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  • Julio/Septiembre 2014Nº 77
Presentación

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Martin Gardner, el hombre que convirtió a miles de niños en matemáticos y a miles de matemáticos en niños

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Martin Gardner era aficionado a la ciencia desde niño. Pensaba estudiar física, pero, por una exigencia del sistema universitario estadounidense, para poder matricularse en el Instituto de Tecnología de California se le requerían dos años de otros estudios. Comenzó a estudiar filosofía... y terminó graduándose en esa disciplina.

Posteriormente trabajó en calidad de periodista en diferentes publicaciones, hasta que en 1956 comenzó una relación laboral estable con Scientific American, escribiendo en esa revista la sección «Juegos matemáticos» (también en ­Investigación y Ciencia desde sus inicios, en octubre de 1976). Su interés y formación multidisciplinares hicieron que los temas elegidos para su columna fueran apreciados tanto por matemáticos profesionales como por otros lectores. La clave de su secreto radicaba en la estupenda colaboración con matemáticos de primera línea; Gardner les consultaba hasta aclarar la cuestión, momento en que escribía lo que había sido capaz de comprender.

Gardner se guardaba, además, un as en la manga: su afición por la magia. Igual que es considerado gurú entre los matemáticos, también lo es entre los magos. Sabía cómo presentar un juego de magia: en sus artículos nos hace avanzar de modo que no perdamos el interés, hasta que llega el clímax, como si se tratara de un truco de ilusionismo.

De hecho, el inicio de esa colaboración con Scientific American se debió a su curiosidad por describir matemáticamente una extraña figura que vio a un mago neoyorquino. Siguiéndole la pista, descubrió que esta había sido ideada por un grupo de estudiantes de Princeton (encabezado por Arthur Stone, pero en el cual se incluía también Richard P. Feynman). Esas curiosas estructuras protagonizaron en 1956 su primer artículo, «Flexágonos», que Investigación y Ciencia publica por vez primera en este número especial de la colección Temas, dedicado a Gardner con motivo del centenario de su nacimiento [véase «Cien años con Martin Gardner», por Colm Mulcahy y Dana Richards; Investigación y Ciencia, octubre de 2014].

Otra columna se ha editado también especialmente para esta ocasión: nos referimos a «El juego de la vida», el artículo en el cual se describe el famoso juego de John H. Conway y que desempeñó un papel fundamental en la difusión del mismo. Hoy se presenta en casi todos los cursos de programación y sirve como ejemplo de creación y estudio de vida artificial. Año tras año siguen apareciendo publicaciones sobre este juego. No ha pasado de moda.

Además de incluir dos columnas inéditas, este monográfico destaca por otra novedad: para comodidad de los lectores, se han añadido al final de cada artículo las soluciones de los problemas propuestos (solían aparecer en la columna del mes siguiente).

En cuanto a la elección del resto de juegos matemáticos de este número especial, confieso que no ha sido tarea fácil, dadas la gran cantidad y variedad de temas que Gardner presentó en Investigación y Ciencia.

Cuando en 1977 se publicó «Comunicaciones secretas», nadie podía pensar que la Red y la telefonía móvil iban a estar extendidos hoy como lo están. Y mucho menos que podríamos firmar documentos digitalmente o acceder desde cualquier dispositivo a nuestra cuenta bancaria. Ello es posible gracias a los métodos de encriptación que se describen en este artículo y que dieron la fama a Ronald L. Rivest, Adi Shamir y Leonard M. Adleman, los tres profesores del Instituto de Tecnología de Massachussets creadores del sistema RSA.

Hemos incluido también «Un cuarto de siglo de matemáticas recreativas», el artículo especial que el propio Gardner elaboró en 1998 para recordar los temas fundamentales que había tratado en su columna y en el que presenta algunos juegos de magia matemática.

Asimismo, hemos procurado mostrar la relación de la matemática con otras disciplinas y rendir homenaje a las personas que con frecuencia aparecían en los artículos del «matemago», personas que entendían la matemática de una forma especial. Las referencias a estos científicos son continuas.

Encontraremos muchas veces a Conway, quien, después de protagonizar la columna sobre el juego de la vida, reaparece en «De números y juegos» por un libro sobre juegos de estrategia. Gardner cita también a Sir Roger Penrose al presentar en «Los embaldosados de Penrose» una teselación no periódica del plano. En «Arte y matemáticas» compara las esculturas del malagueño Miguel Berrocal con rompecabezas mecánicos. Y en «Adivinanzas lógicas» introduce a Raymond Smullyan, con quien compartía aficiones como el ajedrez o la magia.

Tampoco podía faltar en esta celebración el sucesor de Gardner, Douglas R. Hofstadter, que aparece en «Un eterno y grácil bucle» junto a su famoso libro Gödel, Escher, Bach. (Cuando a comienzos de los años ochenta Gardner dejó de escribir sus «Juegos matemáticos» mensualmente, para pasar a una colaboración más esporádica, Hofstadter tomó, en parte, el relevo con la creación de la sección «Temas metamágicos».)

En «Caligrafías, reinas y culebras», simetría y escritura se unen de manos del polifacético matemático Scott Kim, quien continúa realizando los logotipos del Gathering 4 Gardner, el encuentro que reúne cada dos años en Atlanta a aficionados al legado de Martin Gardner de todo el mundo.

En este homenaje no podíamos olvidarnos de «Ocho rompecabezas y un juego». Incluye el análisis de juegos clásicos, como el reversi, que hoy encontramos gratuitamente en tabletas y ordenadores (el artículo probablemente haya influido a los desarrolladores del juego).

Gardner destacó también por ser un activo defensor del escepticismo. Hemos querido recordarlo en «Falacias pseudocientíficas», donde presenta algunos juegos de magia que bien pueden camuflarse como «pruebas» de percepción extrasensorial por un profesional. Tristemente, en nuestros días están proliferando de nuevo las pseudociencias, debido al desconocimiento de la ciencia —y a perversos intereses comerciales.

Se preocupaba también por temas que afectaban directamente a los ciudadanos. Ello lo demuestran los artículos sobre el análisis del sistema electoral u otros de corte económico como «Políticas fiscales», sobre la curva de Laffer, de la que hemos oído hablar recientemente por la crisis económica que sufre nuestro país.

«Juegos enmarañados», el último artículo elegido para esta recopilación, corresponde al que puso fin a la colaboración de Gardner con Investigación y Ciencia. Además, en él participa también Hofstadter, quien aprovecha los comentarios a su última propuesta recreativa para despedirse de los lectores —también él se retiró entonces de su columna—. En la lista final, sobre la participación en la Lotería Seductora, encontramos una curiosidad: el número gúgol (del que Gardner había hablado previamente en Scientific American, en febrero de 1960, al tratar el problema de la secretaria). ¿A alguien le suena de dónde puede haber salido el nombre del famoso buscador?

Puede conseguir el artículo en:

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