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  • Marzo/Abril 2017Nº 83
Avances

Neurología

Nuevas claves sobre la estimulación cerebral profunda en el párkinson

La electroterapia ayuda a tratar los síntomas de la enfermedad de ­Parkinson. Pero ¿por qué? ¿Se puede aplicar de distintas formas? El misterio se está empezando a resolver.

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En los últimos decenios, la comunidad médica ha abrazado la estimulación cerebral profunda (ECP) como un tratamiento adecuado para la enfermedad de Parkinson. «El procedimiento es muy seguro y eficaz», sostiene el sevillano Andrés Lozano, de la Universidad de Toronto. Según estima este neurocirujano, cada año reciben tratamiento mediante ECP unas 10.000 personas con párkinson de todo el mundo. Los pacientes con implantes de este tipo ya suman en torno a los 140.000.

A grandes rasgos, el método consiste en lo siguiente: en el cerebro del afectado se implantan electrodos de un milímetro de grosor y dirigidos a una diana que mide menos que un grano de maíz. Estos minúsculos objetivos se han determinado previamente a partir de neuroimágenes. Una vez implantados, los electrodos suministran un flujo leve de descargas al núcleo subtalámico, las cuales consiguen controlar los síntomas motores debilitantes de la enfermedad. Pero pese a que este método ha demostrado que puede ayudar a las personas con párkinson, poco se sabe sobre cómo restaura la normalidad funcional en la circuitería motora del cerebro. Poco a poco, los investigadores avanzan en este terreno; también proponen nuevas versiones de esta electroterapia para tratar los síntomas parkinsonianos.

Ruptor del circuito motor

La mayor incógnita reside, posiblemente, en el modo en que la enfermedad de Parkinson altera el funcionamiento en los circuitos cerebrales. Casi todas las investigaciones sobre la neurofisiología de esta dolencia se han centrado en el circuito motor del cerebro: los ganglios basales, el tálamo y la región de la corteza cerebral que gobierna el movimiento. A medida que avanza el trastorno, se van muriendo las neuronas alojadas en los ganglios basales que producen dopamina y, como consecuencia, la funcionalidad del circuito motor se atrofia. «La dopamina desempeña el papel principal para determinar las reglas de la actividad neuronal. Si se carece de su influencia, las neuronas alteran su conducta y se activan siguiendo un patrón patológico», describe Lozano.

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