Inicio 2023 retomando las dos últimas palabras (Luna y Marte) del título del último artículo publicado aquí, enfocado a un tema en el que convergen diversos aspectos ligados a las misiones de exploración humana a nuestro satélite y al planeta rojo. Y lo hago en relación con otra cuestión que está siendo de interés crucial para un apropiado desarrollo de las mismas: los denominados ISRU, acrónimo de "In Situ Resource Utilization".

Como ya hemos indicado en más de una ocasión en este mismo foro, la humanidad se está abriendo al espacio en toda su dimensión. Ya no es solamente la ciencia y la tecnología o el interés astronómico, astrofísico, geológico o astrobiológico, sino al que nos atañe como especie en nuestra búsqueda de nuevos horizontes y en nuestra expansión hacia nuevos contextos. La misión Artemisa, el renovado ambiente de competición entre agencias espaciales, la aparición de agentes privados, y también, por qué no decirlo, las colaboraciones internacionales, con objetivos comunes hacia más allá de nuestras fronteras terrestres, siendo Marte el primer y el más próximo (aunque no el único) objetivo planetario, constituye un caldo de cultivo que no tiene precedentes.

En todo este entramado, todo lo relacionado con la utilización de los recursos in-situ bien sea en la Luna en un primer paso, o Marte, un poco después, está siendo fundamental para establecernos en el futuro fuera de la Tierra, aunque solo sea desde un punto de vista semipermanente. El polo sur de nuestro satélite está siendo el lugar que mejor ejemplifica lo que será esta utilización in-situ de recursos centrada en nuestra habitabilidad lunar.

Y estamos hablando de recursos geológicos focalizados principalmente en el regolito, el hielo de agua y en las rocas y minerales que allí existen. Ya se han evaluado sus posibilidades para muchas aplicaciones: escudos anti-radiación, extracción de oxígeno y de elementos estratégicos, uso del regolito para el cultivo de alimentos y plantas, construcción de caminos, carreteras, pistas de despegue y aterrizaje, obras diversas, muros de contención, entre otros. Es decir, hasta el momento, todo lo relacionados con la ISRU está ligado indefectiblemente a nuestra supervivencia, una necesidad vital. O lo hacemos así, como una condición imprescindible, o no sobreviviremos.

Sin embargo, en paralelo a todo esto, también hemos comentado aquí que, asociada a nuestra expansión hacia el espacio, con nosotros van también otros aspectos y valores: medicina espacial, derecho espacial, ética espacial, arquitectura espacial, política espacial que cubren otra dimensión que caracteriza nuestro acervo cultural y humano. Y es en este sentido en lo que quiero subrayar algo que he manifestado en el título de este breve artículo: otras aplicaciones de los ISRU. Aplicaciones que tal vez no se consideran de necesidad vital para nuestra supervivencia, pero que no por ello son menos importantes. Algo que implica que estamos ya dando, casi sin ser conscientes, un paso más en este proceso de la Tierra al espacio.

Aspectos cómo la forma en que influye la estructura arquitectónica de las futuras bases y su concepción, en relación con problemas psicológicos y sociológicos, el tipo de alimentación y su sofisticación más allá de lo que sería básico para nuestra supervivencia, y otras cuestiones que ya inducen a percibir que estamos un paso por delante. Pero que también suponen un cambio sociocultural, que nos está afectando, probablemente sin percatarnos lo suficiente, al estar inmersos en él.

Un ejemplo de ello es el proyecto Hypate del zaragozano Carlos Traginer en el me cabe el honor de participar. En esta iniciativa, de la que formamos parte investigadores de distintas disciplinas científicas, junto con artistas, diseñadores y músicos, se contempla la primera y pionera utilización de los recursos lunares y marcianos para algo que, en principio, podría parecer que carece de relevancia en cuanto a la habitabilidad lunar o marciana, pero que, sin embargo, sí la tiene: la valoración de la utilización del regolito para la fabricación de instrumentos musicales.

Para ello, ya se han conseguido resultados sencillos con simulantes regolíticos, pero que abren una nueva línea de investigación que fusiona ciencia, tecnología y música en el espacio. Simulantes regolíticos en los que España también está siendo pionera. Un nuevo concepto ligado a los ISRU que trasciende la habitabilidad per se y que nos vincula con un nuevo paradigma. Un proyecto que ilustra muy bien cómo los aspectos socioculturales ya están impregnando también esta futura migración hacia el espacio en toda su dimensión y complejidad poliédrica que caracteriza a la actividad humana.

Imagen: NASA

Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Experto en Meteoritos, Geología Planetaria y Astrobiología en el IGEO (CSIC-UCM) y Profesor Honorífico (Ingeniería Aeroespacial) de la UC3M. Presidente de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de misiones NASA y ESA e instructor de astronautas ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 11 libros y más de 300 artículos. Miembro del Consejo Asesor de la Fundación Gadea Ciencia. Académico de la Academia de Ciencias, Ingenierías y Humanidades de Lanzarote. Cuenta con 2 premios de NASA y 5 de la ESA.

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Si te gusta la naturaleza, el universo y la vida, aquí encontrarás información sobre planetología y astrobiología. Adéntrate en el sistema solar, la materia primigenia y los procesos geobiológicos relacionados con el origen de la Tierra y la vida, su evolución y búsqueda más allá de nuestro planeta.

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