Los estudios sobre el origen de la vida se remontan lejos en el tiempo y todo ensayo, toda investigación, aunque ahora nos parezca insignificante, ha puesto su granito de arena para alcanzar el nivel de conocimiento conceptual y metodológico que forma parte de las iniciativas, instrumentos y sondas más avanzadas de nuestro siglo.

Ya hemos comentado en este mismo foro cómo, desde el surgimiento "oficial" de la Astrobiología como ciencia interdisciplinar en el seno de la NASA a mediados de los 90 del siglo pasado, se ha producido un cambio trascendental, casi paradigmático, de la búsqueda de vida y de entender qué es la vida en el marco de la evolución del universo. Se han establecido nuevas revistas científicas de altísimo nivel, proyectos innovadores, integración inequívoca y sin complejos de estos aspectos astrobiológicos en las misiones espaciales y todo lo que corresponde al nacimiento de una nueva área transversal, donde convergen desde la ingeniería a la microbiología o desde la cosmoquímica a la geología planetaria.

El motor de todo ello es, como en cualquier otra investigación, la curiosidad y el afán de conocimiento y también intentar responder a esa gran pregunta de si estamos, o no, solos en el universo. Algo que, sin duda, marca de manera específica y especial estos estudios, pues conlleva una dosis de ilusión y esperanza individual y colectiva que, en ocasiones, nos aleja de la rigurosidad científica y nos aproxima a intentar expresar y refrendar más nuestro deseo de éxito que a proporcionar las evidencias inequívocas de que efectivamente lo hemos conseguido.

Obviamente, también existen razones espurias, como siempre las hubo, que llevan a algunos a proporcionar intencionadamente datos confusos, sesgados o incluso erróneos, bien sea por afán de notoriedad, intereses institucionales, económicos, etc. Por eso la ética, es fundamental, tanto desde el punto de vista científico, como en los aspectos de comunicación ciencia-sociedad. Debemos trasladar la información correctamente, obviando cualquier mala interpretación ya sea condicionada por nuestra propia ilusión, como por cualquier otra razón. No hacerlo es contraproducente ya que, además de generar falsas expectativas proporcionando una información falaz, desprestigiamos nuestra propia línea de investigación astrobiológica con anuncios que no se corresponden con la realidad, ni se ajustan a la verdad de los resultados científicos obtenidos.

Hace apenas 48 horas hemos vivido un episodio astrobiológico que sintetiza lo anteriormente expuesto, a partir de un excelente estudio sobre la aparente detección de fosfina en Venus, publicado en la revista Nature Astronomy. No es la primera vez. Ya ocurrió en el pasado con Marte y Titán, en el primero en relación con un meteorito marciano, el ALH84001, y en ambos sobre el metano y sus implicaciones en relación con la posible existencia de vida en el planeta rojo y en la helada luna de Saturno. Incluso lo hemos vivido con algunos planetas extrasolares, donde la cuestionable habitabilidad de TRAPPIST-1, a 40 años luz de la Tierra, fue objeto de todo tipo de especulaciones sensacionalistas. Y probablemente seguirá ocurriendo porque somos humanos y vivimos en una sociedad globalizada donde los titulares y el impacto directo de la noticia parecen primar frente a cualquier otra cuestión.

Los medios y los profesionales de la comunicación científica tienen en esto una gran responsabilidad. Pero también nosotros, los científicos y en especial los astrobiólogos. Debemos ser especialmente cautos, rigurosos y honestos y evitar cualquier insinuación interesada, tanto en las publicaciones de nuestros trabajos en las revistas científicas, como en su comunicación social, intentando siempre aportar los datos y los resultados reales. Nosotros sabemos las limitaciones y los riesgos de usar el término biomarcador cuando lo es o no lo es y conocemos muy bien que no es lo mismo habitabilidad que vida, dos conceptos que se confunden en muchas ocasiones y que dan lugar a controversia.

No por actuar correctamente carecemos de la ilusión para lograr nuestros objetivos. Todo lo contrario. Los descubrimientos de 48 horas pueden ser mediáticamente impactantes, pero a la larga son contraproducentes.

Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Investigador Científico del IGEO (CSIC-UCM). Jefe del Grupo de Investigación del CSIC de Meteoritos y Geociencias Planetarias. Fundador y Director de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de las misiones NASA-MSL (rover Curiosity), ESA-ExoMars y NASA-Mars2020 e instructor de astronautas en el Curso ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 10 libros y más de 200 artículos. Cuenta con dos premios de NASA y 5 de la ESA.

Página web personal

Sobre este blog

Si te gusta la naturaleza, el universo y la vida, aquí encontrarás información sobre planetología y astrobiología. Adéntrate en el sistema solar, la materia primigenia y los procesos geobiológicos relacionados con el origen de la Tierra y la vida, su evolución y búsqueda más allá de nuestro planeta.

Ver todos los artículos