Acostumbramos a representar al astrónomo como un personaje épico, observando a través de su telescopio, completamente solo en una noche fría y estrellada, con guantes de lana de dedos recortados y una buena taza de café al lado. De vez en cuando hace una fotografía, que más tarde revelará en su cuarto oscuro y del que saldrán los misterios del universo: la imagen de una galaxia muy lejana o bien un espectro de dicha galaxia, que le indicará que el universo no es un ente estático y silencioso, si no un mundo violento en expansión acelerada, con agujeros negros que devoran estrellas enteras, y galaxias que chocan unas con otras a velocidades de miles de kilómetros por segundo.

 

Esta descripción no se aparta mucho de la verdad para las observaciones astronómicas hechas hasta hace muy poco. Desde mediados de la década de los 80 del siglo pasado prácticamente todas las imágenes astronómicas se toman con detectores de silicio llamados Charged Coupled Devices (CCD), que son esencialmente circuitos integrados que responden a la luz creando una corriente, gracias al efecto fotoeléctrico. Estas imágenes se guardan como ceros y unos en un fichero y, a diferencia de las placas fotográficas basadas en emulsiones de plata, no  suelen degradarse. Hoy en día, desde los grandes telescopios en Tierra, a los satélites como el Hubble que orbitan alrededor de la misma, todos usan cámaras de CCDs en el plano focal de sus telescopios. Unas cámaras son más precisas que otras y, lo mismo que nuestras cámaras fotográficas de bolsillo, miden su resolución en términos del número de megapíxeles que poseen. Las cámaras más potentes actualmente tienen del órden de 1000 megapíxeles, como por ejemplo la Hyper Supreme Cam del telescopio japonés Subaru en Mauna Kea, Hawai.

 

Pero no todas las cámaras astronómicas modernas "ven" sólo la luz visible. Algunos detectores son sensibles a luz ultravioleta o infrarroja. De esta manera, empezamos a tener una visión del universo en múltiples bandas de frecuencia. Algunos satélites son capaces de ver los objetos astronómicos más conocidos en rayos X, e incluso en rayos gama o en microondas, y desde Tierra en radio, gracias a los radiotelescopios. Por ejemplo, aquí tenéis una visión en distintas frecuencias de la famosa nebulosa del Cangrejo (también conocida como Messier 1, NGC 1952, Taurus A y Taurus X-1), el resto de una explosión de supernova que fue observada por astrónomos chinos y árabes en el año 1054 de nuestra era.

 

En estos momentos se acumulan enormes cantidades de información sobre el universo cercano y lejano, en múltiples bandas de frecuencias, que necesitan ser almacenadas y catalogadas para que sean de utilidad a toda la comunidad científica, o sirvan de curiosidad y entretenimiento para el público en general. Algunos buscadores como Google Sky (un subproducto de Google Earth), permiten explorar esas imágenes in situ, sin más que pulsar el ratón sobre la imagen en la pantalla. Sin embargo, el mayor esfuerzo de inventariado y catalogación de imágenes astronómicas se ha hecho gracias al Observatorio Virtual Internacional.

El Observatorio Virtual Astronómico (VAO en sus siglas en inglés) surge en Estados Unidos alrededor del cambio de milenio para integrar a gran escala la ingente cantidad de datos astronómicos, así como las herramientas de análisis de dichos datos. Su intención es servir a toda la comunidad internacional y fue fundado por la NASA con la ayuda del National Science Foundation. Inmediatamente después surgieron Observatorios Virtuales en Europa, Japón, Rusia, Australia, etc. Hoy en día, todos los grandes telescopios y los más potentes satélites hacen públicos sus datos con enormes catálogos de miles de millones de estrellas y galaxias, la mayoría con imágenes en varias frecuencias, a través del Observatorio Virtual. Allí puede acceder la comunidad científica y descargar los catálogos y trabajar con ellos, gracias a herramientas eficientes de tratamiento de datos a su disposición en los VAO correspondientes. Esto está permitiendo una revolución en cuanto al acceso a la información astronómica y es responsable de un ritmo de descubrimientos hasta ahora impensable. Su objetivo es dar acceso electrónico global a todos los archivos de datos astronómicos de observatorios en Tierra y en el espacio, así como de cartografiados profundos del cielo.

 

Más aún, el Observatorio Virtual Astronómico tiene un programa educativo que ayuda a los profesores con herramientas de apoyo a enseñar a los alumnos a manejarse con datos astronómicos reales. Los programas de educación del VAO usan la infraestructura del VAO, los ordenadores y las redes de internet de última generación para resolver preguntas científicas. Permiten a los profesores y a sus estudiantes aprender a trabajar on-line, usando datos astronómicos reales de los telescopios más potentes del mundo de forma totalmente gratuita y rápidamente accesible. Existen además algunas plataformas como el  WorldWide Telescope (WWT) que provee acceso libre a software de visualización que permite a cualquiera disponer de imágenes astronómicas de los más potentes telescopios en Tierra y en el espacio.

Es de esperar que esta democratización de la información permita un mayor desarrollo de la astronomía y un progreso en nuestro conocimiento del universo, así como una mayor comprensión por parte del público general de la fascinación que sienten los científicos por la naturaleza.

 

Algunos enlaces que pueden ser de interés:

Astronomy Picture of the Day
http://apod.nasa.gov/apod/astropix.html

Google Sky
http://www.google-sky.es/

Dark Energy Detectives
http://darkenergydetectives.org/

Worl Wide Telescope
http://www.worldwidetelescope.org/

‪Observatorio Virtual‬ Internacional
http://www.ivoa.net/

Observatorio Virtual‬ USA
http://www.virtualobservatory.org/

Observatorio Virtual‬ EU
http://www.euro-vo.org/

SkyView Virtual Observatory
http://skyview.gsfc.nasa.gov/


Juan García-Bellido Capdevila
Juan García-Bellido Capdevila

Profesor de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador del Instituto de Física Teórica del CSIC. Autor de más de cuatro centenares de artículos en revistas especializadas, es un cosmólogo teórico reconocido internacionalmente. Ha trabajado en el CERN, el Imperial College de Londres y la Universidad Stanford. Sus investigaciones cubren un amplio rango de fenómenos, desde el origen del universo en términos de la teoría de la inflación cosmológica, hasta la formación de galaxias y la naturaleza de la materia y energía oscuras. Participa en numerosas colaboraciones internacionales como el Dark Energy Survey, la misión Euclid de la ESA y el interferómetro Virgo para la deteccion de ondas gravitacionales. Actualmente desarrolla la idea de que la materia oscura está hecha de agujeros negros primordiales. Es un amante de la música y de la pintura. Está casado y tiene dos hijos.

Sobre este blog

Vivimos en estos momentos una revolución en cuanto a nuestro conocimiento del cosmos. Podemos determinar con precisión asombrosa, gracias a experimentos altamente sofisticados, un conjunto bastante grande de parámetros que caracterizan nuestras teorías, y sin embargo desconocemos de qué esta hecho casi el 95% del universo. Sin duda nos queda mucho por entender. Con la detección de ondas gravitacionales hemos entrado en una nueva era de multi-mensajeros que nos va a permitir explorar los límites de nuestro conocimiento sobre el universo primitivo y el tardío.

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