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Actualidad científica

  • Mente y Cerebro
  • Noviembre/Diciembre 2013Nº 63
Libros

Reseña

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Psicología cognitiva

Presentación actualizada y exhaustiva de la disciplina.

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THE OXFORD HANDBOOK OF COGNITIVE PSYCHOLOGY
Dirigido por Daniel Reisberg. Oxford University Press, Oxford, 2013.

La psicología cognitiva ha venido madurando en el último medio siglo y muestra hoy un espléndido desarrollo con nuevas teorías sólidamente asentadas y herramientas de investigación. Faltaba un mapa de carreteras para orientarse, al tiempo que obtener una visión de conjunto. A esa demanda responde con creces el manual de Oxford. Iniciaron el cambio de rumbo Perception and Communication de Donald Broadbent y A Study of Thinking de Jerry Bruner, publicadas en 1958 y 1956, respectivamente. Con todo, el libro que atrajo a muchos hacia el campo fue Cognitive Psychology, de Dick Neisser, aparecido en 1967. El crecimiento subsiguiente se encauzó a través de numerosas revistas especializadas y otras generalistas que incluían artículos de la disciplina.

La obra cubre los capítulos fundamentales de la cognición en psicología: percepción, atención, memoria, conceptos y representación del conocimiento, lenguaje, emoción y cognición, juicio, resolución de problemas o diferencias individuales. Se abordan también el control de acciones complejas y el contexto social, cultural y de desarrollo de la cognición. Los autores consagrados se mezclan con nuevas plumas; el texto conjuga textos magistrales con escritos de investigación más específicos. El camino se inicia con nuestra capacidad para obtener información sensorial, visual, del mundo: cómo organizamos la información que nos suministra la visión, desde el reconocimiento de un familiar entre la muchedumbre hasta nuestra percepción de los sucesos complejos del mundo real.

Las personas perciben objetos y actúan en consonancia. Pero hay que organizar esa información en unidades coherentes. Los procesos de organización perceptiva se subclasifican entre procesos de agrupación y procesos de segregación. La agrupación indica los procesos en cuya virtud los elementos visuales se conjugan en un todo perceptivo. La segregación remite a los procesos en cuya virtud ese todo se reparte en objetos separados. Agrupación y segregación son procesos muy complejos, condicionados por factores dispares y fundados en la imagen (objetivos), en la experiencia del pasado y la atención (subjetivos). Tales factores se combinan, compiten y operan.

A finales del siglo xix, el estructuralismo dominante atribuía la organización perceptiva a experiencias del pasado. Sus defensores proponían que las partes del campo visual que se habían agrupado o segmentado en experiencias previas se agruparan y segmentaran también en la vivencia presente. Pero una explicación fundada solo en la experiencia del pasado no da cuenta del fenómeno, según señalaron ya los psicólogos de la Gestalt, a comienzos del siglo xx; demostraron que podía haber segregación y agrupación sin la información de la memoria o de experiencias anteriores; la segregación y la agrupación operaban antes de acceder a la memoria y al contenido conceptual. De acuerdo con la tesis hoy imperante, habría un proceso interactivo de la organización perceptiva; esto es, las representaciones y procesos de alto nivel y las representaciones y procesos de bajo nivel interaccionarían para producir la organización perceptiva. En ello intervendrían factores múltiples, basados en la imagen.

Los humanos desarrollan un cerebro poderoso y grande. Aproximadamente la mitad del mismo, si no más, se halla implicada en el procesamiento de la información visual. No resulta, pues, llamativo que el hombre haya adquirido una capacidad extraordinaria en el reconocimiento visual de objetos, un proceso fundamental que sirve de puerta de entrada desde la visión hasta procesos cognitivos, tales como categorización, lenguaje y razonamiento. Las representaciones visuales que nos permiten reconocer objetos trascienden la mera recepción de lo que estamos mirando. Sirve también de base para el razonamiento visual e inferencia visual. Los enfoques dominantes en la conceptualización del reconocimiento de objetos en humanos son los planteamientos basados en la visión y los basados en la descripción estructural. De acuerdo con la tesis de la visión, nosotros representamos mentalmente objetos de las coordenadas de sus rasgos visibles bidimensionales. De acuerdo con la tesis de la descripción estructural, representamos objetos en términos de las relaciones espaciales entre sus partes (volumétricas).

En particular, las personas discriminan y reconocen miles de caras sin mayor dificultad, pese a su semejanza en cuanto a pautas visuales se refiere. Todas las caras comparten una configuración de primer orden de rasgos, con un par de ojos en posición horizontal por encima de la nariz, sobre la boca y enmarcados en una cabeza ovalada. Para complicar las cosas, la misma cara proyecta numerosas imágenes retinianas, debidas a movimientos faciales internos y cambios en la perspectiva de la visión y en la iluminación. Nada obsta, sin embargo, para que acertamos a identificar un rostro familiar entre la muchedumbre, incluso tras muchos años de ausencia.Para reconocer una cara, hemos de representarnos aspectos y matices que la distingan de otros rostros. Averiguar cómo lo logramos constituye un punto fundamental para comprender dicho reconocimiento y un hito de la codificación holística.

El mundo visual contiene una enorme cantidad de información, pero la percepción y cognición humanas poseen una capacidad limitada. Solo un pequeño porcentaje de la información disponible puede ser procesada en cada momento dado. Una cognición visual eficiente exige, pues, una selección rigurosa de la información que sea la más pertinente para las necesidades del instante en cuestión. En todas las tareas visuales y visocognitivas, el control activo del movimiento de los ojos desempeña un importante papel. Los movimientos oculares no solo aseguran la captación de la información y su presentación a disposición del sistema cognitivo, sino que constituyen también una manifestación observable de la atención. Con ello, la medición de los movimientos oculares abre una ventana a la operación del sistema cognitivo a medida que se va desplegando en tiempo real.

Mientras estamos despiertos nos hallamos sometidos a una corriente, multimodal y en cambio continuo, de información. Para conferir sentido a esa avalancha y desenvolvernos en el mundo, necesitamos reducirla a piezas útiles. Cada pieza, o acontecimiento, es una unidad integrada de espacio y tiempo, dotada de comienzo, desarrollo y final. Los acontecimientos pueden ser ordinarios, como acudir a un restaurante o visitar al médico, o pueden ser extraordinarios, como graduarse en la universidad o recibir un premio. Pueden ser momentáneos (firma de un tratado) o extenderse en el tiempo (guerra). Pueden ser públicos o privados: de orden natural o de orden social. En los límites del acontecimiento convergen varios factores cognitivos y perceptivos. Son momentos en que se producen cambios importantes en la acción, cuando se cumplen fines y subfines o instantes en que la predicción se derrumba. Las unidades de los acontecimientos son paquetes para la percepción, comprensión, inferencia, predicción, imitación, aprendizaje y planificación.

Conferir sentido a los acontecimientos, pequeños o grandes, privados o públicos, naturales o sociales, resulta imprescindible para entender cómo funciona el mundo. Aunque constructos de la mente, los acontecimientos no son segmentos de la imaginación. Su segmentación en pares de acción-objeto constituye la etapa crucial en dicha comprensión. La percepción y comprensión de los pares de acción-objeto vienen mediadas por el sistema de neuronas espejo.

La ubicación desempeña un papel fundamental en la atención visual. Los experimentos que utilizan claves espaciales muestran que la información visual viene a menudo seleccionada por su localización. Esta atención espacial puede tomar la forma de gradiente y menguar con la distancia del centro. En la mayoría de las circunstancias, un sistema perceptivo no puede procesar plenamente toda la información procedente de un punto o zona. Junto a la atención espacial se habla además de atención dividida, atención sostenida, atención centrada, atención visual, atención mental, etcétera. Los fallos en la atención, por su parte, derivan de diversas lesiones cerebrales. Existen trastornos de la atención espacial, trastornos específicos de la memoria operativa y trastornos de la atención dividida y sostenida asociados a la enfermedad de Alzheimer; existen fallos de la atención focalizada asociados con lesiones cerebrales en el córtex prefrontal, por citar algunos modos.

Otros temas de interés general en psicología de la cognición son el del automatismo y el de los procesos inconscientes. El término automatismo puede predicarse de un proceso o un comportamiento. Hablamos de procesos inconscientes en sentido estricto, cuando se ejecutan de manera automática en respuesta a determinados estímulos. Algunos contenidos mentales —perceptos, memorias y similares— son inconscientes en el sentido de que resultan inaccesibles a la consciencia fenoménica y, sin embargo, afectan a la experiencia, pensamiento y acción. Las pruebas sólidas de este aspecto de la vida mental inconsciente viene aportado por disociaciones entre memoria y percepción explícita (consciente) y memoria implícita (inconsciente). Sabido es que la idea del inconsciente fue propuesta por Freud, si bien había sido expresada mucho antes por Leibniz, Kant y Helmholtz, entre otros muchos. Tras el período obscuro del conductismo funcional, la revolución cognitiva en psicología promovió la recuperación de la vida mental consciente e inconsciente. Sin embargo, la actual consideración de la mente inconsciente debe muy poco a Freud. Lo que obliga a preguntarse cuál sea el distintivo de lo mental. Franz Brentano sostenía que la intencionalidad constituía el distintivo de lo mental. Todos los estados mentales son de naturaleza intencional. Dicho de otro modo, todos los estados mentales son representacionales.

Como es lógico, habría que hablar de la memoria, recuérdese, por ejemplo, que la memoria episódica constituye uno de los aspectos más sobresalientes de la experiencia consciente. De los conceptos y categorías mentales. O de la importancia justa de las emociones en la cognición. A esas cuestiones dedica la obra apartados propios.

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