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  • Mayo/Junio 2014Nº 66
Encefaloscopio

Desarrollo infantil

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Gestos para reforzar el vocabulario

Ademanes y miradas pueden contribuir a que los niños aprendan palabras, con independencia de lo que conversen el padre y la madre con ellos.

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Los niños que poseen un amplio vocabulario se desenvuelven mejor en la escuela y, más tarde, en el mundo laboral. Cuánto les hablen sus padres desempeña una función de primer orden, pero investigaciones recientes apuntan a que no es solo la cantidad, sino también la calidad de la aportación familiar lo que cuenta. Gestos explicativos y miradas intencionadas pueden facilitar a los hijos la comprensión de ciertos conceptos.

En un estudio publicado en junio de 2013 en PNAS, Erica Cartmill, de la Universidad de Chicago, y su equipo grabaron vídeos de padres que, en casa, leían cuentos a sus hijos, de entre 14 y 18 meses de edad, o jugaban con ellos. De estas interacciones se extrajeron cientos de grabaciones mudas, de 40 segundos de duración cada una. Otro grupo de participantes visionó las filmaciones. Por los gestos y pistas que mostraban las escenas, trataron de adivinar qué sustantivos pronunciaban los padres en distintos momentos de las secuencias. Los investigadores se valieron de la proporción de aciertos de estos adultos para valorar el éxito de los progenitores para aclarar el significado de alguna palabra mediante indicaciones gestuales (señalar objetos o mirar en su dirección, entre otros).

Los investigadores hallaron que la calidad de las señales no verbales de los padres permitía pronosticar la extensión del vocabulario de los niños al cabo de tres años. La posición socioeconómica no afectaba a la calidad de esa gesticulación. Este resultado sugiere que las diferencias de vocabulario infantil, que es sabido que están en relación con la renta familiar, son consecuencia de lo mucho o poco que los padres les hablen a sus niños, lo que depende de sus ingresos, más que de la mímica que les ofrezcan durante esas interacciones.

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