Ya he comentado en este mismo foro que uno de los aspectos fundamentales de la exploración e investigación lunar y planetaria es que el espacio será (de hecho ya es) otro sitio donde el ser humano desarrollará sus actividades más comunes. Hace pocos decenios el espacio se veía como un lugar remoto e ignoto en el que la ciencia y la tecnología primaban como áreas del progreso humano, a través del desarrollo de los ingenios más vanguardistas que la humanidad era capaz de concebir. Esto es así, y así seguirá, dada la inmensidad del cosmos y nuestro aún limitado conocimiento sobre él.

La investigación y exploración espacial debe entenderse en el marco de la ampliación de las fronteras de nuestro conocimiento sobre la naturaleza y el universo, algo que es importante per se sin necesidad de ninguna otra justificación de tipo económico o político. Es el simple hecho de aprender, satisfaciendo nuestra curiosidad, para progresar como seres humanos: lo que nos ha ayudado a evolucionar como especie. A esto hay que unir también que existen numerosos retornos científicos y tecnológicos, directos e indirectos, en otras áreas (comunicaciones, medicina, medio ambiente, riesgos naturales, recursos minerales, etc.), que atestiguan su importancia en nuestro día a día.

Sin embargo, existe una componente de retorno que está comenzando a emerger globalmente y que, aunque menos visible, no es por ello menos importante. De hecho, tal vez constituya la clave para confirmar la maduración de un proceso Tierra-Espacio-Tierra, que se retroalimenta a través de la imbricación culturalmente holística de todo lo que conlleva el espacio como nuevo entorno en nuestro avance más allá de las fronteras de nuestro planeta: su incorporación al Arte, Humanidades y Ciencias Sociales, en este caso, a la primera. Pero no me refiero al denominado Arte Espacial como género de expresión, sino a algo que va todavía más allá. Algo que está ya ocurriendo y que se ejemplifica muy bien con una iniciativa artística desarrollada en Hondura de Huebra, un pequeño pueblo de Salamanca (Castilla-León) de apenas 10 habitantes, que he tenido la oportunidad de conocer recientemente.

Si acudimos a una definición general sobre el arte, como la de Tatarkiewicz, en su "Historia de seis ideas", esta es entendida como cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones y, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos. Y esta es precisamente la idea, el concepto que subyace en la extraordinaria "Escultura Habitable" que está realizando Domingo Sánchez Blanco y que, además de la importancia de la obra en sí misma, pretende ser un proyecto multidisciplinar internacional que integre simbióticamente la ciencia y el arte, en todos aquellos aspectos relativos a la habitabilidad, no solo terrestre, sino también lunar y planetaria.

La iniciativa estuvo liderada y promovida por el propio autor de la obra, el Dr. Domingo Sánchez-Zarza, presidente de ISAAAC (IoT/Industrial IoT, System of Systems, Autonomy, Algorithms, Analytics, Complexsystems), geólogo y experto en el desarrollo de estrategias y sistemas estratégicos de innovación, junto con la Sociedad de Científicos Retornados a España, CRE, a través de su presidente, Dr. Fernando Josa Prado, biólogo, experto en biología molecular-celular y movilidad, política y diplomacia científicas. Ambas entidades sellaron un acuerdo institucional, mediante el descubrimiento de dos placas, para impulsar este concepto en un evento que involucró presencialmente a representantes de distintos ámbitos (cultura, política, investigación, empresa, etc.). El arte se convierte así, a través de esta Escultura Habitable, en un foco que trasciende lo material y estético y pretende conjugar todo lo relacionado con el presente y el futuro de la habitabilidad (incluida la habitabilidad espacial), en un foro para el intercambio de experiencias, proyectos y conocimientos y en un centro de atracción de talento, creatividad e innovación para el futuro de la humanidad.

El arranque de esta iniciativa –tras la firma del convenio-- contó con dos conferencias y un debate entre todos los participantes, a cargo de la investigadora argentina Salomé Balderrama, promotora de FORSCIS (Científicos/Investigadores e Innovadores Extranjeros en España), que ha trabajado en el sector de la energía en 23 países, tanto subdesarrollados como megadesarrollados, quien habló sobre "smart cities" (ciudades inteligentes) y otra en relación con la futura habitabilidad en la Luna, en la que yo fui el ponente. Entre los diferentes temas abordados, un ejemplo que ilustra las sinergias generadas en este evento y que surgió durante la mesa redonda posterior a las conferencias se centró curiosamente en el corcho. Varios empresarios relacionados con su industria se encontraban entre el público y, durante el debate --conociendo la utilización de este material en las misiones Apollo a la Luna--, sugerí la idea de su posible importancia astrobiológica para la habitabilidad en el espacio desde distintas perspectivas (principalmente en la Luna y Marte). Esta idea fue acogida por todos con gran interés y, con el respaldo de ISAAAC y CRE junto con otros colaboradores, esperamos desarrollarla en un futuro.

La UNESCO contempla, cada vez con mayor relevancia, el denominado patrimonio cultural inmaterial o intangible y lo define como las prácticas y expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, artes escénicas, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional. De alguna manera, la incorporación al arte de los conocimientos y prácticas multidisciplinares sobre habitabilidad planetaria en todo su contexto es una forma de preservar --y también mostrar a la sociedad presente y futura--, este patrimonio inmaterial que, desde el espacio se concibe ya como una parte de nuestra cultura. ¡Quién nos iba a decir que, gracias a una reunión sobre arte vanguardista, en una pequeña localidad salmantina de Castilla-León, pudiera surgir un proyecto científico e innovativo sobre habitabilidad en el espacio! Sin ninguna duda, la Escultura Habitable ha comenzado a dar sus frutos como una proyección tangible hacia el futuro de ese patrimonio inmaterial que incorpora, de manera invisible, pero real.

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Placas de ISAAAC y CREE bajo la Escultura Habitable de Hondura de Huebra, que sellaron simbolicamente el acuerdo entre ambas instituciones para impulsar esta novedosa iniciativa.

Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Investigador Científico del IGEO (CSIC-UCM). Jefe del Grupo de Investigación del CSIC de Meteoritos y Geociencias Planetarias. Fundador y Director de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de las misiones NASA-MSL (rover Curiosity), ESA-ExoMars y NASA-Mars2020 e instructor de astronautas en el Curso ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 10 libros y más de 200 artículos. Cuenta con dos premios de NASA y 5 de la ESA.

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