A medida que se vayan desarrollando los hechos alrededor del sobrevuelo (antes y después), iré publicando en el enlace abajo, en un hilo de twitter, las curiosidades de esta histórica misión.

http://bit.ly/hilo-utlima-thule

Estamos a tan solo unas horas de que un navío interplanetario sobrevuele la roca más lejana del Sistema Solar sobre la que pondremos nuestros curiosos ojos.  Me refiero naturalmente a Ultima Thule, una roca de hielo de un par de decenas de kilómetros de extensión, perdida en la inmensidad del cinturón de Fernández-Kuiper, y que será sobrevolada en la madrugada del primer día del último año de esta década, por el navío interplanetario New Horizons.

El primero de enero de 2019 la sonda New Horizons sobrevolará Ultima Thule, el primer KBO (objeto del cinturón de Kuiper) fotografiado por un vehículo espacial.  Imagen: Roman Tkachenko.

Hace tan solo unas semanas, otra nave interplanetaria, la Voyager 2, atravesó el límite electromagnético del Sistema Solar y se zambullo en el oceano de plasma en el que flotan las estrellas. 

No hace mucho más de un año, un objeto natural se precipito desde el borde del sistema solar (como lo hacen decenas de billones de ellos cada año), con tan buena suerte que su trayectoria lo puso a una distancia apropiada para que los telescopios que escudriñan constantemente el cielo, lo descubrieran y estudiaran por un par de semanas. Nos referimos naturalmente al afamado Oumuamua (pronunciado correctamente "Ou múa múa").  Su observación dejo más preguntas que respuestas sobre lo que flota allá más allá de la última frontera.

No hay duda de que nuestra especie esta mostrando una precodidad exploradora que ni los más imaginativos filósofos de la antigüedad hubieran anticipado. 

En poco más de 100 años pasamos de levantarnos unos metros sobre el suelo en una bicicleta con alas, a lanzar "dardos" de aluminio y silicio contra rocas a horas luz de distancia; y hasta de soñar con perseguir objetos interestelares.

Aprovechando el nuevo hito de exploración que el New Horizons alcanzará este primero de enero de 2019, he aquí un repaso a algunos de esos hitos de exploración, del pasado lejano y del reciente y naturalmente, una descripción detallada de lo que puede llegar a significar el sobre vuelo del Ultima Thule.

Genes exploradores 

El origen de nuestra manía por explorar, "comenzó", posiblemente una mañana de algún día perdido en la oscuridad del tiempo, hace unos 70,000 años. 

Al amanecer de ese día, una pequeña comunidad (tal vez un puñado o unas docenas de individuos) decidió emprender lo que inicialmente era una jornada más de migración.

Algo secretamente escondido en sus genes, le dijo a los líderes de este pequeño grupo, que ese era el momento de caminar, con sus corotos y niños a cuestas, mucho más allá de los paisajes familiares del que ahora sabemos era el nororiente de Africa.

Alan Stern (derecha), líder de la misión New Horizons y el líder de una pequeña comunidad de Homo Sapiens hace 70,000 años (izquierda) tienen genes casi idénticos.  Entre su carga genética se encuentra una obsesión por la exploración que ha llevado a nuestra especie a explorar paisajes desconocidos simplemente porque están ahí.

Un paisaje que compartían con individuos muy parecidos a ellos, pero con los que no se habrían atrevido a intimar por siglos e incluso milenios.  

Cientos de generaciones de cruces entre primos cercanos y otros no tanto, habían aislado en este grupo de individuos rasgos físicos, enfermedades, gustos y hasta tradiciones, que sin porponérselo fueron la base para el surgimiento de una especie nueva.  Decenas de miles de años después un descendiente lejano la llamaría Homo Sapiens Sapiens.  

Dentro de esos rasgos aislados genéticamente por el cruce selectivo, habría uno que definiría el futuro de esta nueva especie (y aparentemente del planeta que les dio a luz). El impulso institivo por explorar territorios, montañas y ríos, más allá del mundo que conocían, no porque hubiera más o mejor comida, sino y como lo diría otro descendiente remoto suyo cientos de generaciones después, simplemente "porque estaban ahí".

La caminata no fue corta.  Muchos fueron los que murieron en el camino (dejando sus huesos para que otros exploradores descubrieran su aventura miles de años después). Fueron víctimas de fieras desconocidas que encontraron en su camino, así como climas extremos y mortales. Montañas y ríos con caminos azarosos.  Y hasta vecinos agresivos y territoriales, extrañamente similares a ellos mismos. 

No lo sabían, pero el camino que iniciarían aquella mañana, concluiría apenas 60,000 años después, cuando cada rincón de la superficie finita del planeta en el que descubrieron que vivían, había sido explorada o habitada por alguno de sus primos lejanos.

El mundo desde arriba

A pesar de ser un planeta con una superficie finita, la Tierra es jodidamente grande. Lo debería atestiguar el simple hecho que nos tomo 60,000 años caminarlo de "punta a punta", sin la ayuda de mapas, brújulas o GPS.  Todo un festín para nuestra manía exploradora.

Nuestros genes exploradores, seleccionados posiblemente en el mismo paquete que nos dio las ventajas para sobrevivir al mundo cambiante en el que perecieron esas otras especies parecidas a nosotros, encontraron siempre en este planeta enorme un lugar donde desfogar su irracional impulso. 

Un día eran islas en la mitad del océano a las que solo habían llegado pájaros o rep¡tiles en balsas improvisadas e impulsadas por una tormenta; al otro día eran continentes enteros, poblados y explorados ya por primos lejanos de los que habríamos perdido el rastro; una mañana era la montaña más alta en el horizonte, en la que solo crecía el musgo o en la que nada más grande que un pato podría soportar el frío, el viento y la falta de aire; a la noche siguiente era un abismo el fondo del océano.  Y la lista podría continuar casi indefinidamente.  

El planeta no parecía agotarse para nuestro irracional instito explorador.

El paso siguiente fue explorar el aire. Un sueño casi infantil. Elevarse sobre el piso y ver el mundo desde un acantilado gaseoso. Moverse sin la incomoda necesidad de escalar, saltar, nadar.  

El 17 de diciembre de 1903 dos individuos de esta especie, Wilbur y Alfred Wright finalmente lo lograron.  En una elaborada "herramienta", similar a una bicicleta con alas, consiguieron avanzar por una playa sin untarse de arena.  No lo sabían cabalmente pero daban a nuestros genes exploradores el mejor regalo en milenios

Fotografía original del primer vehículo volador construído por nuestra especie.  En la fotografía aparecen Orville Wright (a bordo de la bicicleta con alas) y Wilbur Wright (a la derecha).  Fotografía de la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (Wikimedia).

A partir de esa fecha no era necesario ser escalador para ver la cima de las montañas más altas.  O tener una canoa para viajar a través de un río hasta su nacimiento.  Pero más importante, ya no serían necesarios 60,000 años para recorrer todo el planeta. 

Hoy, 115 años después, en tan solo 18 horas y a bordo de un dispositivo no muy diferente cualitativamente de la bicicleta con alas de los hermanos Wright, puedes viajar a las antípodas.  Un día estas comiendo en tu casa en America y al día siguiente viendo los paisajes de Mongolia que alguna vez nuestros antepasados lejanos descubrieron al adentrarse en el colosal continente asiático. 

A una especie al que la evolución le nego las alas, otro grupo de genes, aparentemente inútiles, les dió la capacidad para recorrer su planeta a voluntad. 

La vuelta al mundo en 100 minutos

Pero otra oscura carga genética, no necesariamente relacionada con la supervivencia, fue arrastrada desde la oscuridad de la evolución al lado de los genes exploradores: el deseo de aniquilar a los primos diferentes, la guerra y la competencia por tener poderes inusitados sobre el planeta.

Sin querer queriendo, sin embargo, la guerra y el deseo de poder, nos llevo a dar el siguiente paso.  Agregar a nuestro planeta, límitado en dos (y pico) dimensiones, una tercera dimensión, "infinitamente" más extensa que las otras dos.

El 12 de abril de 1961, montado sobre un misil, un Homo Sapiens Sapiens, Yuri Gagarin, salto al espacio.  En tan solo 10 minutos y sin prácticamente ningún propósito real, un individuo de nuestra especie abandonaba por primera vez aquel día, la comodidad de la atmósfera de nuestro planeta.

Una bonita representación artística del primer vuelo espacial de Yuri Gagarin.  Pintura de Alexey Akindinov

Para  sostenerse en un vuelo "horizontal" sin regresar catastróficamente en una parábola, un vehículo espacial a 170 km de altura debe moverse a 26,000 km/h.  Siendo el perímetro de la Tierra 40,000 km, eso implica que cualquiera involucrado en esta aventura, completará una vuelta completa en cerca de 100 minutos. 

De 60,000 años a 100 minutos.  No me digan que este no es un verdadero salto.

Una navidad de 1968

Lejos de ser la meta, abandonar la atmósfera de la Tierra fue para nuestros genes exploradores, apenas el principio de sueños aún más grandes. 

Después de recorrer todo el planeta a pie, jalado por perros y caballos, flotando en el océano sobre madera o en el aire sobre alas, la posibilidad que nos daba el fuego de ir más allá, despertó posiblemente las emociones dormidas que sintieron nuestros antepasados remotos, aquella mañana de hace 70,000 años cuando decidieron aventurarse más allá de la seguridad del mundo que conocían.

¿Qué había allá afuera que pudiera asegurarnos la supervivencia como individuos o como especie? ¿qué beneficios tendría aventurarse en el frío e incómodo vacío del espacio?. 

Muchos son los argumentos que hemos esgrimido por décadas para defender estas aventuras suicidas.  Pero no hay que mentir. Viajamos al espacio simplemente porque está ahí.

El siguiente paso lo dimos en una fría mañana de diciembre de 1968.  Tres hombres fueron amarrados a la punta del cohete más poderoso construído hasta la fecha, el Saturno V. 

Imagen del lanzamiento del Saturno V con la tripulación del Apolo 8 amarrada a la punta del cohete.  Al fondo aparece la Luna ese mismo día pero en un montaje ya que a esa hora y en esa dirección no podría verse.  Foto: NASA.

Este cohete era una "bestia" capaz de convertir 20 toneladas de Hidrógeno y Oxígeno líquido en agua en un segundo.  En un infierno químico controlado, el Saturno V era capaz de producir un empuje equivalente al de todos los caballos vivos en el planeta.

¿Para que tanta fuerza si habíamos levantado ya hombres y mujeres al espacio con una pequeña fracción del esfuerzo?.  Esta vez era diferente.  Los genes exploradores (y los de la guerra y la competencia, que habían puesto a estos tres padres de familia en esta aventura justamente durante las fiestas navideñas, en lugar de hacerlo en cualquier otra época del año), se habían propuesto la meta de lanzar a nuestra especie en una aventura nueva: llegar a la Luna.

Apenas tres días después (posiblemente el mismo tiempo que les tomaba a nuestros antepasados hace 70,000 años descansar después de una maratónica jornada de caminata), tres descendientes directos de aquellos primeros hombres y mujeres, le estaban dando vueltas a la Luna un 24 de diciembre de 1968

¿Con qué propósito?. Ninguno. Un puñado de robots habían ya circunnavegado nuestro vecino planetario e incluso aterrizado sobre él unos años antes.  ¿Valía la pena el esfuerzo y el riesgo?.  Tampoco.  Esos tres hombres estuvieron al filo de la muerte en cada uno de los momentos decisivos de la misión.

Nuestros genes exploradores nos llevaron a la Luna simplemente porque estaba allí.

Aluminio por todo el Sistema Solar

Las mismas habilidades tecnológicas y científicas que nos llevaron a la Luna alguna vez (donde no volveríamos a ir por la falta de dinero, interés público y todo hay que decirlo también, por vivir en un mundo más pacífico), hicieron que concentraramos nuestros esfuerzos en lanzar pedazos de la Tierra por todo el Sistema Solar.

Desde la perspectiva del Sol y los demás planetas debía verse como una situación muy peculiar.  ¿Que hacía aquel planeta azul, café y verde, lanzando pedazos de metales en todas direcciones sin un plan aparente?. La Tierra se estaba reproduciendo por todo el Sistema Solar. 

Nunca antes en la violenta historia de nuestro sistema planetario habían ocurrido en la superficie de otros mundos impactos de meteoritos tan sutiles.  Primero fue la Luna que fue impactada una docena de veces con artefactos terrestres que no dejaron ningún cráter, pero si un gran desorden.  Entre julio de 1969 y diciembre de 1972, 6 de esos artefactos llevaban a bordo una carga biológica: 12 Homo Sapiens Sapiens.  Descendientes de los mismos organismos que habían caminado ya toda la Tierra, se bajaban de meteoritos tecnológicos y empezaban a caminar la Luna.

Después fue Venus que se creía protegida contra los impactos de asteroides por su gruesa atmósfera.  La materia pensante de la Tierra se había asegurado una manera de entrar en su densa atmósfera sin ser consumida en el proceso. 

Pero entrar no significaba sobrevivir a las duras condiciones en la superficie del "planeta hermano".  Aún así lo lograron.  Varios "metoritos tecnológicos" humanos, diseñados originalmente para sobrevivir una decena de minutos en la superficie del infierno, lo hicieron por más de 2 horas enviando fotografías a la Tierra.

Las superficies de Venus (izquierda), Titán (centro) y el cometa Churyomov-Gerasimenko (izquierda) son los sitios más increíbles en el que los seres humanos han hecho impactar meteoritos tecnológicos.  El primero, Venus es un infierno ardiente, 400 grados a la sombra, el segund, Titán es un desierto helado, 200 grados bajo cero y el tercero es prácticamente como si el vacío tuviera suelo, la gravedad es casi nula y no hay atmósfera

Después fue Marte, un planeta al que no hemos dejado de "golpear" en las últimas 5 décadas.  El único planeta con presencia "humana", habitado enteramente por robots. Un planeta como la Tierra con una constelación de satélites artificiales, que garantizan un básicos sistema de posicionamiento global y un internet (o planetnet) básico.

La luna Titán de Saturno, asteroides y cometas han sido blanco de dardos tecnológicos lanzados desde la Tierra con la excusa de ampliar nuestro conocimiento sobre el Universo inmediato.  Dejémonos de excusas.  Todo lo que queremos en el fondo es seguir llegando a mundos a los que no hemos llegado antes.

Los Viajeros

Pero los dardos más increíbles lanzados en esta orgía de exploración que siguió nuestra llegada a la Luna, erán aquellos que no apuntaban directamente a ningún cuerpo. 

Naves diseñadas para pasar de cerca, muy rápido y sin tocar el destino al que estaban dirigidas.  

Las primeras de ellas fueron nombradas apropiadamente "Pioneras".  Lanzadas desde 1958 (apenas un año después que el primer pedazo de aluminio llegará al espacio, el satélite Sputnik) y sin descanso hasta el fin del programa en 1978, las Pioneras fueron los primeros robots interplanetarios en "caminar" el espacio entre los planetas como lo harían en la Tierra aquellos pioneros hace 70,000 años al salir de Africa

Después de más de 10 misiones, entre fallos y aciertos, el programa "Pionero" con sus naves 10 y 11 lograron a principios de 1973 lo que ningún otro artefacto humano había conseguido jamás: alcanzar el borde del Sistema Solar interior, un desierto de desechos planetarios que parecía inalcanzable, el cinturón de asteroides.   

Unos meses después conseguirían otra hazaña sin precedentes: sobrevolar el segundo cuerpo más grande del Sistema Solar, el planeta Júpiter y traer a la Tierra primeros planos del planeta y su numeroso sequito de Lunas.  Mucho más adelante, en 1979 la nave Pionero 11 consiguió el siguiente hito en la exploración: fotografiar de cerca a Saturno y sus Lunas.

Pero la hazaña más increíble de todas conseguida por los Pioneros y la humanidad como un todo, se consiguió sin mucho escándalo una tarde del 3 de diciembre de 1973.  Nadie registro para la posteridad el momento histórico en el que la nave Pionero 10, empujada inicialmente por el fuego en la Tierra y por aquellos días por por la fuerza gravitacional del coloso Júpiter, alcanzo, por primera vez en la historia de exploración de la humanidad, una velocidad superior a la necesaria para salir sin obstáculos del Sistema Solar.

Este gráfico muestra la rapidez de la nave Viajero 2 (línea roja) comparada con la rapidez de escape del sistema solar a la distancia a la que la nave se encontraba del Sol.  Como puede verse el 9 de julio de 1979, la Viajero 2 alcanzo con la ayuda de Júpiter una rapidez mayor que la de escape.  Como lo haría la Pionero 10 6 años antes, ese día la Viajero 2 se convirtió en un satélite de la Vía Láctea y dejo de rendirle pleitesía gravitacional al Sol.  Gráfico: Wikimedia.

En el vacío interplanetario no hay agua, viento o rocas que se opongan al avance de un explorador.  Solo la gravedad del Sol y los planetas son los enemigos invisibles contra los que debes luchar para llegar más lejos. En cualquier punto en el vacío frío entre los planetas, hay un límite dinámico invisible (la velocidad de escape), que si no superas te mantendrá atado al Sol. 

El 3 de diciembre de 1973 alrededor de las 6 de la tarde hora central Europea, cuando la nave Pioneer estaba a 824 millones de kilómetros de la Tierra, alcanzo una velocidad de 18 km/s respecto del Sol, suficiente para liberarse del yugo gravitacional del Sistema Solar. La Pionero 10 se convirtió ese día en el primer dardo de Aluminio y Silicio que pusimos en órbita alrededor del centro de la Galaxia.

Pero una cosa es lanzar una roca con suficiente fuerza para que abandone la Tierra o el Sistema Solar.  Y otra es hacerlo poniéndole "ojos" y "nariz" para que vean u olisqueen el arido exterior del sistema solar mientras escapan.  Eso fue lo que hicieron los genes exploradores del Homo Sapiens con las misiones Viajero. 

Lanzadas en 1977, cuando las Pionero ya se proyectaban hacia el espacio interplanetario, y en una configuración del Sistema Solar que solo se repetiría milenios después en el futuro, las Viajeros 1 y 2, lograron casi todo lo que soñabamos lograr en la exploración de los confines del Sistema Solar

Repitieron lo que las Pionero 10 y 11 habían hecho en Júpiter y Saturno, pero con datos y fotografías que hacían ver a las Pionero como simples balsas diminutas y miopes que navegaron a la distancia de los planetas gigantes.

Bien entrados los años ochenta, la nave Viajero 2 consiguió además lo imposible: sobrevolar los planetas más lejanos del Sistema Solar, Urano y Neptuno.  Nada había llegado más lejos en la historia.

Pero la hazaña de estos viajeros de aluminio estaba lejos de completarse.

En febrero de 1990 la nave Viajero 1 volteo a mirar hacia atrás y tomo una serie de fotografías icónicas de toda la familia planetaria reunida, incluyendo un punto azul pálido, la casa de aquellos simios obsesionados con la exploración.

Mosaico de fotografías capturadas en febrero 14 de 1990 por la nave Voyager 1 donde aparecen todos los planetas del Sistema Solar, incluyendo la Tierra.  Crédito: NASA/JPL.

Las naves viajero fueron aún más lejos y sus instrumentos se han mantenido encendidos incluso hasta hoy.  En particular, una batería de sensores magnéticos y de partículas que les permiten "oler" el ambiente de plasma de las postrimerías del Sistema Solar, nos han enviado señales asombrosas de lugares increíblemente remotos.

En Agosto 25 de 2012 la nave Voyager 1 fue el primer artefacto humano en atravesar la frontera electromagnética invisible que rodea el Sistema Solar

Todo quello que hemos observado en el cielo y que esta atado gravitacionalmente al Sol, se encuentra en una inmensa cavidad de campos magnéticos y de plasma que se conoce como la heliósfera.  Todo aquello que este allí adentro esta "protegido" contra la incidencia de mortales partículas invisibles de alta energía (los rayos cósmicos). 

Más allá de su desordenada frontera, la heliopausa, cualquier cuerpo del Sistema Solar, incluso las naves Viajeros, están a merced de una lluvía permanente de rayos cósmicos provenientes de explosiones de supernova remotas en el espacio y en el tiempo, y pueden sentir el embate permanente de minúsculas olas de plasma provenientes de otras estrellas.  Este es el límite entre el Sol y el resto de la Galaxia.

En Noviembre 5 de 2018, la nave Viajero 2 repitió la hazaña de su hermana y se zambullo en el espacio interestelar para convertirse en el segundo artefacto humano que ha logrado escapar no solo a la influencia esclavizante de la gravedad del Sol, sino a su cobertura electromagnética. 

Ultima Thule y la última frontera

Y así es como llegamos al Último hito: Ultima Thule.

En una extraña serie de coincidencias lingüisticas en castellano, el primer día del último año de esta década, el navío espacial New Horizons sobrevolará el primer objeto del cinturón Fernandez-Kuiper en ser fotografiado de cerca por un artefacto humano, Ultima Thule.

Ultima Thule, que es tan solo un "sobrenombre" que recibió este objeto transneptuniano (como se le llama a los cuerpos que habitan más allá de la órbita de Neptuno) después de una votación en Internet. 

Tule (o Thule en latín) es una isla mitológica mencionada por las culturas del Mediterraneo de la antigüedad y que se supone se encontraba en el lugar más al norte de la Tierra conocido en aquel tiempo.  Algunos piensan que podría tratarse del nombre mítico de Noruega o Islandia.  

Su designación oficial es en realidad (486958) 2014 MU69 o MU69 para los amigos.

La Ultima Thule mitológica en un mapa de 1539 y la Ultima Thule del sistema solar.  Fuente: Wikimedia, NASA

El objetivo de New Horizons es una lejana roca de hielo de unos 30 km de "diámetro" (aunque no se sabe realmente su forma) parqueada en una orbita casi circular (una extraña configuración para un cuerpo situado en las gravitacionalmente agitadas postrimerias del sistema solar) que da vueltas alrededor del Sol a 6,650 millones de kilómetros. 

Este mundo está tan lejano de nosotros que a la luz del Sol y a las señales de radio de la Tierra les toma llegar hasta allá poco más de 6 horas, aún viajando a la máxima velocidad permitida en el Universo.

Desde Ultima Thule el Sol es un punto diminuto en el cielo (pero todavía más brillante que todas las estrellas).  Si te pararas a la superficie (o en realidad te amarraras a ella, la gravedad es muy débil allí), nuestra estrella tendría un tamaño aparente menor que aquel con el que vemos a Saturno desde la Tierra.  La cantidad de luz que llega a la superficie de este objeto a pleno medio día, es 2000 veces más débil que llega a la Tierra.  Aún así esperamos que sea suficiente para iluminar el paisaje extraterrestre más lejano fotografiado por un artefacto humano.

La hazaña de fotografiar a Ultima Thule será aún mayor que aquella otra increible hazaña de enero de 2015, que bien debería figurar en la lista de hitos de exploración enumeradas en este artículo, cuando la misma New Horizons paso rauda y veloz cerca al sistema de Plutón (el planeta enano y un puñado de sus lunas).

La nave pasará a una distancia de aproximadamente 3,500 km de su objetivo, que tiene solo 30 km de extensión, mucho más pequeño que Plutón o Caronte.   Por la misma razón la imagen de la roca desde la posición de la nave será de medio grado.  Si fueras a bordo de la New Horizon la roca se vería menor que la uña del dedo meñique con el brazo extendido.

Sin embargo la New Horizons esta equipada con un telescopio (la cámara LORRI) capaz de captar objetos con un tamaño igual o menor de 0.3 grados, por lo que la imagen de Ultima Thule ocupará la totalidad de su sensor de luz.  Cada pixel de su sensible cámara será capaz de capturar detalles de la superficie del objeto de tan solo 20 metros de extensión, más pequeños que una cancha de tenis.

Pero ¿qué esperan estos Homo Sapiens encontrar en las imágenes de esta remota roca de hielo?.  Nada realmente especial.  No enviamos una nave hasta una roca en los confines del sistema solar porque en ella encontraremos las claves para las preguntas fundamentales de la humanidad. 

La New Horizons sobrevolará a Ultima Thule, respetando una tradición de más de 70,000 años, simplemente porque esa roca esta ahí.

Para seguir de cerca el sobrevuelo

A medida que se vayan desarrollando los hechos alrededor del sobrevuelo (antes y después), iré publicando en el enlace abajo, en un hilo de twitter, las curiosidades de esta histórica misión.

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Jorge Zuluaga
Jorge Zuluaga

Profesor titular del Instituto de Física de la Universidad de Antioquia (UdeA) en Medellín, Colombia. Fundador del pregrado de astronomía de la UdeA e investigador del grupo de física y astrofísica computacional y del Solar, Earth and Planetary Physics Group. Padre de 3, maestro y divulgador por instinto. Tiene el nombre de un asteroide (347940) Jorgezuluaga.

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