El rover Curiosity nos revela un Marte apasionante. El cráter Gale estuvo inundado en el pasado y el flujo acuoso alteró las rocas superficiales (NASA/JPL-Caltech/MSSS)

El planeta Marte siempre ha sido fuente de curiosidad e inspiración para los humanos. Dada su órbita excéntrica y ligeramente más alejada del Sol que la Tierra su observación y apariencia es bastante cambiante. Posiblemente por ello, y por su tonalidad rojiza, las civilizaciones antiguas lo interpretaron como el dios de la guerra, del que no se debían fiar. Las estrellas errantes fueron identificados como dioses en la mitología antigua. Por eso este planeta fue conocido como Ares para los griegos y Mars para los romanos. La invención del telescopio trajo la posibilidad de observarlo. Antes de la invención de la fotografía y debido a la baja resolución con la que se observaban algunos de sus formaciones de diferente albedo hizo que los mapas que se generasen estuviesen cargados de detalles confusos. El astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli (1835-1910) observó en esas regiones oscuras una serie de formaciones rectilíneas que fueron calificadas como "canales". Fue el principio de una serie de especulaciones sobre la presencia de una civilización avanzada en ese planeta. Hoy en día del estudio de Marte queda claro que Marte nunca poseyó tal civilización pero, aún así, desconocemos si pudo surgir vida o incluso si podría todavía albergarla en su acuoso interior (Orosei et al., 2018; Emanuel Lauro et al., 2020). Los descubrimientos recientes ponen de nuevo a Marte en el candelero y, gracias al encuentro con nuestro planeta, en las próximas semanas lo podremos observar para seguir planteándonos cuestiones sobre su exploración in situ y la vida en otros mundos. No cabe olvidar que, pese a sus condiciones extremas, Marte es el único planeta susceptible de ser habitado en nuestro sistema planetario.

Figura 1. Esquema de la situación de Marte durante la oposición de 2020, indicando la mínima distancia a nuestro planeta el 6 de octubre.

MARTE EN OPOSICIÓN

En las próximas semanas el planeta rojo se encontrará prácticamente en una geometría perfecta para ser observado: su oposición. Tendrá lugar exactamente cuando ocurra la alineación Marte-Tierra-Sol del próximo 13 de octubre, por tanto, en su justa oposición al astro rey. Siete días antes acontecerá la máxima aproximación a la Tierra en la que el planeta alcanzará su máximo diámetro angular en esta ocasión: 22.6 segundos de arco. Pese a ese diámetro aparente se nos antoja pequeño, su disco anaranjado ya podrá ser observado fácilmente con pequeños telescopios. A partir de 100 aumentos ya comenzaremos a intuir irregularidades en ese disco, particularmente algunas zonas oscuras y los brillantes casquetes polares. Ese espectáculo lo disfrutaremos durante las próximas semanas, cuando tendremos a Marte visible toda la noche desde el hemisferio Norte y latitudes medias. Los que además madruguen lo encontrarán bien alto al final de la noche, en condiciones más que ideales para obtener imágenes detalladas de su fisonomía. Precisamente por ello, podremos distinguir algunos de esos detalles superficiales, incluido el famoso ojo de Marte. Serán además fácilmente identificables y predecibles según el momento en que planeemos su observación gracias a la aplicación Mars Profiler de Sky & Telescope.

Imágenes de Marte en varios filtros y compuesta (RGB) del geofísico Craig Towell (RSK). Tomada el pasado 22 de septiembre de 2020 usando un telescopio de 22 cm de apertura.

NUESTRA FASCINACIÓN POR MARTE

Descubrimientos recientes parecen sugerir que Marte fuese un eslabón perdido, una especie de embrión planetario que por azar escapó de la fase más dura de acreción planetaria (Humayun et al., 2013). Esta hipótesis surge del estudio de ciertos meteoritos marcianos que nos proporcionan pistas de la corteza primitiva del planeta rojo. Excepto en los primeros tiempos en los que pensamos que la atmósfera pudo ser bastante densa en diversos episodios de desgasificación volcánica, la mayor parte del tiempo Marte ha poseido una atmósfera densa que no ha podido frenar el impacto de asteroides y cometas.

Por otro lado, la formación de la corteza de Marte fue muy diferente a la de nuestro planeta. En la Tierra la tectónica se debe a unos movimientos de placas que se deslizan y chocan entre ellas o se separan mediante movimientos laterales, mientras que la tectónica en Marte es vertical debido a que la lava que se encuentra caliente sale con mucha fuerza a la superficie atravesando así la corteza. Debido a ello, Marte posee muchos volcanes gigantes, entre ellos el mayor volcán del Sistema Solar, conocido como Monte Olimpo, que se eleva 21 km de altura. La actividad volcánica debió crear fenómenos episódicos de desgasificación en las que el planeta pudo albergar condiciones muy diferentes Fernández-Remolar et al. (2011). Esa atmósfera fue erosionada y, de hecho, actualmente Marte es un planeta muy árido y seco con temperaturas muy por debajo del punto de congelación del agua y con una atmosfera ténue formada por dióxido de carbono. Algunos de los olivinos mas primitivos ricos en magnesio que se encuentran en la superficie de Marte se encuentran alrededor de cráteres de impacto que hicieron aflorar a la superficie muestras del manto muy antiguas que se encontraban debajo de la corteza.

Marte es fuente de conocimiento y multitud de instrumentos se encuentran en su superficie u orbitando el planeta. En breve plazo de tiempo veremos las primeras misiones de retorno de muestras y tripuladas al planeta rojo. El interés científico y tecnológico resulta innegable, siendo fuente de investigación astrobiológica y de recursos con multitud de iniciativas como, por ejemplo, un volumen especial en la revista Advances in Astronomy. Muchos de estos descubrimientos los hemos hecho en base a los meteoritos que nos llegan desde Marte. Al ser el planeta con una órbita superior a la terrestre, cualquier impacto tangencial que pueda impulsar rocas con una velocidad superior a la de escape, las impulsa en una órbita heliocéntrica que tras unos pocos millones de años alcanzan nuestro planeta. Las denominadas acondritas SNC marcianas se denominan así por el acrónimo de sus tres clases principales: Shergottitas, Nakhlitas y Chassignitas. Tales nombres provienen de los primeros meteoritos provenientes de Marte que se recuperaron tras su caída: Chassigny (Francia, 1815), Shergotty (India, 1865) y Nakhla (Egipto, 1911). Por este motivo los meteoritos marcianos se conocen comúnmente como acondritas SNC. Sin embargo, hoy en día conocemos otros meteoritos procedentes del planeta rojo que no se ajustan a esas tres clases. Entre ellas está la famosa ortopiroxenita ALH 84001, sobre la que se abrió un gran debate desde que se sugirió que contenía microfósiles (McKay et al., 1996) y algunas brechas basálticas (Humayun et al., 2013).

Mapa topográfico del Monte Olimpo que se alza 21 km sobre la superficie de Marte (MOLA/Mars Global Surveyor/NASA)

   Los descubrimientos recientes ponen de nuevo a Marte en el punto de mira y, gracias al encuentro con nuestro planeta, en las próximas semanas lo podremos observar para seguir planteándonos cuestiones sobre su exploración in situ y la vida en otros mundos.   Así pues, aprovechemos al máximo esta oportunidad para volver a contemplar y fotografiar Marte. Ahora disponemos de tecnología tan potente en nuestras manos que incluso nos permite obtener imágenes detalladas usando nuestros teléfonos móviles. Nuestros telescopios podrán transportarnos millones de kilómetros, proporcionandonos una nueva perspectiva en la que haremos accesible la ciencia a muchos más. Recapacitemos juntos sobre el futuro de la humanidad, no sólo ligado inexorablemente a la protección del medio natural de nuestra madre Tierra sino también a la futura conquista de otros mundos. 

  

Cerca del casquete polar Sur se encuentra un profundo lago de unos 20 km de ancho que se evidenciaría en esta imagen radar supuerpuesta en azul oscuro (USGS/Arizona State Univ./NASA)

BIBLIOGRAFÍA

Emanuel Lauro S. et al. (2020) Multiple subglacial water bodies below the south pole of Mars unveiled by new MARSIS data. Nature Astronomy, Articles https://doi.org/10.1038/s41550-020-1200-6 

Fernández-Remolar D.C., et al. (2011) The environment of early Mars and the missing carbonates. Meteoritics and Planetary Sciencie 46:1447–1469, 2011.

Humayun et al. (2013), Origin and age of the earliest Martian crust from meteorite NWA 7533, Nature 503, 513-516. Doi:10.1038/nature12764.

McKay, D.S. et al. (1996), Search for Past Life on Mars: Possible Relic Biogenic Activity in Martian Meteorite ALH84001, Science, 273, 924-930.

Orosei R. et al. (2018) Radar evidence of subglacial liquid water on Mars. Science 361, 490-493.

Trigo Rodríguez J.M. (2012) Las raíces cósmicas de la vida. Colección El espejo y la lámpara. Ediciones UAB, Barcelona, ISBN: 978-84-939695-2-3, 241 págs.

Josep M. Trigo-Rodríguez
Josep M. Trigo-Rodríguez

Científico titular del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), e I.P. del Grupo de Meteoritos, Cuerpos menores y Ciencias Planetarias del ICE-CSIC. Entre 2003 y 2005 fue postdoc del Instituto of Geofísica y Física Planetaria de UCLA. Tras la publicación de más de medio centenar de artículos arbitrados sobre los cuerpos menores del Sistema Solar y más de una decena de libros, el Minor Planet Center catalogó un asteroide en su honor con el nombre: 8325 Trigo-Rodríguez.

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Asteroides, cometas y planetas nos proporcionan meteoritos: muestras únicas e irrepetibles llegadas desde lejanos rincones del Sistema Solar. Sus materiales son auténticos fósiles de la creación y datan procesos acaecidos hace miles de millones de años. Acompañadme en este viaje hacia los orígenes...

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