Figura 1. El rápido movimiento del asteroide (52768) 1998 OR2 a lo largo de 30 minutos de exposición registrado en una secuencia tomada el pasado 24.88 de abril de 2020 desde el Observatori del Montseny (MPC B06), Catalunya (J.M.Trigo-CSIC/IEEC)

Pese al sensacionalismo de algunos medios de comunicación, fruto en buena medida del desconocimiento y de la falta de rigurosidad con la que todavía se tratan temas científicos, el paso próximo del asteroide (52768) 1998 OR2 no revertirá ningún peligro. Tampoco lo harán decenas de otros pasos cercanos de los que la prensa a veces se hace eco con titulares grandilocuentes. Lo cierto es que, gracias al esfuerzo que se realiza en la catalogación y seguimiento de asteroides a nivel internacional, por cierto todo un ejemplo de colaboración profesional-amateur, podemos predecir el paso próximo de asteroides de tamaño kilométrico como (52768) 1998 OR2. Este asteroide, cuyo diámetro de dos kilómetros y su órbita excéntrica le hace poseer potencial para provocar un cambio de era en caso de un eventual impacto, pasará este 29 de abril a 16 distancias lunares (unos 6,28 millones de km) de la Tierra. La mayoría desconoce el enorme esfuerzo humano y computacional detrás de una predicción de paso de cada uno de estos asteroides. En esta entrada pretendo darlo a conocer.

Una red de observatorios profesionales y amateurs a lo largo de todo el planeta ha demostrado las capacidades técnicas e instrumentales para seguir estos objetos y medir sus coordenadas celestes en función a las conocidas del fondo de estrellas por el que transitan. El resultado es que miles de medidas diarias de cuerpos menores (asteroides y cometas) son obtenidas desde esos observatorios y son enviadas al Minor Planet Center (MPC). Ese centro se dedica a comparar las medidas obtenidas entre sí y seleccionar aquellas cuyos errores astrométricos son mínimos y, por tanto, aceptables para contribuir a ir mejorando las órbitas de estos objetos. 

Fruto de ese enorme trabajo de medida y cálculo orbital de miles de objetos próximos a la Tierra, pueden mantenerse páginas rigurosas en donde se predice e informa con todo lujo de detalles del paso de asteroides potencialmente peligrosos. Un ejemplo es la web que mantiene el Center for Near Earth Object Studies del Jet Propulsion Laboratory (California Institute of Technology). En Europa la Agencia Europea del Espacio (ESA) patrocina otra página imprescindible llamada NEODyS (Near Earth Objects - Dynamic Site), especializada en el estudio dinámico del movimiento de estos objetos y la predicción de sus movimientos. En esas páginas podemos leer los encuentros futuros con objetos potencialmente peligrosos y podemos informarnos sobre el conocimiento de que disponemos de esos objetos. 

Figura 2. Esquema de la clasificación de los NEA (Adaptada de NASA)

OBJETOS PRÓXIMOS A LA TIERRA Y, ENTRE ELLOS, POTENCIALMENTE PELIGROSOS

Pero, ¿cuántos asteroides próximos a la Tierra conocemos? Hoy en día hemos descubierto 22.733 objetos próximos a la Tierra (conocido como NEOs por su acrónimo inglés). De ese número la inmensa mayoría son asteroides, mientras que existen 110 cometas, llamados NECs (acrónimo de Near Earth Comets). Son objetos muy dinámicos, por lo general cruzan las órbitas de los planetas terrestres durante unos pocos millones de años hasta que regresan a su región de procedencia: el Cinturón Principal de asteroides situado entre las órbitas de Marte y Júpiter. 

Esos asteroides próximos a la Tierra (NEA) se clasifican en varios grupos de acuerdo con el valor del semieje mayor de su órbita (a) y de los valores de la distancia al afelio (Q) y al perihelio (q) (véase Fig. 2). Así, aquellos cuya órbita cumple las condiciones a > 1,0 AU y q < 1,02 AU se denominan Apolos y forman el grupo más numeroso: aproximadamente el 56 % de los NEA identificados hasta ahora se encuentra dentro de esta clasificación. Estos objetos cruzan la órbita de la Tierra, al igual que los NEAs tipo Aten, que son aquellos asteroides cuyo semieje mayor es menor que 1 AU, con distancias al afelio inferiores a 1,0167 AU. El tercer grupo es el de los denominados asteroides tipo Amor, como el 1998 OR2, que muestran un semieje mayor a > 1 AU y distancias al perihelio comprendidas entre 1,02 y 1,3 AU. Las órbitas de los asteroides tipo Amor, por tanto, caen enteramente fuera de la de la Tierra, si bien se aproximan a nuestro planeta cuando se encuentran en su perihelio. Un 37% de todos los asteroides próximos a la Tierra son de tipo Amor. Finalmente, un último grupo lo constituyen los del grupo Atira cuya órbita se encuentra en todo momento contenida dentro de la órbita de la Tierra. Tan sólo conocemos 21 de esos asteroides, por lo que apenas representan un uno por mil de todos los NEAs conocidos.

Los asteroides que poseen un diámetro mínimo de unos 140 metros y que se aproximan a una distancia mínima de 7,48 millones de km de la Tierra son considerados Asteroides Potencialmente Peligrosos (conocidos como PHAs de su acrónimo anglosajón). De esos asteroides que deben seguirse en mayor detalle conocemos 2.080 a fecha de hoy, pero de ellos tan sólo 157 poseen un diámetro igual o superior al kilómetro, como es el caso del (52768) 1998 OR2 que nos visita estos días. Su seguimiento astrométrico es fundamental dado que los pequeños cuerpos no sólo están sujetos a la gravitación sino que sus órbitas también varían lentamente como consecuencia de los fenómenos no-gravitatorios, concretamente debidos a calentamiento por la luz solar que reciben y emiten, con el consiguiente intercambio de esa radiación en el medio interplanetario (Gutiérrez Buenestado, 2012).

Figura 3. La silueta del asteroide 1998 OR2 se evidencia en esta secuencia rádar captada por el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico (Arecibo Observatory/NASA/NSF.)

EL PAPEL CLAVE DE LOS RADIOTELESCOPIOS

La detección y medida astrométrica de las posiciones de los asteroides próximos a la Tierra tiene sus limitaciones. Suelen ser objetos bastante pequeños en comparación a la distancia en que los observamos, por lo que no dejan de mostrarse como una estrella que se desplaza entre el fondo estelar. Además, estos esquivos objetos se mueven muy rápidamente en sus pasos cercanos. Por ello, debemos ayudarnos de otras técnicas y, en particular, la radioastronomía nos brinda la posibilidad de emplear la técnica de radio eco para medir con precisión la posición del objeto y, además, poder reconstruir su forma tridimensional. Mediante esta técnica de rádar, en la pasada década, se han podido corroborar errores en la estimación del paso de los asteroides que varían entre 100 y 100.000 km, lo cual hablando de objetos que pueden poner en riesgo nuestra existencia no dejan de ser importantes.

Un claro ejemplo de la bondad de esa técnica y su capacidad para reconstruir la forma de los asteroides y sus parámetros físicos son las observaciones que está realizando en estos días el Radiotelescopio de Arecibo (NAIC). Gracias a la colaboración entre equipos técnicos y científicos se puede reconstruir la forma del asteroide (52768) 1998 OR2 aprovechando su acercamiento. El resultado revela detalles espectaculares de su superficie, tales como cráteres y fracturas que nos hablan de su torturado pasado (Fig. 3). El asteroide posee unos 2,4 km de diámetro, gira cada 4,1 horas y posee una superfície irregular, esculpida por enormes impactos. No debemos olvidar que estos objetos próximos a la Tierra proceden del Cinturón Principal de Asteroides en donde, a lo largo de los eones, han sido modificados y alterados por procesos colisionales.

¿CÓMO OBSERVARLO?

Este asteroide estará perfectamente accesible para su seguimiento con telescopios pequeños. Sin embargo, no resulta fácil posicionarlo pues su apariencia es "estelar". Lo mejor para poder visualizarlo es escoger alguna de las cartas de localización que proporcionan diferentes páginas de seguimiento de cuerpos menores. Una opción son las cartas detalladas que genera Sky Live en la que podemos probar a encontrar una zona fácil por la que sabemos pasará el objeto. Si se hace con suficiente antelación, veremos cómo el objeto atraviesa poco a poco el campo (dado que se mueve unos 15 segundos de arco por minuto, en 5 o 10 minutos ya se aprecia que se ha desplazado frente al fondo de las estrellas aparentemente "fijas").  También podemos obtener sus coordenadas exactas en cada instante empleando el Servicio de Efemérides del Minor Planet Center. Deberá emplearse un telescopio mediano y un ocular que proporcione pocos aumentos (50-100X) dado que el asteroide posee una magnitud +11, cien veces menor que la de las estrellas más débiles visibles a simple vista. 

 

BIBLIOGRAFÍA

Gutiérrez Buenestado P.J. (2012) Cometas y asteroides. Ed. Catarata-CSIC, Madrid, 140 págs.

Trigo Rodríguez J.M. (2012) Las raíces cósmicas de la vida. Colección El espejo y la lámpara. Ediciones UAB, Barcelona, ISBN: 978-84-939695-2-3, 241 págs.

Josep M. Trigo-Rodríguez
Josep M. Trigo-Rodríguez

Científico titular del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), e I.P. del Grupo de Meteoritos, Cuerpos menores y Ciencias Planetarias del ICE-CSIC. Entre 2003 y 2005 fue postdoc del Instituto of Geofísica y Física Planetaria de UCLA. Tras la publicación de más de medio centenar de artículos arbitrados sobre los cuerpos menores del Sistema Solar y más de una decena de libros, el Minor Planet Center catalogó un asteroide en su honor con el nombre: 8325 Trigo-Rodríguez.

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Sobre este blog

Asteroides, cometas y planetas nos proporcionan meteoritos: muestras únicas e irrepetibles llegadas desde lejanos rincones del Sistema Solar. Sus materiales son auténticos fósiles de la creación y datan procesos acaecidos hace miles de millones de años. Acompañadme en este viaje hacia los orígenes...

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