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  • Julio/Septiembre 2016Nº 85

Microbiología

Guía para interpretar con escepticismo las investigaciones sobre el microbioma

Cinco cuestiones clave para no caer en el sensacionalismo científico.

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Los estudios acerca de las comunidades microbianas del cuerpo humano y de su influencia sobre la salud y la enfermedad han pasado de la oscuridad a la omnipresencia. A lo largo del último lustro, las investigaciones han vinculado nuestros colonos microscópicos con enfermedades tan variopintas como el autismo, el cáncer o la diabetes.

Todo ese revuelo ha inflamado la imaginación del público. «Somos nuestras bacterias», llegó a pregonar The New York Times en un titular de su blog Well. Algunos expertos se atreven a afirmar que los antibióticos están causando una «extinción» masiva del microbioma de nefastas consecuencias para la salud humana. Empresas privadas ofrecen análisis personalizados del contenido microbiano de las heces y prometen a los consumidores información esclarecedora, obviando el hecho de que análisis independientes de la misma muestra pueden arrojar diferencias notables. Se han llegado a proponer trasplantes de heces —unos más sensatos que otros— para tratar afecciones que van de la diabetes al alzhéimer. Y ante la proliferación en la red de «instrucciones de uso», se hace patente la urgencia de advertir a los pacientes desesperados del riesgo que entrañan esos procedimientos temerarios.

La microbiómica corre el riesgo de perecer ahogada en la ola de sensacionalismo que ella misma ha desatado. Jonathan Eisen, microbiólogo y bloguero de la Universidad de California en Davis, otorga premios por «ensalzar las virtudes del microbioma» y no anda escaso de dignos candidatos.

Las disciplinas «ómicas» que la preceden han vacilado a causa de trabajos turbios que han frenado los progresos. Los avances técnicos que han permitido catalogar proteínas, metabolitos, variantes genéticas y actividades de genes han generado un torrente de asociaciones entre estados moleculares y trastornos de la salud, pero la ingente labor que supone su estudio en profundidad ha enfriado el entusiasmo inicial. La mayoría de las conexiones iniciales han devenido falsas o, en el mejor de los casos, más complejas de lo que se pensó en un principio.

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