a conductores de tranvía.

Sin embargo, la PTO aún tardaría un tiempo en establecerse como rama de investigación formal. Fue en los años ochenta del siglo pasado. Desde entonces, esta disciplina se imparte en las universidades.

Un ámbito importante de la vida

Una sociedad funcional necesita trabajadores, ya que estos se ocupan de los enfermos, educan a los niños, rehabilitan casas y producen alimentos. Por supuesto, el trabajo remunerado también contribuye a que las personas puedan vivir de manera autónoma. Al mismo tiempo aporta al individuo ganancias no materiales, puesto que la actividad profesional fomenta el desarrollo de su personalidad, lo capacita en competencias especializadas y favorece el contacto social. Asimismo, confiere identidad y reporta reconocimiento y valoración. En pocas palabras, contribuye en buena medida a la salud y al bie­nestar de las personas.

Las primeras investigaciones dentro de la disciplina como tal mostraron que los empleados satisfechos con su trabajo vivían más tiempo y eran más felices. Se sabe también que la mayoría de los mortales no puede imaginar una vida sin tener que ganarse el sustento, incluso a pesar de ser financieramente autosuficientes. En un estudio longitudinal realizado a gran escala entre 1980 y 2006, un promedio de dos tercios de los estadounidenses encuestados afirmaban que seguirían trabajando aunque ganasen grandes cantidades de dinero en la lotería.

Los psicólogos del trabajo han estudiado esta cuestión en numerosos países y han comprobado que las personas conceden un papel decisivo a la actividad remunerada en diversas culturas. A pesar de que a mucha gente le gustaría cambiar algún aspecto de sus condiciones laborales, solo una minoría es capaz de imaginarse la vida sin trabajar. Por ello no extraña que estar desempleado ejerza un efecto negativo sobre la condición psicológica y la satisfacción vital de los humanos [véase «Psicología del paro», por Alois Wacker; Mente y Cerebro n.º 21, 2006]. El trabajo estructura nuestra vida cada día, cada semana e incluso a lo largo de muchas décadas.

El trabajo en equipo, secreto del éxito

En los años setenta se introdujo el trabajo en equipo en las empresas con el objetivo de organizar mejor la actividad en la industria y dentro de un marco de programas dirigidos a «humanizar» la vida laboral. Sin embargo, al principio las compañías apenas se mostraron convencidas de la utilidad de esta manera de trabajar y demandaban argumentos que hablaran en favor de la eficiencia de esta medida.

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