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  • Septiembre/Octubre 2017Nº 86

Cronobiología

Relojes internos desajustados

Todas las células del organismo disponen de un temporizador que, a su vez, se halla gobernado por un reloj cerebral central. Muchas personas presentan alteraciones en este refinado mecanismo, circunstancia que perjudica su salud, sueño y bienestar.

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«Si consiguiera dormir de un tirón.» Hace años que Pedro, de 75 años, se despierta por las noches. Suele ser en torno a las cuatro de la madrugada. Y ya no logra volverse a dormir. Para no molestar a su esposa, que continúa durmiendo plácidamente, se desliza al salón, donde lee un libro hasta que despuntan los rayos de sol anunciándole que ha llegado la hora de preparar el desayuno. Qué lejos han quedado aquellos días en los que dormía a pierna suelta.

Muchas personas de edad avanzada experimentan los mismos problemas que Pedro. Durante el día se encuentran menos activos que antes y por la noche no consiguen descansar de un tirón. Su sueño nocturno se interrumpe o fragmenta. También perciben que su ritmo diario se ha adelantado. Se levantan de la cama mucho más temprano que hace unos años y les resulta casi imposible mantenerse despiertos mientras ven el telediario de las nueve de la noche. Pero no solo los mayores y jubilados sufren alteraciones del sueño. También muchos adultos en activo se encuentran en la misma situación: les cuesta caer en los brazos de Morfeo, sobre todo si trabajan en turno de noche. Los jóvenes, en cambio, pueden mantenerse completamente despiertos hasta altas horas de la madrugada; aunque, a la mañana siguiente, el cansancio les invade.

¿Por qué las noches reparadoras resultan un bien escaso para muchas personas? Si hablamos de mamíferos, el principal responsable de la regulación del ciclo sueño-vigilia es el llamado reloj biológico interno o circadiano. Pero, en rigor, no existe un único reloj: nuestro cuerpo alberga innumerables temporizadores circadianos. Los relojes moleculares alojados en distintos centros de nuestro cerebro determinan en qué momento, durante cuánto tiempo y con qué profundidad dormimos.

Un reloj para cada célula
Es probable que cada una de nuestras células (alrededor de cien billones) albergue su propio mecanismo de relojería, que, en función del cometido del tejido, activa y desactiva los programas biológicos adecuados de manera coordinada a lo largo del día. Así, los relojes de nuestros hepatocitos se encargan de que obtengamos de los alimentos la energía necesaria durante todo el día. En cambio, por la noche se activan programas regenerativos y el metabolismo entra en una fase de reposo.

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