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  • Marzo/Abril 2017Nº 83

Neurología

Los efectos del virus del Zika

Al principio, tan solo existía una vaga sospecha. Desde 2016, el virus del Zika se considera causante de graves ­malformaciones cerebrales en los fetos humanos.

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Cuando Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se dirigió el 1 de febrero de 2016 a la prensa, el mundo fue testigo de un suceso único en la historia de la medicina. El virus del Zika se había extendido de una manera explosiva en el continente americano: en Brasil habían nacido muchos niños con una cabeza de tamaño reducido (microcefalia). Dadas las circunstancias, la responsable de la OMS decidió declarar un estado global de emergencia para la salud pública. Ante las preguntas del auditorio, Chan tuvo que admitir que su organización sospechaba de la existencia de una relación causal entre la aparición masiva del zika y las malformaciones cerebrales graves en los niños, por más que, hasta ese momento, no contara con ninguna prueba científica que validara esa asociación. Incluso existían dudas fundadas sobre su plausibilidad.

El virus fue descubierto, a finales de los años cuarenta del siglo xx, en macacos de la India del bosque de Zika (Uganda). Durante mucho tiempo se consideró inofensivo. En los últimos decenios se fue extendiendo desde África Central hasta el Pacífico, a través del sudeste de Asia. Solo en dos ocasiones produjo oleadas de infección importantes: en 2007 en Micronesia y en 2013 en la Polinesia Francesa. La inmensa mayoría de estas infecciones cursaron de forma totalmente asintomática: únicamente un 20 por ciento de los afectados experimentó formas leves de erupción, cefalea, artromialgias, conjuntivitis y fiebre.

Hasta entonces, nadie podía imaginar que el incremento de malformaciones fetales en Brasil guardara relación con el virus del Zika. Tampoco los demás miembros de la familia Flaviviridae, a la que pertenece este virus, habían resultado teratógenos. Con este trasfondo resultaba perfectamente admisible que el aumento simultáneo de infecciones por zika en adultos y microcefalias en fetos y recién nacidos se atribuyera al azar. Otras posibles causas, fueran ambientales o medicamentosas, resultaban más convincentes. Según argumentaban numerosos investigadores, la hipótesis del zika resultaba poco probable, pues son escasos los virus conocidos que atraviesan la barrera hematoplacentaria y alcanzan el feto a través de la sangre materna. Las infecciones cerebrales de los nonatos ocurren rara vez y, en ocasiones, obedecen al virus de la rubéola. La microcefalia también es uno de sus síntomas.

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