Por fin esta misma mañana, después de un par de intentos de despeque fallidos a finales de agosto y principios de septiembre, incluso salvando un huracán en ese último intento, la misión Artemis I de la NASA ha despegado empleando el sistema de lanzamiento espacial (SLS) y se encuentra en su ruta hacia la Luna. No podía dejar de escribir estas líneas ante la trascendencia del momento: una misión de esta envergadura, involucrando miles de científicos y tecnólogos en una empresa de gran trascendencia para la exploración espacial justo en unos momentos de gran preocupación por el peligro de adentrarnos en un conflicto armado entre grandes potencias. Pese a ello, la flamante nave espacial Orión despegó de la Base Espacial Kennedy con unos objetivos claramente definidos: probar la tecnología requerida para enviar la futura misión Artemis II con astronautas de regreso a nuestro satélite natural. En esta entrada deseo sintetizar nuestro interés en este trascendental paso para el desarrollo de futuras misiones a otros cuerpos del Sistema Solar.

El despegue de la nave Orión empleando un sistema SLS para hacer posible la misión Artemisa (NASA)

PROBANDO MÚLTIPLE TECNOLOGÍA DE ÚLTIMA GENERACIÓN

Tras el despegue comienza una misión de 25,5 días en la que se tiene previsto probar  diferente tecnología. Poco después de alcanzar su órbita inicial, Orion ha desplegado sus paneles solares y los ingenieros han comenzado a comprobar multitud de sistemas claves de la nave espacial Orión que, aunque en este caso no esté tripulada, será el hogar de los astronautas de futuras misiones a la Luna. Poco más tarde de la primera hora de vuelo se puso en marcha la etapa superior del cohete durante unos 18 minutos para impulsar a la nave Orión con la energía requerida para enviarlo a una órbita unos 64.000 km más allá de la Luna. En esa primera etapa la nave Orión se ha separado de su etapa superior y se impulsa hacia la Luna alimentada por su módulo de servicio, una auténtica central eléctrica propulsora proporcionada por la ESA (Agencia Espacial Europea) a través de una colaboración internacional. Además en esas primeras horas de vuelo pondrá en órbita una serie de tecnología innovadoras a bordo de pequños satélites autónomos, conocidos como CubeSats. Estamos hablando de palabras mayores: Artemis 1 constituye un primer test de muy diversa tecnología que cabe desarrollar a marchas forzadas para facilitar no sólo nuestro retorno a nuestro satélite sino también el comienzo de una nueva era de la exploración espacial que verá partir misiones hacia otros recónditos lugares de nuestro sistema planetario desde la superfície de la Luna.

Concepto de la base lunar en el Polo Sur Lunar (NASA)

EL OBJETIVO: VOLVER A LA LUNA CON LAS SIGUIENTES MISIONES ARTEMIS

Las misiones Artemis poseen un interés enorme y son un claro ejemplo de colaboración internacional a todos los niveles. En los últimos tiempos estamos asistiendo a una auténtica democratización del espacio en el que organismos públicos y empresas privadas con conocimiento y experiencia en estos campos pueden hacerse un hueco y contribuir a la definición de  aspectos concretos de una misión tan compleja y trascendente como esta. Los programas de test de diferentes tecnologías a bordo de la misión Artemis I  lo demuestran. Por poner un ejemplo, desde el Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC) llevamos tiempo trabajando en tecnologías CubeSat y, particularmente, desde nuestro grupo de investigación de Meteoritos y Ciencias Planetarias hace una década decidimos orientar nuestra investigación en el análisis de las propiedades físico-químicas de los materiales que conforman la Luna, Marte y otros cuerpos rocosos de nuestro sistema planetario. Nuestro interés científico busca encontrar una vertiente práctica para facilitar el camino del desarrollo de estrategias de Utilización In Situ de Recursos (conocidas por su acrónimo anglosajón: ISRU) (Duffard et al., 2021). Para ello estamos empleando nuestra experiencia en  el conocimiento y caracterización de los materiales formativos de rocas y meteoritos lunares. De ese modo hemos contribuido activamente, por ejemplo, en el desarrollo conceptual del Equipo de Definición de Artemis con una propuesta de un rover dirigido a identificar minerales hidratados, materia orgánica y metales en las futuras misiones Artemisa al Polo Sur Lunar (Trigo-Rodríguez et al., 2020). Recientemente uno de nuestros doctorandos, el Eloy Peña Asensio ha sido seleccionado para realizar una estancia en el Lunar and Planetary Institute y el Johnson Space Center de la NASA con el fin de participar en la definición científica de los puntos de alunizaje de las futuras misiones tripuladas en el polo sur lunar. De hecho, la cobertura de rególito lunar que cubre nuestro satélite contiene gran cantidad de materiales implantados de gran interés futuro, incluyendo agua. Justo por eso se han puesto los polos lunares en el foco de la exploración de las misiones Artemisa. El estudio y procesado del regolito de grano fino de aquellas regiones posee claves fundamentales en nuestra comprensión del sistema planetario Tierra-Luna pero también en la futura utilización de los materiales disponibles en nuestro satélite para enfrentarnos a nuevos retos. No cabe olvidar que las futuras misiones tripuladas también buscan establecer una base en el polo sur lunar y sería ideal depender mínimamente de los recursos enviados desde la Tierra. Posiblemente parte de la tecnología que ahora va a bordo de Artemis I pueda aplicarse para el beneficio de la humanidad, dando énfasis en la necesidad de implementar de manera más eficiente la colaboración internacional a todos los niveles, dejando de lado absurdas guerras fraticidas.

BIBLIOGRAFÍA

Duffard R., I. González Gómez, M.J. Jurado, J.M. Trigo-Rodríguez, C. Rossi et al (2021) In-Situ Resources Utilization. En CSIC Scientific Challenges: Towards 2030, Liber Digital S.L., ISBN:978-84-00-10760-4, págs. 13-41.

NASA (2022) Página web sobre las misiones Artemisa de la NASA

Trigo-Rodríguez J.M. et al. (2020) Lunar Poles Rover (LPR): A Search for Hydrated Minerals, Organics, Metals and Light Aggregates in Preparation for ISRU, in Science Definition Team for Artemis 2020, Lunar And Planetary Institute, abstract 2125.

 

Josep M. Trigo-Rodríguez
Josep M. Trigo-Rodríguez

Científico titular del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), e I.P. del Grupo de Meteoritos, Cuerpos menores y Ciencias Planetarias del ICE-CSIC. Entre 2003 y 2005 fue postdoc del Instituto de Geofísica y Física Planetaria de UCLA. Miembro de las misiones Stardust y DART de NASA. Posee cerca de un centenar de artículos arbitrados sobre los cuerpos menores del Sistema Solar y más de una decena de libros, el Minor Planet Center catalogó un asteroide en su honor con el nombre: 8325 Trigo-Rodríguez.

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Sobre este blog

Asteroides, cometas y planetas nos proporcionan meteoritos: muestras únicas e irrepetibles llegadas desde lejanos rincones del Sistema Solar. Sus materiales son auténticos fósiles de la creación y datan procesos acaecidos hace miles de millones de años. Acompañadme en este viaje hacia los orígenes...

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