La "Universidad Volante" de Polonia, el refugio clandestino de Marie Curie

02/03/2018 1 comentario
Menear

Para burlar la norma del Imperio ruso que vetaba el acceso de las mujeres a la universidad, Marie Curie decidió estudiar en la Sorbona. Antes de conseguirlo tuvo que trabajar varios años como institutriz. Para saciar su sed de saber durante ese tiempo recurrió a las aulas de la "Universidad Volante", en Varsovia: una institución clandestina, furtiva, abierta a las mujeres y que ofrecía a los jóvenes polacos una educación de calidad en su idioma propio. El nombre de "volante" ("flotante", según algunos autores) viene precisamente de la necesidad que tenían sus alumnos y maestros de cambiar de ubicación constantemente para escapar al control ruso.

La vida no siempre se lo pone fácil al talento. Ni siquiera cuando es tan poderoso y viene acompañado de una capacidad de trabajo tan grande como la de Marie Curie. A pesar de su genialidad, a lo largo de su vida la polaca tuvo que lidiar –uno por uno, en ocasiones a pares– con toda una cadena de dificultades que le fueron saliendo al paso. El tiempo ha mitificado su figura, desde luego. Pero pocos mitos hay probablemente enraizados en una tierra tan firme y fértil como el de Curie.

En su edad adulta, Marie tuvo que enfrentarse a los prejuicios de una Francia que en muchos aspectos desconfiaba de ella por su condición de extranjera y mujer. El mejor ejemplo lo dejó el escándalo con Paul Langevin. Libelos como los publicados por Gustave Téry azuzaron los peores sentimientos de la sociedad gala. La muerte trágica y prematura de Pierre Curie en 1906, las condiciones paupérrimas en las que desarrolló su labor durante años, las estrecheces que soportó como estudiante en la Sorbona, la reticencia de la Academia sueca a otorgarle el Nobel de Física de 1903 -junto a su marido Pierre y a Antonie Henri Becquerel, los únicos dos nombres que manejó en un principio la institución- y más tarde los intentos por "disimular" la concesión de la medalla sueca en la categoría de Química... son buenos ejemplos también de esas dificultades que no la abandonaron a lo largo de su vida adulta.

En su infancia Marie no lo tuvo más fácil. Cuando era todavía una niña, Rusia -que entonces controlaba Varsovia- represalió a su padre, Wladyslaw Sklodoswki, por el nacionalismo polaco del que hacía gala. El buen hombre perdió su empleo comoMarie Curie, en el Laboratorio. profesor y para sacar a su familia adelante se vio obligado a alquilar cuartos. Entre ellos el de la propia Marie, que tuvo que instalarse junto a una de sus hermanas en el comedor. De noche dormían en los sofás. Al amanecer, recién salido el sol, los dejaban libres para que los huéspedes pudiesen desayunar sin molestias. El mayor varapalo de la familia Sklodoswski llegaría sin embargo cuando la madre, Bronislawa Boguska, murió de la tuberculosis que arrastraba desde poco después del nacimiento de Marie. La futura Premio Nobel de Física y Química tenía solo 10 años por entonces.

Un escenario duro entre las paredes de los Sklodowski... y fuera de ellas. Desde 1772 Varsovia estaba ocupada por los rusos, que aplicaban una férrea política cultural para asfixiar cualquier seña de identidad polaca. Desde Moscú se prohibió la enseñanza del idioma, la historia y la cultura del país. Las autoridades quemaron libros y sustituyeron al funcionariado polaco por otro llegado de Rusia. Los niños no fueron ajenos a ese clima de restricciones, obligados a estudiar en un idioma que les resultaba totalmente ajeno. Otra de las imposiciones de Rusia fue vetar el acceso de las mujeres a la universidad.

Marie, que ya entonces había dado muestra de su inteligencia y era una alumna destacada, no se dio por vencida. Junto a su hermana Bronia se marcó el reto de estudiar en la Universidad de La Sorbona, donde sí admitían mujeres. Antes de lograrlo, en 1886, con 19 años, tuvo que aceptar un trabajo como institutriz. Hasta un lustro después, en 1891, no vería cumplido su objetivo de acceder a las aulas de la prestigiosa universidad parisina. Durante ese período Marie sació su sed de saber gracias a una de las instituciones clave para preservar la cultura polaca durante la ocupación rusa: la Universidad Volante –o Flotante, como la citan algunos autores-. Su nombre da una clara idea del ambiente clandestino que la empapaba.

Alumnos y profesores debían cambiar de "aulas" de forma constante para escapar ("volar") del férreo control ruso. El celo de las autoridades zaristas al aplicar su política cultural era tan fuerte que -recuerda Mª del Carmen Binda- en los mapas llegó a remplazarse la palabra "Polonia" por "Territorio del Vístula". La propia Varsovia (Warszava) vio cómo se rusificaba su nombre y pasaba a denominarse Varshava.  Moscú incluso impulsó una campaña para purgar las bibliotecas de libros polacos.

La pena a la que se exponían los profesores y alumnos de la Volante en ese contexto no era menor: el destierro en Siberia. "Los polacos se vieron obligados a jugarse su tranquilidad organizando escuelas clandestinas en las que poder enseñar historia de Polonia, lengua polaca y religión católica", recuerda Jesús Laínz Fernández en "Desde Santurce a Bizancio: El poder nacionalizador de las palabras".

A la valentía de esos maestros se debe una parte decisiva de la educación de Marie. En sus aulas clandestinas, ocultas en viviendas particulares, siempre en las plantas más altas de los edificios y bajo la apelmazante amenaza de las autoridades rusas, Curie y el resto de sus compañeras podían disfrutar de lo inimaginable en la educación oficial que se brindaba en Varsovia: una formación superior libre de discriminaciones por cuestión de sexo, en igualdad de condiciones con sus compañeros. En ese clima de libertad y amplitud de miras se fraguó también una parte vital de su ideario.

Una parte importante del alumnado lo constituían mujeres.

"Es allí donde adopta como propios los principios del positivismo, las nuevas ideas de emancipación de las mujeres, de igualdad de sexos en materia de educación, de anticlericalismo, no discriminación de los judíos, de abolición de los privilegios de la nobleza y de las clases sociales y la instrucción de las masas campesinas", reflexiona Binda, quien recuerda el peso que en las aulas "volantes" jugaba la filosofía del intelectual francés Auguste Comte, padre del positivismo.

"Marie se entusiasmó con este movimiento que aunaba la formación intelectual con el servicio comunitario, dos parámetros que siempre procuró conjugar a lo largo de su vida", anotan Belén Yuste y Sonia L. Rivas-Caballero en su libro "María Sklodoska-Curie. Ella misma". Las dos autoras recuerdan que la futura Premio Nobel logró convencer a su hermana Brona y a varias amigas para que acudiesen a las aulas de aquella universidad revolucionaria. En la Volante no solo recibieron clases. Pudieron optar también a participar en recitales de poesía, leer libros que Rusia había prohibido y disfrutar incluso de musicales con claras resonancias patrióticas.

Años después de pasar por las aulas de la Volante, la propia Curie dejaría plasmados sus sensaciones de aquella época. "Tengo un recuerdo muy vivo de la simpática atmósfera de camaradería intelectual y social que disfruté" -escribiría-. "Los resultados no podían ser considerables, pero, no obstante, sigo creyendo que las ideas que nos guiaban entonces eran las únicas que podían conducirnos a un verdadero progreso social. No podemos confiar en construir un mundo mejor sin mejorar los individuos".

Durante ese período Marie recibió la ayuda de otra figura decisiva en su desarrollo como científica: su primo Józef Boguski, antiguo alumno de Mendeleiev y director del laboratorio del Museo de Industria y Agricultura. Gracias a su apoyo la joven Marie, que por entonces rondaba la veintena, pudo tomar contacto con el laboratorio.

En su día a día, y pese al furtivismo y la clandestinidad en la que se veía obligada a desarrollar su labor, la Universidad Volante gozaba de una sólida organización. El dinero que recaudaba se destinaba a los profesores o a la adquisición de libros para montar una biblioteca. Entre los docentes que participaron en la Volante se cuentan científicos y académicos polacos de primer orden. En sus aulas se daba además una formación variada, que tenía en cuenta tanto las ciencias como la historia y las letras.

VarsoviaSu figura más decisiva fue  Jadwiga Szczawinska-Dawidowa (1864-1910). Suyo es el mérito de organizar en 1885 los esfuerzos que durante los años anteriores se habían realizado de forma dispersa para formar a las jóvenes polacas. A lo largo de su vida -que acabó de forma prematura, cuando solo tenía 46 años-, Szczawinska fue además docente, editora, columnista, activista social y una firme defensora del derecho de las mujeres a la educación.

Cuando se legalizó, en 1905, por las aulas clandestinas de la Volante habían pasado miles de mujeres y hombres. Tras su "regularización" se convirtió en la Sociedad de Cursos de Ciencias, que desembocaría a su vez en la Universidad Libre de Polonia.

Décadas después, en los años 70, Polonia volvió a vivir un fenómeno similar al de la Universidad Volante: centros de educación no oficiales en los que -al igual que había ocurrido con su predecesora de principios de siglo- se impartía formación al margen del sistema oficial, entonces comunista y en la órbita de la URSS. Aquellos nuevos institutos "flotantes" se nutrían también de aulas diseminadas en pequeños apartamentos e impartían clase a grupos de alumnos reducidos.

"Estos grupos de autoeducación son una potencial bomba de tiempo, confrontando al gobierno comunista de Edward Gierek con una mezcla enloquecedora de nacionalismo polaco tradicional y disidencia política", se podía leer en julio de 1978 en una crónica del Whasington Post.