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  • Mente y Cerebro
  • Enero/Febrero 2016Nº 76

Filosofía

La consciencia: ¿solo un montón de neuronas?

Ni un dios, ni un alma inmortal, ni tampoco un espíritu. Nuestra consciencia depende únicamente del cerebro. Esta reivindicación de algunos neurobiólogos despierta polémica y plantea ciertas preguntas.

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Resulta maravilloso contemplar un arcoíris que luce con sus vivos colores en un cielo despejado tras unas horas de constante lluvia. Parece como si pudieramos pasear por su lomo colorido. Pero, según aprendimos en el colegio, este fascinante fenómeno de la naturaleza se debe a que los componentes espectrales de los rayos del sol se separan al atravesar las diminutas gotas de agua. Es decir, pura física.

Los investigadores traducen fenómenos multifacéticos en teorías que explican con conceptos básicos los datos observados. No obstante, aplicar esta manera de proceder a la mente humana despierta con frecuencia un pequeño y tóxico fantasma que propone enunciados como «x no es sino y». Por esta razón, el filósofo Donald Davidson (1917-2003) sugirió para la mente el enunciado de «no es sino un reflejo».

La mente «no es sino» el producto de la actividad neuronal; el amor «no es sino» una secuencia de reacciones neurofisiológicas, y el yo «no es sino» un espejismo. Este fantasma importuna de forma regular tanto a los investigadores como a los que popularizan la ciencia con agudas expresiones y la promesa de que los conocimientos neurocientíficos revolucionarán la visión del mundo occidental. Los críticos refutan estas afirmaciones por arrogantes. La ciencia nunca podrá reducir al ser humano a meros impulsos neuronales. Pero ¿qué se esconde detrás del término reduccionismo?

«Esa es más bien una pregunta técnica y vacía», indica el filósofo Thomas Metzinger, de la Universidad de Maguncia. «En las reacciones contundentes a las explicaciones reduccionistas se reconoce un interés por otros asuntos, como por ejemplo, la pregunta de si existe un alma inmaterial.» Según Metzinger, ningún investigador serio quiere negar a las personas ciertos aspectos de su ser. Describir el amor como la liberación de ciertos neurotransmisores químicos y la puesta en marcha de unos determinados patrones de actividad neuronal no acaba con él. Después de todo, tampoco se estropea el disfrute de un concierto cuando se sabe que los sonidos consisten en vibraciones del aire.

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