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  • Julio/Agosto 2013Nº 61
Encefaloscopio

Neurología

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Células que le harán rascarse

Hallan neuronas específicas para el picor.

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¿Qué se esconde tras el picor? Se ha especulado que se trata de una manifestación leve de dolor, o tal vez de un funcionamiento anómalo de terminaciones nerviosas muy sensibles, enclavadas en un bucle de retroalimentación. Incluso se ha conjeturado que la comezón tiene un fuerte componente psicológico (piense por un momento en los piojos y verá lo que sucede). No obstante, un estudio reciente descarta dichas posibilidades: los investigadores han logrado aislar un tipo singular de neurona que nos provoca el picor. Y solo el picor.

Liang Ha y Xinzhong Dong, de la Universidad Johns Hopkins, y sus colaboradores determinaron que ciertas neuronas sensoriales con terminaciones nerviosas en la piel cuentan con un receptor proteínico peculiar, MrgprA3. A través del microscopio comprobaron que determinados compuestos que producen comezón provocaban que estas células nerviosas generasen señales eléctricas, mientras que estímulos dolorosos (el agua caliente o la capsaicina, potente sustancia de los pimientos picantes), no lo causaban.

Los autores del trabajo, publicado en Nature Neuroscience, se valieron de ingeniería genética para aniquilar de forma selectiva la población de neuronas MrgprA3 en ratones, a la par que dejaban intactas las demás células nerviosas sensoriales. Los roedores ya no se rascaban al exponerlos a sustancias picantes o alérgenos; además, su respuesta al tacto y a los estímulos que provocan dolor tampoco varió.

El comportamiento de los múridos confirmaba que las neuronas que contienen MrgprA3 resultan esenciales para la comezón. Aun así, no descartaba la posibilidad de que tales neuronas pudieran responder a otras sensaciones. Para averiguarlo, idearon un receptor que respondía a capsaicina inyectada en las neuronas MrgprA3, en un tipo de ratón que carecía del receptor de capsaicina en todas sus demás células. Solo las neuronas susceptibles a la capsaicina serían las neuronas MrgprA3. Si estas células fueran específicas para el efecto del picor, la inyección de capsaicina en un pequeño punto de la piel del animal debería provocar que se rascase en lugar de retorcerse de dolor. Eso fue exactamente lo que ocurrió.

«Nuestro estudio ha demostrado de forma experimental y por vez primera la existencia de nervios específicos para el picor», asegura Dong. El descubrimiento de que el picor es algo distinto del dolor, el tacto o la percepción de la temperatura debería facilitar el desarrollo de principios activos que bloqueen los receptores ­MrgprA3, lo que silenciaría la rabiosa picazón de las ortigas o de los eccemas sin afectar a ningún otro sentido.

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