He estado esperando varios días para escribir este artículo y parecía que el momento no acababa de llegar. Por fin, hoy hemos recibido las primeras imágenes del rover chino Zhurong en la superficie de Marte. Han sido solamente dos imágenes tomadas tras su exitoso aterrizaje el pasado 14 de Mayo. La agencia espacial china también ha difundido un video mostrando la separación del módulo de aterrizaje y el orbitador de la misión Tianwen-1. Así, por primera vez, un rover no estadounidense consigue aterrizar --además a la primera--, en Marte: un hito que pasará, sin ninguna duda, a los anales de la historia de la exploración planetaria, concretamente del planeta rojo. Si recientemente, en este mismo foro, destacábamos que 2021 es el Año de Marte por las tres misiones de EEUU, China y Emiratos Árabes Unidos, que alcanzaron el planeta en febrero, este nuevo logro representado por dos rovers sobre su superficie acentúa aún más esta denominación.

Vivimos en un mundo globalizado. La globalización, en ocasiones denominada mundialización, se ha definido como un proceso económico, tecnológico, político, social y cultural a escala mundial que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo. Una definición que incorpora una primera parte más general, que curiosamente pareciera estar subsidiada con respecto a la segunda, más mercantil, cuando verdaderamente –y a la realidad de los hechos me remito-- es justo lo contrario. El espacio es, sobre todo, ciencia, tecnología y exploración, aunque también es política, economía y comunicación. Una globalización que debería ampliarse a más de un mundo, pues el concepto surge desde la Tierra, pero, cada vez más, se expande hacia otros contextos lunares y planetarios, más allá de nuestras fronteras.

También comentaba en otro artículo anterior que, indefectiblemente, las futuras misiones conllevarían una colaboración internacional, promoviendo en paralelo una cooperación socio-cultural, lo que haría que nos alejáramos cada vez más de los nacionalismos identitarios y nos viéramos como seres humanos en conjunto. Al menos, así lo considero yo. Llevará algún tiempo, pero lo lograremos.

Es por esto por lo que llama la atención la manera diferencial en la que respondemos frente a los estímulos, dependiendo de quiénes los generen. Me refiero concretamente a cómo las diferencias entre países se reflejan no solo en las formas en que se comunican los acontecimientos de naturaleza global (como es la llegada de un rover a Marte), sino también en cómo los receptores, la humanidad en conjunto, acepta dichas diferencias como si fueran algo normal, cuando realmente no debería serlo. Si somos extremadamente exigentes en la solicitud de transparencia y una ética en la comunicación de la ciencia en su engarce ciencia-sociedad, debemos serlo siempre y con todos por igual. Como investigadores, divulgadores y comunicadores científicos no podemos transigir con el hermetismo ni con la carencia intencionada de datos por simple cuestión del sistema político del país. La ciencia, entendida como cultura --y en este caso como cultura global--, debe estar por encima de cualquier uso político de la misma.

En estos días solamente había que asomarse a las redes sociales para comprobar que casi se disculpaba la opacidad informativa e incluso se justificaba por algunos con teorías, hipótesis y especulaciones de distinta naturaleza, sin que los propios responsables de ejercer su función informativa bajo códigos globales de buenas prácticas emitieran ni un solo dato o declaración al respecto. La ética en la comunicación es un factor tan importante como la propia ética científica o metodológica.

De Perseverance a Zhurong hemos visto dos modos de hacer las cosas en lo relativo a la ciencia y tecnología y en la comunicación, con un despliegue como nunca se ha visto en el primer caso y con una forma de actuar que no ha generado ni siquiera un simple comunicado oficial explicando el silencio y sus causas. Han tenido que pasar cinco días para que se indicara oficialmente que el tiempo transcurrido para la recepción de las imágenes se debe a la necesidad de que el orbitador de la misión Tianwen 1, permitiera un enlace de transmisión propicio con la Tierra; algo probablemente obvio pero que debía ser emitido por los responsables.

Pero también hemos sido testigos de nuestra propia respuesta, denotando una cierta imagen de limitación de lo bueno por nuestra parte, en la que asumimos que esto debe ser así "porque sí" y acatamos y nos sometemos a lo que vemos como "normal" cuando no debería serlo. Los sistemas políticos no deben controlar los modos en los que ocurren los acontecimientos científicos o los eventos de relevancia global y menos a estas alturas del siglo XXI. Y si lo hacen, lo mínimo que debemos hacer es manifestar nuestro rechazo y nuestra protesta en las redes sociales y científicas. O hay globalización, o no la hay.

En este caso, como en muchos otros, las redes sociales pueden jugar un papel fundamental. El espacio debería hacer trascender este concepto de mundialización en toda su magnitud y en todo su contexto. China está surgiendo como potencia a todos los niveles; en este caso también en la exploración de Marte. Bienvenida sea la apertura del cosmos a toda la humanidad, pero es casi un requerimiento o una declaración obligada por nuestra parte reclamar la transparencia y la apertura que ello merece. Es algo que nos expande, como humanidad, a más de un mundo.

Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Experto en Meteoritos, Geología Planetaria y Astrobiología en el IGEO (CSIC-UCM) y Profesor Honorífico (Ingeniería Aeroespacial) de la UC3M. Presidente de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de misiones NASA y ESA e instructor de astronautas ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 11 libros y más de 300 artículos. Miembro del Consejo Asesor de la Fundación Gadea Ciencia. Académico de la Academia de Ciencias, Ingenierías y Humanidades de Lanzarote. Cuenta con 2 premios de NASA y 5 de la ESA.

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