Imagen de la atmósfera de la Tierra, vista desde el espacio. Créditos: NASA

Los seres humanos vivimos en un entorno extraordinariamente sensible a los cambios. Dependemos de la Naturaleza y también de los eventos cósmicos, aunque es en el entorno de nuestra atmósfera en el que nos desenvolvemos habitualmente. La superficie terrestre y la atmósfera constituyen nuestros contextos fundamentales de habitabilidad. Necesitamos, antes que cualquier otra cosa, poder respirar. Por eso, es una obviedad decir que la Crisis Climática es un problema extremadamente serio y preocupante para nuestro futuro que ya estamos evidenciando en nuestro presente. Sí, un contexto sensible, pero vital para la humanidad. En comparación con el conjunto de nuestro planeta, la atmósfera es una fina capa cuya masa principal se concentra en los primeros 6 km y el 75 % en los primeros 11 km, desde la superficie de la Tierra.

No debemos confundir la humanidad con la vida y, menos aún, con la Tierra. Aunque nos estamos empeñando en destruir ecosistemas y actuar como un agente de extinción, tal vez incluso de extinción masiva, la vida es mucho más robusta que los humanos. Los extremófilos nos lo vienen demostrando desde hace tiempo, seres capaces de vivir sin oxígeno, en ambiente de metano, a grandes profundidades, bajo intensas dosis de radiacion, a altas y bajas temperaturas, a elevadas presiones, en ambientes hipersalinaos, etc.

Un estudio publicado en 2017, liderado por Larsen y colaboradores de la Universidad de Arizona, llevó a cabo una nueva clasificación de la biodiversidad del mundo. Según esta investigación, actualmente hay descritas aproximadamente 1 millón y medio de especies, aunque estos autores apuntan que podrían alcanzar los 6 mil millones entre animales, plantas, hongos, protistas y bacterias. De todas ellas, la "tarta de la vida" estaría dominada por las bacterias, constituyendo entre el 70 y el 90% de todas las especies. La robustez de la vida es un hecho inequívoco y el intentar asociar nuestras limitaciones vitales como seres humanos con las del conjunto de la biodiversidad de nuestro planeta es extremadamente pretencioso y una visión limitada y antropocéntrica de la Tierra. Obviamente, eso no es excusa. Debemos actuar con responsabilidad, sostenibilidad y respeto a la Naturaleza, de la que formamos parte, y dejar de acabar con los ecosistemas en nuestro desarrollo como especie.

En relación con la Crisis Climática, mi posición como científico es clara e inequívoca. Es uno de los problemas más serios a los que se enfrenta la humanidad. También lo es en relación con el enorme error de intentar abordar esta amenaza para las futuras generaciones de una manera sesgada. Cumbre tras Cumbre, ya llevamos 25, siempre acabamos con la misma sensación agridulce de tremenda incapacidad y de la futilidad de lo realizado. Debemos ser conscientes de que la Tierra es un todo y de que no podemos intentar enfrentarnos a un problema climático solamente aproximándonos desde una única perspectiva (la atmosférica). "La Tierra es un Sistema Integrado": el conjunto de Litosfera, Hidrosfera, Atmósfera y Biosfera y todas ellas están interconectadas. Es absurdo hablar de Cambio Climático sin considerar la influencia de los océanos en la atmósfera. Como lo es hablar de sexta extinción, incidiendo únicamente en los efectos del C02. El ser humano está actuando (estamos actuando) como un agente geológico en potencia contaminando suelos, acuíferos, ríos, mares y océanos; esquilmando especies; agotando nuestros recursos naturales y generando modificaciones "antinatura" del paisaje (desviando cauces fluviales, invadiendo llanuras de inundación, creando montañas de escombros, etc). Y todo, absolutamente todo, está interconectado. Esto ya lo apunté cuando estuve en el Comité de Recursos Naturales de Naciones Unidas en 1998 y cuando formé parte durante seis años de la UNCSTD (Comisión de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de la ONU). No fui el único, pero, desafortunadamente, no fue ni es fácil encontrar a científicos y políticos que tengan esa visión multidisciplinar del problema al que nos enfrentamos (eso sin contar los intereses creados que lo impiden).

Es paradójico que, al mismo tiempo que estamos agotando y consumiendo literalmente nuestro planeta, nos encontramos en el punto crucial de migración hacia el espacio, con todo lo que ello conlleva. Una visión pesimista de esta frontera en nuestro progreso indicaría que --como el agente Smith expresaba en la película Matrix--, el ser humano es como un virus que va consumiendo todo lo que toca. Quiero pensar que, de alguna manera, no es así. Que existe otra perspectiva más positiva y optimista. Que podemos, si no revertir, sí mitigar nuestros perniciosos efectos ligados indefectiblemente al desarrollo científico, tecnológico e industrial. Debemos ser capaces de intentarlo; con rigurosidad, sin alarmismos, pero comprendiendo la gravedad de la situación; haciendo caso a los científicos y evitando la politización y cualquier otro sesgo populista y sensacionalista que nos haga alejarnos de los objetivos a alcanzar, pues nos estamos jugando nuestro futuro.

En 1950 éramos más de 2.500 millones de personas en el planeta. Actualmente, somos unos 7.000 millones y en 2.070 se estima que en la Tierra seremos unos 10.000 millones de seres humanos. Algunos dicen que esto no supone ningún inconveniente. Pero, los datos son contundentes y rotundos e indican lo contrario. Estamos contaminando y consumiendo nuestro planeta. Por ello, si somos capaces de encontrar fuera de la Tierra, en los asteroides o en la Luna, los recursos necesarios para continuar con nuestro progreso, ello no solo nos permitiría satisfacer nuestras necesidades de habitabilidad y desarrollo, sino que también llevaría las explotaciones y la contaminación a lugares muy alejados, permitiendo salvaguardar nuestra casa, nuestros ecosistemas y nuestra atmósfera. De alguna manera, la utilización y explotación de los recursos del espacio podría ser una "vía de sostenibilidad" de nuestro propio progreso como especie.

Es fundamental que en el futuro realicemos nuestras actividades de acuerdo con protocolos éticos y de buenas prácticas que se vinculen a las regulaciones internacionales sobre utilización del espacio ultraterrestre. Desde nuestra Asociación Internacional de Geoética (IAGETH), afiliada a la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS) y a la Unión Internacional de Geodesia y Geofísica (IUGG), estamos comprometidos con ello. Esta en juego nuestro futuro, el futuro de nuestros descendientes a los que tenemos la obligación de legar un planeta mejor o, si no al menos, unas metodologías para que ellos consigan paliar nuestros desaguisados hacia la Naturaleza. Esa delgada capa en la que vivimos es más importante de lo que aparentemente podría parecer.

 

Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Investigador Científico del IGEO (CSIC-UCM). Jefe del Grupo de Investigación del CSIC de Meteoritos y Geociencias Planetarias. Fundador y Director de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de las misiones NASA-MSL (rover Curiosity), ESA-ExoMars y NASA-Mars2020 e instructor de astronautas en el Curso ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 10 libros y más de 200 artículos. Cuenta con dos premios de NASA y 5 de la ESA.

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Si te gusta la naturaleza, el universo y la vida, aquí encontrarás información sobre planetología y astrobiología. Adéntrate en el sistema solar, la materia primigenia y los procesos geobiológicos relacionados con el origen de la Tierra y la vida, su evolución y búsqueda más allá de nuestro planeta.

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