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  • Septiembre/Octubre 2013Nº 62
Encefaloscopio

Neurología

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Plaguicidas y párkinson

Ciertos compuestos foráneos pueden impedir que el cerebro elimine sus propios detritus.

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En los diez últimos años, numerosos estudios han señalado a los plaguicidas agrícolas como una posible causa de la enfermedad de Parkinson, una patología neurodegenerativa que deteriora la función motora y aflige a millones de personas. Hasta ahora, sin embargo, apenas se entreveía cómo dichos compuestos lesionan el cerebro. Un estudio ofrece una posible respuesta: los pesticidas pudieran inhibir una ruta bioquímica que normalmente protege a las neuronas dopaminérgicas, células cerebrales que la enfermedad ataca de manera selectiva. Asimismo, una investigación preliminar indica que esta vía desempeña un rol en el párkinson, incluso sin participación de plaguicidas, lo que sugiere una nueva e interesante diana para el desarrollo de fármacos.

Trabajos anteriores habían demostrado que el benomilo —plaguicida del que todavía quedan rastros, pese a estar prohibido en EE.UU. desde 2001, por su posible nocividad— inhibe la actividad de la aldehído-deshidrogenasa (ALDH) en el hígado. Investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), del Instituto de Tecnología de California y del Centro Médico de Veteranos del Gran Los Ángeles conjeturaron que dicho producto podría afectar también a la concentración de ALDH en el cerebro. La función de la ALDH es descomponer el dihidroxifenilacetaldehído (DOPAL), un compuesto tóxico natural, y hacerlo inocuo.

Para averiguarlo, primero expusieron al benomilo diversos tipos de células cerebrales humanas; luego, hicieron lo mismo con peces cebra (Danio rerio) vivos. El benomilo «mató a casi la mitad de las neuronas dopaminérgicas, dejando intactas a todas las demás neuronas ensayadas», según el autor principal, Jeff Bronstein, de UCLA. Cuando se centraron en las células afectadas, confirmaron que el benomilo inhibía la actividad de la ALDH, lo que, a su vez, promovía la acumulación de DOPAL. Es de señalar que cuando los científicos redujeron la concentración de DOPAL mediante una técnica diferente, el benomilo no lesionaba las neuronas dopaminérgicas. Este descubrimiento sugiere que el plaguicida mata de manera selectiva a estas neuronas porque permite que se vaya acumulando DOPAL.

Dado que otros pesticidas inhiben asimismo la actividad de la ALDH, Bronstein conjetura que esta ruta podría contribuir a explicar el vínculo entre el párkinson y los plaguicidas en general. Más todavía: se ha determinado una elevada actividad de DOPAL en el cerebro de pacientes de párkinson que no habían sufrido una gran exposición a plaguicidas, por lo que es posible que esta cascada bioquímica intervenga en el proceso, con independencia de su causa. De ser así, fármacos capaces de limpiar o bloquear el DOPAL en el cerebro podrían dar paso a prometedores tratamientos del párkinson.

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