Casi sin ser conscientes de ello, estamos viviendo una auténtica revolución en la forma en la que la humanidad se está abriendo hacia el espacio. Sus efectos y repercusiones afectarán --y de hecho ya están afectando-- a todos los sectores sociales (agricultura y arquitectura planetaria, derecho, ética espacial, psicología y sociología espacial, comunicaciones, etc.). Pero uno de ellos es el del propio concepto de habitabilidad. La habitabilidad, al igual que la vida, tienen distintas definiciones, modelos y aproximaciones disciplinares y más que intentar buscar una común se tiende a respetar y valorar, en cada caso, los variados enfoques con los que pueden caracterizarse ambos conceptos.

Si dicha apertura hacia la exploración e investigación del cosmos es consistente con el cambio de paradigma socio-cultural ya destacado en este mismo foro, no es menos importante el hecho de cómo se están transformando y moldeando los principios que sustentan la habitabilidad en la Tierra, en su adaptación a entornos hostiles, como pueden ser la Luna, Marte o cualquier otro incluso menos propicio y desconocido.

Una adaptación que se refiere a dos conceptos básicos relativos a la habitabilidad en el ámbito astrobiológico. Por una parte en cómo estamos aprendiendo de los análogos planetarios y de los ambientes extremos de la Tierra (subaéreos, submarinos, subterráneos, etc.), para detectar vida o huellas de vida microbiana en el pasado o presente de los planetas o lunas, comprendiendo su distribución y complejidad en cuanto a su relación con el marco geológico en el que se localizan. Por otro, en cómo usar los nuevos hallazgos lunares y planetarios y el conocimiento y progreso sobre recursos del espacio para nuestra propia habitabilidad como especie interplanetaria. Sí, por primera vez podremos denominarnos así. No es un concepto nuevo. Entre otros, ya fue establecido por ejemplo por Stephen Hawking en 2008, no ya como una iniciativa, sino casi una necesidad para nuestra supervivencia como especie. El propio Elon Musk en un artículo publicado en 2017 ya aludía también a la importancia del ser humano como especie multi-planetaria, enfocando su ensayo especialmente a Marte. Incluso existen iniciativas artísticas y culturales con este nombre.

En cuanto a la habitabilidad microbiana y sus huellas, en el caso de la Luna deberemos considerar que nosotros somos los portadores de la misma, con lo que ello implica a efectos de contaminación biológica de nuestro satélite. En el caso de Marte, aún no sabemos con certeza si la vida emergió e incluso pudo evolucionar en el pasado acuoso marciano, cuando las condiciones de habitabilidad eran más favorables y también más diversas atendiendo a su mayor vitalidad geológica. Tampoco se descarta que la vida microbiana pueda existir en la actualidad en el planeta rojo, aunque sería más improbable que en el pasado y, en caso de existir, se encontraría bajo la superficie. En la superficie de Marte las condiciones ambientales son extremadamente agresivas para la vida (tal y como la conocemos), especialmente, aunque no solo, debido a la intensa radiación UV que destruye los compuestos orgánicos.

En cuanto a la habitabilidad humana, en el caso de la Luna estamos iniciando un proceso que podría denominarse "vital lunar" en el que convergen numerosos factores y que, de alguna manera, pretende trasladar la experiencia de ya más de 20 años en la Estación Espacial Internacional y en otras bases terrestres, como las árticas o antárticas, al polo sur de nuestro satélite. Algo que nos obliga también a adaptarnos y reconciliarnos con el nuevo e inhóspito entorno geológico y a ser capaces de utilizar "in situ" los recursos que allí puedan existir y sernos útiles, recursos que son sobre todo de tipo geológico y que van desde el propio oxígeno para respirar, el agua o el aprovechamiento del regolito para usos multipropósito.

En el caso de Marte, el problema de nuestra habitabilidad puede que se vea facilitado en unos casos con respecto a la Luna, pero complicado en otros, especialmente debido a las dificultades del viaje (médicas, psicológicas, tecnológicas, logísticas, etc.) y a la imposibilidad de tener cerca a la Tierra para cualquier circunstancia o contingencia que pudiera ocurrir. No obstante, será Marte el planeta que, por primera vez, nos acreditará como especie interplanetaria y el primer paso para ir más allá, más lejos en el futuro, como especie interestelar.

Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Experto en Meteoritos, Geología Planetaria y Astrobiología en el IGEO (CSIC-UCM) y Profesor Honorífico (Ingeniería Aeroespacial) de la UC3M. Presidente de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de misiones NASA y ESA e instructor de astronautas ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 11 libros y más de 300 artículos. Miembro del Consejo Asesor de la Fundación Gadea Ciencia. Académico de la Academia de Ciencias, Ingenierías y Humanidades de Lanzarote. Cuenta con 2 premios de NASA y 5 de la ESA.

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Si te gusta la naturaleza, el universo y la vida, aquí encontrarás información sobre planetología y astrobiología. Adéntrate en el sistema solar, la materia primigenia y los procesos geobiológicos relacionados con el origen de la Tierra y la vida, su evolución y búsqueda más allá de nuestro planeta.

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