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  • Julio/Septiembre 2016Nº 85

Inmunología

La malnutrición favorece el desarrollo de bacterias nocivas

La ausencia de un único aminoácido en la dieta altera la comunidad microbiana y disminuye la inmunidad intestinal.

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La malnutrición aumenta la frecuencia y gravedad de infecciones gastrointestinales y afecciones diarreicas. Pese a que este efecto se observa desde hace décadas, hasta el momento no se conocía con detalle el mecanismo responsable del vínculo existente entre dieta e inmunodeficiencia. En la edición de julio de 2012 de la revista Nature, Tatsuo Hashimoto, de la Academia Austriaca de Ciencias y la Universidad de la ciudad de Yokohama, y sus colaboradores analizan la relación entre una dieta pobre en proteínas y la predisposición a padecer inflamación intestinal. Los autores revelan la existencia de una intrincada red en la que se hallan implicados el transporte de nutrientes, la ecología microbiana, las respuestas antimicrobianas y la inflamación.

El cuerpo sintetiza la mayor parte de los aminoácidos a partir de otros compuestos, pero los aminoácidos esenciales se obtienen de la dieta con la ayuda de proteínas transportadoras especializadas. El modelo de estudio escogido por Hashimoto fueron los ratones Ace2-/y, que carecen del gen que codifica la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2). En el intestino, esta enzima controla la función de la proteína transportadora B0AT1, que capta tan solo aminoácidos sin carga eléctrica. Los autores del estudio observaron que los animales sin ACE2 presentaban una baja concentración sanguínea de este tipo de aminoácidos esenciales, pero ninguna alteración aparente en la estructura del intestino. La sorpresa llegó cuando administraron a los ratones una sustancia irritante para determinar su sensibilidad a la inflamación intestinal: mientras que los animales normales mostraron solo una inflamación moderada, los que carecían de ACE2 resultaron ser mucho más vulnerables y presentaron diarreas más intensas y un mayor número de células inflamatorias. El resultado sorprendió porque la sustancia administrada induce inflamación en el intestino grueso y en ese lugar apenas se expresa la enzima ACE2 (lo hace sobre todo en el intestino delgado).

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