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Actualidad científica

  • 21/09/2017 - Evolución humana

    ¿Cuántos neandertales había?

    La arqueología y la genética han dado respuestas muy diferentes a esa pregunta. Un nuevo estudio las reconcilia y descubre la historia de aquella antigua gente, en la que rozaron alguna vez, mucho antes de la definitiva, la extinción.

  • 20/09/2017 - BIOLOGÍA REPRODUCTIVA

    Macrófagos testiculares, guardianes de la fertilidad masculina

    Responsables de eliminar los patógenos de nuestro organismo, estas células moderan también la respuesta inmunitaria para evitar la destrucción de los espermatozoides.

  • 19/09/2017 - Zoología

    ¿Ha extinguido Irma especies?

    Junto  a las pérdidas humanas y económicas, el huracán Irma ha tenido también graves consecuencias para la naturaleza.

  • 18/09/2017 - Materiales cuánticos

    Calor topológico

    Un trabajo analiza por primera vez el comportamiento de los aislantes topológicos en presencia de focos térmicos. Sorprendentemente, la aparición de un flujo de calor no parece arruinar la robustez de estos materiales.

  • 17/09/2017 - Sismología

    Una misteriosa sacudida detectada tras la prueba nuclear norcoreana desconcierta a los sismólogos

    Una segunda liberación de energía sísmica, observada solo unos minutos después de la detonación del 3 de septiembre, sigue confundiendo a los investigadores.

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  • Septiembre/Octubre 2017Nº 86
Libros

Reseña

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Un cirujano para la eternidad

Biografía del progresista radical que dio nombre a la enfermedad de Parkinson.

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The enlightened Mr. Parkinson:
The pioneering life of a forgotten English surgeon

Por cherry lewis, Icon, 2017

La llamada enfermedad de Parkinson es, entre las patologías neurodegenerativas, la segunda en morbilidad. Seis millones de personas la padecen. Pero ¿quién era Parkinson? Cherry Lewis, historiador de la geología, nos acerca en su nuevo y espléndido libro a una figura fascinante y polifacética de la Ilustración: un cirujano y apotecario de curiosidad intelectual insaciable, activista político y socialmente comprometido. Su nombre, James Parkinson (1755-1824).

El libro The enlightened Mr. Parkinson nos presenta a un hombre que participó en empresas tan diversas como la fundación de la Sociedad Geológica de Londres o el presunto atentado para asesinar a Jorge III mediante un dardo envenenado, complot conocido como Popgun Plot (se habría utilizado una escopeta de aire comprimido). Tal vez el logro más extraordinario de Parkinson haya sido la monografía Un ensayo sobre la parálisis agitante de 1817, que ofrecía la primera descripción exhaustiva del trastorno que mucho después habría de llevar su nombre. La senda que le llevó a este descubrimiento histórico fue larga y sinuosa, como Lewis hace ver.

Parkinson pasó casi toda su vida en la misma casa, en el distrito de Hoxton, en el East End londinense. En ella ejerció la medicina, primero con su padre, y después con un hijo suyo; una empresa que abarcó al menos cuatro generaciones. Durante su aprendizaje, que duró siete años, aprendió a preparar medicamentos, a diagnosticar enfermedades y a purgar, sangrar y poner ventosas a sus pacientes, en su mayoría de clase media baja, aunque también algún que otro rico. Pasó después seis meses como ayudante de cirugía en el que es ahora el Hospital Royal de Londres.

Como Lewis explica, durante la vida de Parkinson, los campos abiertos de Hoxton desaparecieron bajo factorías y bloques de viviendas al ir ganando fuerza la revolución industrial. El agua y el aire londinenses quedaron sumamente contaminados; el apiñamiento de la población creó condiciones ideales para la propagación de enfermedades, entre ellas, la tuberculosis. Los fuegos en espacios abiertos, los trabajos manuales peligrosos y las ropas combustibles provocaban a menudo quemaduras, hernias, fracturas o laceraciones. Es muy posible que las desgracias que Parkinson presenciaba en sus rondas —a menudo, sufriendo gota— espoleasen su despertar político y social.

Eran tiempos turbulentos, marcados por la guerra de los siete años, la de independencia norteamericana y las Guerras Napoleónicas. Los impuestos necesarios para pagar estas aventuras militares agravaron la agitación social, influida por la Revolución francesa de 1789. Parkinson se volvió cada vez más radical, abogó por el sufragio universal (entonces solo tenía derecho a voto alrededor de un 2 por ciento de la población), por la reforma del Parlamento, la educación de los pobres y el debate sin restricciones en asuntos de política y de religión. En 1792 ingresó en la Sociedad Correspondiente de Londres, que hacía campaña para la reforma parlamentaria y promovía que todos los hombres tuvieran representación. Parkinson adquirió destreza en los medios de comunicación de su tiempo y publicó artículos en revistas, panfletos y periódicos, a menudo, bajo el pseudónimo Old Hubert.

En 1794, ya radicalizado, se vio implicado en el complot Popgun Plot. Al parecer, se trató de una conspiración «a la carta» tramada por las autoridades para justificar la legislación restrictiva. Parkinson, reclamado para ser interrogado, admitió haber escrito soflamas e incluso panfletos sediciosos, pero no llegó a ser arrestado. No está claro cómo salió libre.

A continuación, orientó sus talentos a escribir libros de geología y de asesoría clínica general. De joven, siendo apotecario, había asistido a las lecciones de anatomía del famoso cirujano John Hunter, quien, al igual que muchos médicos, coleccionaba fósiles y aconsejaba su estudio. Parkinson comenzó su propia colección. En 1807 fue invitado a unirse a personajes de mentalidad afín, entre ellos el químico Humphrey Davy y el médico William Babington, que fundaron juntamente la Sociedad Geológica de Londres. En sus esfuerzos por conciliar la autoridad bíblica con los registros fósiles, que sugerían la existencia de vida animal centenares de miles de años antes de aparecer la humanidad. Parkinson abrazó la teoría del naturalista suizo Jean-André de Luc, cuya historia geológica constituía una secuencia de siete vastos períodos, cada uno para cada día de la Creación.

En sus trabajos médicos, Parkinson demostró su compromiso por la justicia social. En su libro Medical admonitions, de 1799, trataba de ayudar a las familias pobres a reconocer enfermedades y a que supieran cuándo convenía recurrir a consultas médicas de pago. En los años siguientes, versiones abreviadas, más económicas, encontraron un mercado receptivo en una clase obrera cada vez más letrada. Parkinson se implicó en problemas de sanidad local a finales del siglo xviii, como el trabajo infantil, los manicomios y la vacunación. Sus investigaciones sobre las situaciones horrorosas que sufrían los niños indigentes, que trabajaban en las fábricas, trajeron mejoras de carácter local treinta años antes de que se promulgase legislación nacional.

Fue también uno de los primeros que ofreció en Londres vacunas contra la viruela (le regaló un microscopio de disección a su amigo Edward Jenner, pionero en el procedimiento). Aunque con menor éxito, también prestó servicio como asistente médico en un manicomio privado. En 1810 se vio implicado, durante un juicio, en un notorio y falso testimonio para confinar a una mujer cuerda, por lo que fue muy criticado. Esa experiencia se plasmó en un libro al año siguiente: Mad-houses: Observations on the act for regulating mad-houses. Muchas de sus propuestas para el tratamiento humanitario y la protección legal de los enfermos mentales fueron finalmente incorporadas a la ley de salud mental Lunacy Act, de 1845.

Dada la amplitud de intereses, pasiones y actividades de Parkinson, tal vez resulte un poco sorprendente que su nombre sobreviva gracias a un ensayo, cortésmente recibido en su tiempo, pero apenas difundido. Su exposición de los signos y síntomas de la enfermedad sigue siendo ejemplar, si bien poco pudo Parkinson proponer en cuanto a sus causas o terapias. Más de medio siglo después, el gran neurólogo francés Jean-Martin Charcot acuñó la expresión maladie de Parkinson, y el ensayo empezó a ganar un público más amplio. Confío en que el libro de Lewis haga otro tanto para su autor.

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