El pasado 15 de Febrero de 2011 un complejo de manchas solares, vistas arriba por un telescopio del Observatorio del Teide en Tenerife, produjeron la fulguración solar más grande de los últimos 4 años.



Una fulguración es una explosión solar. Se producen cuando se libera de forma súbita y violenta toda la energía que se ha ido acumulando lentamente en los campos magnéticos que dominan la atmósfera del Sol. El video de arriba muestra la explosión vista por el satélite SDO. Son imágenes de la corona solar, la atmósfera de plasma (gas ionizado a altas temperaturas) que existe sobre la superficie solar.

La explosión, que lanza al espacio interplanetario partículas como protones, electrones y núcleos más pesados a velocidades relativistas que tardan minutos en llegar a la distancia a la que se encuentra la Tierra, puede ir acompañada de una erupción de grandes dimensiones que eyecta parte de la atmósfera exterior, las llamadas eyecciones coronales de masa (CME de las siglas en inglés). Las CMEs tardan varios días en recorrer el mismo camino. Aquí debajo vemos el material propagándose en dirección a la Tierra proyectado sobre el plano de la imagen y formando un anillo, perspectiva que hace difícil entender la geometría del fenómeno.

           

En la entrada anterior comentaba que los satélites STEREO A y B observan el Sol desde una perspectiva distinta, a día de hoy formando un ángulo de 90º con la línea que une la Tierra y el Sol. Es decir, que en relación al video de arriba, la erupción fue vista desde un costado, el izquierdo si hablamos de STEREO B. ¿Qué nos aporta entonces esta visión complementaria del fenómeno?

El primer video muestra la región más inmediata a la superficie y la fulguración se ve en el limbo solar Oeste, el borde derecho del Sol.

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En el instrumento COR2 vemos el Sol, oculto en el centro para mejorar el contraste, y la CME propagándose hasta unos 15 radios solares, siete soles de distancia del centro del Sol, en dirección a la Tierra.

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Pasada esa distancia, podemos ver la eyección en el instrumento HI 1 propagándose más allá de la órbita de Venus, que es el disco brillante en la parte central izquierda.


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Y finalmente, vemos en HI 2 la llegada de la CME a la Tierra, aproximadamente dos días y medio después. La Tierra es el disco con la banda vertical oscura, resultado de la saturación del detector. Estas imágenes no son imágenes directas si no la substracción de dos imágenes consecutivas. Permiten resaltar la señal débil de la CME frente al fondo de estrellas.

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Este conjunto de instrumentos y una perspectiva privilegiada nos permite ahora estudiar en gran detalle la iniciación, el desarrollo y la propagación de estas eyecciones antes de impactar con el campo geomagnético terrestre. Este impacto da lugar a las tormentas geomagnéticas.

Una de las consecuencias visualmente más impactantes son las auroras, como las que produjo esta CME, que resultan de la excitación de los gases de las capas altas de la atmósfera por las partículas procedentes del Sol que penetran por las regiones polares desviadas hacia allí por el campo magnético terrestre que hace de escudo ante esta radiación.


Los videos están hechos con imágenes cortesía de NASA/SDO y ESA/SOHO y los paquetes de software JHelioviewer y gifsicle.
Ignacio Ugarte Urra
Ignacio Ugarte Urra

Licenciado en Astrofísica por la Universidad de La Laguna y doctor en Física Solar por la Queen's University Belfast. Trabaja como profesor asociado de la facultad de ciencias de la Universidad George Mason, situada a las afueras de Washington, DC (Estados Unidos). Es miembro del equipo encargado de las operaciones del instrumento Extreme-ultraviolet Imager Spectrometer a bordo del satélite Hinode.

Su investigación está centrada en el estudio de los procesos de calentamiento de la atmósfera solar y de los mecanismos de iniciación de las erupciones solares.

Sobre este blog

El Sol transmite un sentido de inevitabilidad. Fiel y viejo amigo, imperturbable, constante, puntual, hasta tal punto que nos pasa desapercibido. ¿Qué secretos esconde nuestra estrella?
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