Para adentrarnos en este tema, tenemos que intentar comprender en primer lugar el origen, evolución geológica y las características planetarias del planeta o luna. Una vez hecho esto, o en ocasiones en un desarrollo paralelo, hay que establecer sus condiciones de habitabilidad (pasada y presente), así como conocer cómo se distribuyen los requisitos de habitabilidad a distintas escalas planetarias. La robustez de la vida y la biodiversidad, si tomamos como modelo el conjunto cada vez mayor de ambientes y organismos extremófilos que conocemos en la Tierra, nos permite sugerir que lo que aparentemente no sería viable para un determinado tipo de vida, sí podría serlo para otro. Y sabemos, por experimentos realizados en las cámaras planetarias, que las condiciones pueden variar en apenas 1 mm. Por ello, es importante combinar apropiadamente el uso de los geomarcadores y biomarcadores (ver Análogos terrestres...Marte y más allá), teniendo en cuenta la amplia variabilidad de opciones. Si nos referimos al pasado del planeta o luna, tendremos que considerar los distintos paleoambientes estructurados a escala regional en su correspondiente geodiversidad (con incluso probable solapamiento de procesos), y cómo esta geodiversidad ha podido condicionar la emergencia y evolución de la vida.

En la Tierra sabemos que funciona la Tectónica de Placas y que existe una geodinámica interna y externa que determinan la vitalidad geológica de nuestro planeta. Ello contribuye a la generación, transformación y destrucción continua de ambientes; un gigantesco motor planetario que propicia, gracias a esta dinámica geológica, la existencia de la geodiversidad, tan importante para la vida. Por ello, en los objetos planetarios (principalmente planetas, lunas y también asteroides) en los que no existe dicha vitalidad geológica, las posibilidades de encontrar vida son mucho menores (al menos de acuerdo con los parámetros que conocemos tomando la Tierra como modelo).

Esta interacción de las modelizaciones geobiológicas aplicable a la búsqueda de vida extraterrestre es un hecho "per se", por ejemplo, en la actual exploración de Marte. Descontando la Tierra, Marte es el planeta más importante de nuestro sistema solar desde el punto de vista astrobiológico. Su vitalidad geológica fue especialmente importante en sus primeras etapas de evolución, con numerosas regiones volcánicas y estructuras gigantescas, como el Olympus Mons (el mayor volcán conocido de nuestro sistema solar). La geodinámica externa también tuvo que ser relevante, con una atmósfera distinta a la que observamos actualmente, en la que las propias emisiones volcánicas debieron contribuir de manera decisiva, con escorrentía superficial, interacciones del agua con los materiales volcánicos primarios generando nuevas fases minerales, sistemas hidrotermales, etc. En la actualidad, Marte ha cambiado de forma radical. No obstante, estudios recientes permiten ser algo optimistas en cuanto a la posible existencia de cierta actividad, aunque de otra índole y en otro contexto. Y esta actividad también tiene interesantes implicaciones en relación con la habitabilidad y la búsqueda de vida.

En Marte, actualmente, no solo existen huellas de posible escorrentía superficial en algunas torrenteras, sino que en determinadas zonas también parece existir un flujo subsuperficial estacional. El hallazgo más reciente, en el que me cabe el honor de haber tomado parte, ha sido la detección de indicios de una posible actividad superficial (en ciclo día/noche) entre el regolito marciano, las sales (percloratos) y el vapor de agua atmosférica. Esta interacción denotaría la posible existencia (aunque de manera efímera) de agua líquida en forma de salmueras impregnando los niveles superficiales del regolito. Este estudio se publicó en Nature Geoscience y fue seleccionado para ilustrar la portada de la revista. Es decir, Marte podría no estar del todo "muerto", lo que abre nuevas perspectivas a los estudios sobre habitabilidad (especialmente por debajo de unos pocos centímetros de su superficie donde los procesos de hidratación podrían ser más permanentes).

 Izquierda: Imagen coloreada de la superficie de Europa elaborada a partir de datos de la sonda Galileo. Las zonas blancas-azuladas indican hielo de agua pura y las rojizas son zonas de mezcla de agua con sales hidratadas (principalmente sulfato de magnesio o ácido sulfúrico). Se ha propuesto que estas estructuras serían el resultado superficial de procesos geológicos que conectarían con un océano global subsuperficial. Créditos: NASA/JPL-Caltech/SETI Institute. Derecha (arriba): En el polo sur de Encélado, se ha propuesto que podría existir un océano bajo su superficie (una corteza de hielo de entre 30-40 km de espesor). Esta recreación artística muestra la actividad hidrotermal que tiene lugar, denotando su vitalidad geológica. Créditos: NASA/JPL-Caltech. Derecha (abajo): Plumas de hielo de agua en una imagen tomada por la sonda Cassini el 21 de Noviembre de 2009 a unos 14.000 km de Encélado. NASA/JPL/Space Science Institute

Estos mismos procesos que relacionan la importancia de la vitalidad geológica con la búsqueda de vida son también aplicables, salvando las distancias y diferencias composicionales, a lunas heladas como Europa, Encélado o Titán. Otros mundos donde la investigación ya está en desarrollo y en los que existen distintos sistemas geológicos criomagmáticos con hielo de agua, fracturas con sales hidratadas e hidrocarburos (principalmente metano), respectivamente. Y ¿por qué no pensar en los planetas extrasolares? Aunque aún nos encontramos en una fase muy primigenia en la detección de indicadores de procesos litosféricos, estamos avanzando enormemente en el hallazgo de nuevas Tierras que podrían ser potencialmente habitables.

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Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Investigador Científico del IGEO (CSIC-UCM). Jefe del Grupo de Investigación del CSIC de Meteoritos y Geociencias Planetarias. Fundador y Director de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de las misiones NASA-MSL (rover Curiosity), ESA-ExoMars y NASA-Mars2020 e instructor de astronautas en el Curso ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 10 libros y más de 200 artículos. Cuenta con dos premios de NASA y 5 de la ESA.

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Si te gusta la naturaleza, el universo y la vida, aquí encontrarás información sobre planetología y astrobiología. Adéntrate en el sistema solar, la materia primigenia y los procesos geobiológicos relacionados con el origen de la Tierra y la vida, su evolución y búsqueda más allá de nuestro planeta.

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