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  • Noviembre/Diciembre 2015Nº 75
Encefaloscopio

Sueño

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La salud mental del adolescente padece si no duerme lo bastante

Cada hora menos de sueño nocturno eleva los riesgos de depresión.

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Son muchos los estudios que han examinado los diferentes efectos de no dormir lo suficiente. En un nuevo trabajo, publicado en febrero pasado en Journal of Youth and Adolescence, se adopta un enfoque más matizado, pues se propone determinar el coste que les supone a los adolescentes cada hora menos de sueño nocturno.

Los investigadores exploraron una muestra de 27.939 estudiantes de secundaria de barrios residenciales de Virginia. Según los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU., los adolescente necesitan, en promedio, dormir nueve horas por la noche, pero solo un 3 por ciento declaraba dormir tanto; un 20 por ciento de los encuestados decía dormir cinco horas o menos. La media, según estos informes subjetivos, era de 6,5 horas de lunes a viernes. Tras tener en cuenta variables ambientales, como la renta o el estatus familiar, los investigadores determinaron que a cada hora de sueño perdida se asociaba una probabilidad un 38 por ciento mayor de sentirse triste y sin esperanza, un 42 por ciento más de pensamientos suicidas, e incrementos del 58 y el 23 por ciento, respectivamente, de tentativas de suicidio y de abuso de sustancias.

Estos hallazgos no son de carácter causal, sino correlacional, es decir, no demuestran que los déficits en sueño sean responsables de estos problemas. De hecho, muy bien pudiera ocurrir lo contrario, pues la depresión y la angustia se acompañan de insomnio. «Pero la mayoría de los datos obtenidos en investigaciones respaldan que el sentido causa-efecto va de la falta de sueño a los trastornos, y no al contrario», explica Adam Winsler, coautor del estudio y profesor de psicología en la Universidad George Mason. Los déficits en sueño merman la función cerebral y perturban todavía más regiones donde tropiezan incluso los adolescentes bien descansados: la función ejecutiva, el control de sí mismos y la prudencia en sus juicios.

«Los padres, los educadores y los terapeutas tienen que prestar atención al papel del sueño en la prevención de enfermedades mentales en la juventud», opina Winsler. «Probablemente su efecto sea más acusado que la mayoría de las terapias y medicaciones.»

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