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  • Enero/Febrero 2017Nº 82

Psicología social

¿Nos transforma el poder?

Quienes logran ocupar un cargo máximo, ya sea en el ámbito político o empresarial, suelen convertirse en otra persona.

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El presidente turco Recep Tayyip Erdoğan ha experimentado una ascensión vertiginosa en el mundo político. Procedente de una familia de inmigrantes georgianos, de niño vendía rosquillas de sésamo en el barrio portuario de Estambul. Quería ser futbolista. O predicador. Sin embargo, su destino ha sido otro: en 1994 fue elegido alcalde de Estambul. Nueve años después, en 2003, se le nombró presidente del Gobierno de Turquía. Los votantes confiaron en el hijo de un pobre navegante costero; Erdoğan era «uno de ellos».

Cuando en 2013 se produjeron las protestas contra el proyecto de construcción en el parque Gezi de Estambul, el Estado reaccionó con una violencia desmedida: utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua para disgregar a los manifestantes. El mismo año, saltó sobre el presidente un escándalo de corrupción en el que se hallaban implicados ministros de su Gobierno. Ante la sospecha de que se trataba de un complot, Erdoğan mandó arrestar a policías y funcionarios públicos.

Desde entonces se inmiscuye en la justicia una y otra vez con el fin de acallar a sus adversarios, censura Internet y amenaza a la prensa. Al mismo tiempo, aspira a reformar el sistema político para aumentar su dominio.

Su estilo de gobierno es la viva imagen de una persona sedienta de poder y ególatra que ha perdido el sentido de la política. Comenzó su mandato como reformista decidido: abolió la pena de muerte, respaldó la libertad de opinión e intentó mejorar la situación de la minoría kurda. ¿Qué le ha cambiado desde entonces? «Es el propio poder», hubiera respondido el historiador John Dalberg-Acton (1834-1902), quien acuñó a finales del siglo xix la expresión «el poder corrompe; el poder absoluto lo corrompe absolutamente todo».

Numerosos escándalos políticos de los últimos años están relacionados con el poder y su abuso. Sea la banca, el Tribunal Constitucional o la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), dondequiera que las autoridades carecen de control, el nepotismo y la corrupción campan a sus anchas. El poder se encuentra allí donde las personas se relacionan: en la política, en la empresa, entre los amigos y en la pareja. El filósofo y matemático británico Bertrand Russell (1872-1970) afirmó en una ocasión que, para los sociólogos, el poder posee un valor muy similar al de la energía para la física. Consideraba que constituía el impulso básico del comportamiento humano.

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