La noche del 26 al 27 de enero un asteroide de medio kilómetro de diámetro catalogado por el Minor Planet Center como 357.439 o por el código de su descubrimiento 2004 BL86, dentro de la categoría de los potencialmente peligrosos, pasará a apenas 3 distancias lunares. Este fugaz encuentro constituirá una rara oportunidad de seguir una de estas acechantes montañas cósmicas con binoculares. Aunque se trate de un encuentro próximo del que nada debemos temer, se trata del mayor que experimente cualquier asteroide (catalogado) en los próximos doscientos años. Sin embargo, debe hacernos pensar: ¿Y qué podría ocurrir con los todavía no descubiertos?

 Figura 1. Diagrama esquemático de la geometría orbital de la aproximación del asteroide potencialmente peligroso 2004 BL86. [NASA/JPL-Caltech]

PROGRAMAS DE MONITORIZACIÓN

Hace una década la agencia norteamericana NASA junto a otras agencias y programas internacionales de seguimiento (como el NEO-Dys en Europa) se plantearon trabajar en conjunto para conseguir un reto científico fundamental a la hora de prever estos encuentros de la Tierra con peligrosos asteroides. Se diseñaron varios programas sistemáticos para conseguir la detección y seguimiento orbital del 100 % de estos objetos próximos a la Tierra (conocidos como NEOs del acrónimo de Near Earth Objects) cuyo diámetro fuese superior al kilómetro. Una década después ese hito ha sido prácticamente completado. En la actualidad conocemos las órbitas de 12.151 NEOs de los cuales 12056 son asteroides y 95 son cometas. Entre ellos existen 1544 asteroides potencialmente peligrosos (PHAs) de los cuales 154 poseen más de un kilómetro de diámetro. Estos últimos PHAs serían capaces en un impacto de barrer la vida como conocemos de la superficie terrestre pero afortunadamente no existe peligro a corto o largo plazo. A pesar de ello, los programas de seguimiento y descubrimiento de nuevos NEOs poseen un importante, y nada desdeñable, sesgo observacional.

Los asteroides potencialmente peligrosos son aquellos objetos que poseen una órbita cuya distancia mínima de intersección orbital con la terrestre sea inferior a unos 7,5 millones de kilómetros y, además, poseen un diámetro superior a unos 150 m. Este último parámetro suele ser aproximado, al ser inferido de la magnitud absoluta del objeto y de la capacidad reflectiva media de estos objetos. Tan sólo las aproximaciones cercanas permiten emplear los grandes radiotelescopios terrestres para poder sondear las formas y verdaderas dimensiones de estos peligrosos objetos, generalmente demasiado distantes, débiles puntos luminosos imperceptibles y sumidos en la inmensidad de nuestro sistema planetario.

EL PELIGRO INESPERADO

A pesar de que los programas de seguimiento son exhaustivos en la medida de que cubren la esfera celeste desde el suelo, existen zonas oscuras que pueden presentar objetos esquivos. La idea de la misión Sentinel u otras iniciativas que pretenden instalar en el espacio telescopios espaciales infrarrojos para detectar asteroides sin sesgo observacional tiene mucha lógica. Aún existen objetos de pocos cientos de metros de diámetro sin descubrir, si bien la mayoría de esos inesperados objetos deben poseer decenas de kilómetros. El mejor ejemplo de visitante inesperado, y bien reciente, lo constituyó la caída meteorítica de Chelyabinsk ocurrida el 15 de febrero de 2014 y producida por un objeto de alrededor de 20 metros de diámetro. Otro histórico encuentro ocurrido el 30 de junio de 1908 fue realmente devastador y es conocido como el evento de Tunguska (Siberia).

Recientemente se ha reevaluado el peligro de impacto por estos objetos, llegándose a la conclusión de que es mayor de la que se pensaba, al menos para asteroides de pocas decenas de metros de diámetro. Las estadísticas indicaban que cada siglo podríamos tener un impacto con una energía de 1 megaton (Trigo-Rodríguez, 2012). Pero fue del análisis del evento de Chelyabinsk que se publicó un estudio (Brown et al. 2013) revisando en un factor cercano a diez la tasa de impactos para objetos con un tamaño superior a 20 metros de diámetro. También del análisis de superbólidos registrados por la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteoritos se desprende que para objetos más pequeños este flujo también debe corregirse al alza (Madiedo et al. 2014).

CAPRICHOSOS Y TAMBALEANTES OBJETOS

La dinámica orbital de estos cuerpos que se aproximan a la región barrida por la Tierra resulta ser compleja por el hecho de ser sometidos a una serie de fuerzas denominadas no gravitacionales (asociados al balance radiativo de su superficie calentada por el Sol por una cara e irradiando en el IR por otra) y también a encuentros e incluso colisiones con pequeños objetos que no pueden ser considerados a la hora de integrar sus órbitas. Los asteroides y cometas presentes en la región próxima a la Tierra proceden del cinturón principal de asteroides en donde, por la acción de los anteriormente mencionados procesos físicos ven recortadas progresivamente sus órbitas, cayendo en las denominadas resonancias en donde adquieren órbitas lo suficientemente excéntricas como para desviarse hacia la región próxima a la Tierra. En esas regiones quedarán orbitando pocos millones de años hasta regresar de nuevo al cinturón principal.

Figura 2. El asteroide 25.143 Itokawa es un ejemplo evidente de pila de escombros, producida por la destrucción catastrófica de dos objetos y su apilamiento posterior bajo el campo gravitatorio común (JAXA).

 

RADIOTELESCOPIOS: OBTENIENDO DEL PELIGRO, OPORTUNIDAD

Esta próxima noche los dos grandes radiotelescopios de Goldstone y Arecibo estarán bien pendientes de la máxima aproximación del asteroide 2004 BL86. Empleando sus antenas emitirán una señal sobre el asteroide que rebotará en él y podrá ser escuchada de nuevo a fin de obtener una imagen tridimensional del asteroide. La idea es recoger ese eco lejano para reconstruir la forma real del asteroide y sus características físicas principales como se ha hecho en anteriores ocasiones (Fig. 3). También otros telescopios estarán muy atentos como el telescopio robótico Joan Oró de 0,8 m de diámetro del Observatori Astronòmic del Montsec (OAdM) situado en las proximidades de Àger (Lleida).

Figura 3. Secuencia de imágenes del asteroide 2007 PA8 obtenidas desde el radiotelescopio de Goldstone (California) entre el 29 de ocutbre y el 13 de noviembre de 2012 (NASA/JPL-Caltech)

 

¿CÓMO OBSERVAR AL ASTEROIDE POTENCIALMENTE PELIGROSO 2004 BL86?

Este objeto procede del hemisferio sur celeste y se moverá por las constelaciones de Cáncer y la Osa Mayor a velocidad relativa bastante importante de varios grados por hora dada su proximidad a la Tierra (algo más de un millón de kilómetros de nuestro planeta) pero, dado que su tamaño es moderado, no será visible a simple vista. Tampoco esperemos ver algo así como una estrella fugaz o un satélite artificial pues el asteroide se mueve mucho más lentamente.

Para poderlo observar podríamos seguirlo desde el campo con unos prismáticos (10x50 o 20x50) y una carta celeste detallada que nos indique su posición en el cielo como función de las horas. Sin embargo, dada su debilidad y apariencia básicamente estelar, un telescopio será el mejor instrumento para seguirlo. En función de la trayectoria estimada en el firmamento podríamos esperarlo en una determinada región celeste hasta que vaya cruzando el campo de nuestro telescopio.

Pero no debemos olvidar que el movimiento del asteroide podría ser bien retratado en fotografía digital con un sencillo teleobjetivo. De nuevo deberíamos enfocarlo hacia las regiones que atraviese. Incluso tomando fotografías secuenciales sin seguimiento de pocas decenas de segundos, apreciaremos un objeto que va saltando en su posición por el cielo.

Figura 4. Carta de localización del asteroide 2004 BL86 durante la noche del 26-27 de enero de 2015 (J.M.Trigo/CSIC-IEEC)

 

UNA LECCIÓN QUE DEBERÍAMOS EXTRAER

En los últimos tiempos diversas misiones espaciales han tenido como objetivo los asteroides y cometas. Tales misiones son necesarias para comprender la naturaleza misma de estos cuerpos y poder enfrentarnos a sus embates. Sin embargo, no cabe duda que no es suficiente: se necesita una mayor apuesta por desarrollar la tecnología en el campo aeroespacial necesaria para enfrentarse y se capaces de paliar los encuentros con estos peligrosos vagabundos del espacio. Por ello la Unión Europea dentro del programa H2020 está promoviendo programas de vigilancia y paliación de tales encuentros. Hay pues aspectos del peligro intrínseco asociado al impacto de asteroides y cometas con la Tierra que todavía no están cuantificados y que merecen preocupación. Un encuentro con uno de estos objetos de varios cientos de metros que todavía no han sido descubiertos podría ser tan inesperado como catastrófico para la humanidad. 

 

ACTUALIZACIÓN A 27 DE ENERO

Los primeros resultados obtenidos desde Goldstone permiten determinar que el 2004 BL86 posee unos 325 metros de diametro y muestran una superficie asteroidal cubierta de regolito y grandes bloques del tamaño de edificios. Además, confirman la existencia de un satélite de unos 70 metros, lo que también ha sido evidenciado por fotometría en el óptico por Joseph Pollock (Appalachian State University) y Petr Pravec (Ondrejov Observatory, Republica Checa).

Estos resultados fascinantes ejemplifican a la perfección lo poco que conocemos de estos esquivos objetos: en este encuentro hemos aprendido sobre la forma esferoidal del 2004 BL86 y que posee un pequeño satélite. Una aproximación mucho mas cercana a un planeta terrestre desestabilizaría el satélite que, al dejar el débil campo gravitatorio de 2004 BL86, podría convertirse en un peligroso proyectil. Por tanto ese satélite sería, por sí mismo, capaz de producir una destrucción local similar a la que tuvo lugar el 30 de junio de 1908 sobre Tunguska. Veamos pues el encuentro de hoy 26 de enero con curiosidad pero también como un inquietante aviso. Resulta grave que no tengamos todavía telescopios espaciales especialmente diseñados para descubrir estos objetos y determinar sus órbitas para evitar que hagan peligrar nuestra propia existencia.

Figura 5. Imagen extraída de la secuencia difundida por el radiotelescopio de Goldstone, California (NASA's Deep Space Network antenna at Goldstone/NASA)

 

 

 

 

 








 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS

Brown P., J. D. Assink, L. Astiz, et al. (2013) A 500-kiloton airburst over Chelyabinsk and an enhanced hazard from small impactors. Nature 503, 238-241.

JPL-NEO (2015) Asteroid to Fly By Earth Safely on January 26, JPL News, Jan. 13, 2015.

Madiedo J.M., Ortiz J.L., Trigo-Rodríguez J.M., et al. (2014) Analysis of two superbolides with a cometary origin observed over the Iberian Peninsula, Icarus 233, 27-35.

Trigo Rodríguez J.M. (2012) Las raíces cósmicas de la vida. Colección El espejo y la lámpara. Ediciones UAB, Barcelona, ISBN: 978-84-939695-2-3, 241 págs.

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Josep M. Trigo-Rodríguez
Josep M. Trigo-Rodríguez

Científico titular del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), e I.P. del Grupo de Meteoritos, Cuerpos menores y Ciencias Planetarias del ICE-CSIC. Entre 2003 y 2005 fue postdoc del Instituto of Geofísica y Física Planetaria de UCLA. Tras la publicación de más de medio centenar de artículos arbitrados sobre los cuerpos menores del Sistema Solar y más de una decena de libros, el Minor Planet Center catalogó un asteroide en su honor con el nombre: 8325 Trigo-Rodríguez.

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