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Actualidad científica

  • Mente y Cerebro
  • Enero/Febrero 2006Nº 16

Evolución

Ilusiones sensoriales y evolución biológica

Las personas se dejan engañar una y otra vez por las ilusiones sensoriales. ¿Y los animales? También. ¿Por qué no han desaparecido estos "errores del sistema" del aparato de percepción en el transcurso de la evolución?
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Si paseamos de noche por el bosque comprobaremos con qué torpeza nos desenvolvemos en su oscuridad. ¿No es una figura humana eso que se ve ahí delante? Parecen los perfiles de una cabeza con un tronco flexionado... Pero en cuanto las nubes se alejan y dejan el claro de luna, la aparición se disipa y el inquietante vagabundo resulta ser un arbusto meciéndose.
¿Es posible que nuestra fantasía nos haya jugado una mala pasada? Estas ilusiones perceptivas no constituyen ninguna rareza. Contemplemos ahora las manchas dibujadas en esta página. Seguro que el lector habrá reconocido ya el dálmata, aunque falten muchos de sus contornos y pudiera tratarse también de una mera acumulación casual de borrones negros. Al parecer, nuestro cerebro puede dar cierto sentido incluso a informaciones visuales muy poco nítidas. Estos procesos discurren de manera involuntaria, como lo refleja el "triángulo de Kanizsa", así denominado en honor de Gaetano Kanizsa (1913-1993), psicólogo de la Gestalt. En este caso contemplamos, querámoslo o no, el contorno de un triángulo blanco, que suponemos más claro pese a que el fondo tiene exactamente la misma intensidad y color.

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