Aunque ha pasado prácticamente desapercibido en los medios, esta semana se ha cumplido el 55 aniversario de un Acuerdo importante para el futuro de la humanidad, el denominado Tratado sobre el espacio ultraterrestre o Tratado del espacio, cuyo nombre completo es Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluyendo la Luna y otros cuerpos celestes. Básicamente, un compromiso multilateral y un marco jurídico básico, que marca las directrices fundamentales que sustentan (o deberían sustentar) el Derecho Internacional acerca del espacio. El Tratado, negociado bajo el marco de Naciones Unidas, quedó abierto a su firma en Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética el 27 de enero de 1967 y entró en vigor el 10 de octubre de 1967. En la actualidad, 111 países forman parte del Tratado y otros 23 son signatarios.

Sería prolijo pretender ofrecer aquí una visión global de todas sus poliédricas implicaciones, pero sí creo que merece la pena subrayar su 55 aniversario y su relevancia presente y futura, a la vista del desarrollo, cada vez mayor, de actividades de la humanidad en el espacio. El Tratado es muy claro al respecto --y desde su inicio--, a través del primero de sus 17 artículos:

Artículo I

La exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, deberán hacerse en provecho y en interés de todos los países, sea cual fuere su grado de desarrollo económico y científico, e incumben a toda la humanidad.

El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, estará abierto para su exploración y utilización a todos los Estados sin discriminación alguna en condiciones de igualdad y en conformidad con el derecho internacional, y habrá libertad de acceso a todas las regiones de los cuerpos celestes.

El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, estarán abiertos a la investigación científica, y los Estados facilitarán y fomentarán la cooperación internacional en dichas investigaciones.

De acuerdo con la Oficina de Naciones Unidas para los Asuntos del Espacio Exterior (UNOOSA), el Tratado define una serie de principios fundamentales:

  • Libertad de exploración y utilización del espacio ultraterrestre a todos los Estados, sin discriminación.
  • Igualdad en la exploración y utilización. Esta igualdad deberá hacerse en provecho y en interés de todos los países, sea cual fuere el grado de desarrollo económico y científico.
  • No apropiación. El espacio ultraterreste, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrán ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera.
  • Utilización para fines pacíficos. Se prohíbe expresamente la colocación en órbita de armas nucleares ni de otro tipo de destrucción masiva, emplazarlas o colocarlas en el espacio ultraterrestre y establecer bases, instalaciones y fortificaciones militares o efectuar ensayos con fines militares.
  • Principio de imputabilidad de responsabilidad a los Estados por las actividades que realicen en el espacio ultraterrestre sus organismos gubernamentales o no gubernamentales. En el caso de actividades realizadas por una Organización internacional, serán imputables a ésta y a los Estados partes en la misma.
  • Principio de cooperación y asistencia mutua en las referidas actividades.
  • Principio de subordinación al Derecho internacional. Los Estados partes deberán realizar sus actividades de exploración y utilización de conformidad con el Derecho Internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas.

Hay que detenerse un momento y releer algunos de estos principios y artículos para comprobar que las cosas están desarrollándose de manera casi caótica y desviándose bastante del rumbo marcado por el espíritu del Tratado. Nos enfrentamos a nuevos retos y desafíos, a nuevas incorporaciones de entidades y organizaciones privadas al contexto espacial y a todo un cúmulo de intereses económicos, sociales, culturales, científicos y tecnológicos que nos obligan a revisitar lo realizado y a una colaboración interdisciplinar e internacional, para definir nuevas pautas y regulaciones, no solo legales, sino también éticas, donde, desde la ciencia, el derecho y la política se establezca un nuevo y actualizado marco de referencia común a escala global. En este sentido, es fundamental acudir a expertos como el Prof. Juan Manuel de Faramiñan, uno de los grandes especialistas internacionales que en su último libro al respecto, aborda con rigurosidad y también con coraje estos problemas, principalmente los ligados a la minería espacial, demarcando sin ambages cuáles son las fortalezas y debilidades de la situación actual.

Personal y científicamente, percibo un contexto actual bastante difuso, que necesita ser estructurado con la colaboración de todos. Y no solo en relación con el tema de la propiedad de los futuros recursos que puedan descubrirse o su explotación, sino también en cuanto a la basura espacial, las constelaciones de pequeños satélites, que irán a más, las controvertidas iniciativas de colisión de naves contra cometas, asteroides, la Luna u otros planetas y lunas, sin contar que el beneficio de unos objetivos científicos puede constituir también el perjuicio de otros. Y, sin duda, muchos otros aspectos que cubren el amplio espectro multisectorial de la actividad humana en su apertura hacia el cosmos.

Como se indicaba en este mismo foro, debemos ser conscientes de que la humanidad se está abriendo al espacio y el espacio está ya siendo un nuevo contexto absolutamente para todo. Y con nosotros se traslada todo lo mejor y también todo lo peor. Confiemos en que, tras estos 55 años del Tratado y la ingente cantidad de proyectos e iniciativas que se desarrollarán de hoy en adelante, seamos capaces de no repetir en el futuro en otros asteroides, planetas y lunas, los errores cometidos en el pasado en nuestro propio planeta.

 

Jesús Martínez Frías
Jesús Martínez Frías

Experto en Meteoritos, Geología Planetaria y Astrobiología en el IGEO (CSIC-UCM) y Profesor Honorífico (Ingeniería Aeroespacial) de la UC3M. Presidente de la Red Española de Planetología y Astrobiología. Miembro de misiones NASA y ESA e instructor de astronautas ESA-PANGAEA en el Geoparque UNESCO de Lanzarote. Preside la IAGETH; ha sido profesor en varias universidades y ha publicado 11 libros y más de 300 artículos. Miembro del Consejo Asesor de la Fundación Gadea Ciencia. Académico de la Academia de Ciencias, Ingenierías y Humanidades de Lanzarote. Cuenta con 2 premios de NASA y 5 de la ESA.

Página web personal

Sobre este blog

Si te gusta la naturaleza, el universo y la vida, aquí encontrarás información sobre planetología y astrobiología. Adéntrate en el sistema solar, la materia primigenia y los procesos geobiológicos relacionados con el origen de la Tierra y la vida, su evolución y búsqueda más allá de nuestro planeta.

Ver todos los artículos