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  • Abril/Junio 2017Nº 88

Espacio

En busca del Planeta X

En los confines del sistema solar podría esconderse un planeta mayor que la Tierra.

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Algo muy extraño parece estar ocurriendo más allá de Plutón. Los astrónomos saben desde hace más de dos décadas que este planeta enano no está solo en los confines del sistema solar: forma parte del cinturón de Kuiper, la extensa nube de cuerpos helados que se mueven más allá de Neptuno. Al igual que los planetas y los asteroides, los cuales orbitan entre Marte y Júpiter, la mayoría de los objetos del cinturón de Kuiper describen trayectorias más o menos circulares alrededor del Sol. Sin embargo, existe un pequeño grupo de ellos cuyas órbitas resultan ciertamente atípicas, mucho más alargadas de lo que cabría esperar.

Estos objetos anómalos —entre cuatro y una docena, dependiendo de quién cuente comparten otra peculiaridad orbital. Como ocurre con la mayoría de los objetos del cinturón de Kuiper (KBO, por sus siglas en inglés), sus trayectorias forman un ángulo con el plano en que se mueven los planetas: una parte del tiempo se elevan sobre él, luego lo atraviesan y después continúan por debajo. Pero, a diferencia de sus hermanos helados, estos objetos peculiares cruzan el plano de los planetas casi en el mismo momento en que más cerca se encuentran del Sol. O, usando un término que resulta arcano hasta para muchos astrónomos, tienen argumentos del perihelio muy similares.

«En circunstancias normales», explica Scott Sheppard, científico planetario de la Institución Carnegie para la Ciencia, «uno esperaría que los argumentos del perihelio se hubieran vuelto aleatorios en el transcurso de la historia del sistema solar». Que estos objetos terminasen con el mismo argumento del perihelio podría no ser más que una coincidencia: por pura casualidad, sucedería un pequeño porcentaje de las veces. La probabilidad es similar a la de lanzar una moneda y obtener diez caras seguidas. Poco habitual, pero ni mucho menos imposible.

Sin embargo, esas diez caras también podrían indicar que la moneda está trucada. Lo mismo ocurre con los KBO anómalos: tal vez haya algo que explique su extraña configuración. Y, según algunos expertos, la causa podría ser un enorme planeta oculto en los confines del sistema solar: una supertierra (nombre genérico que reciben los planetas con una masa de hasta diez veces la terrestre). También conocido como «Planeta X», si este mundo lejano existiese, orbitaría al menos diez veces más lejos del Sol que Neptuno. Se encontraría tan distante y brillaría tan poco que ningún telescopio lo habría detectado hasta la fecha, pero su considerable masa ejercería efectos gravitatorios sobre el resto del sistema solar. Ello podría explicar las extrañas órbitas de algunos cuerpos transneptunianos.

«Aún no tenemos pruebas concluyentes de que en esa zona exista un objeto de masa planetaria», señala Nathan Kaib, experto en formación de planetas que también trabaja en la Institución Carnegie, «pero está pasando algo muy curioso que no entendemos». De hecho, cada vez hay más astrónomos que dan crédito a la idea, antes ridiculizada, de que hay una supertierra entre nosotros: el Planeta X.

Como dice Kaib, las pruebas que apuntan a la existencia de un planeta oculto no son ni mucho menos irrefutables. Numerosos astrónomos siguen poniendo en duda la idea, e incluso quienes la consideran posible admiten que aún no están totalmente convencidos. La historia de la astronomía está llena de misteriosos planetas invisibles cuya existencia se infirió a partir de las peculiares órbitas de otros objetos. A veces fueron grandes descubrimientos; otras, falsas alarmas. Pero es posible que no conozcamos nuestro sistema solar tan bien como pensábamos. Si el Planeta X existe, será necesario reescribir por completo algunos capítulos clave de su historia.

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