Grupo de estudiantes de un centro escolar estadounidense realizando experimentos de química en la década de 1950. Science History Institute.

Basta atender a las noticias de actualidad para observar con claridad que la educación presenta un carácter marcadamente político. La sucesión cronológica de leyes de educación en los años de democracia en España (más rápida que el ritmo necesario para una reflexión crítica de su eficacia) así lo ilustran, resucitando la idea del célebre filósofo Michel Foucault en torno a las similitudes entre cárceles, hospitales y centros escolares y el papel de la educación como instrumento de control. Asignaturas como Filosofía, Educación para la Ciudadanía o Religión son frecuentemente objeto de letras y discursos sobre el modelo de educación en el que ha de formarse la joven ciudadanía. Tampoco ha escapado a la investigación educativa la situación en las materias de Geografía e Historia, donde los capítulos "incómodos" de la reciente historia de España, como la dictadura franquista, son desterrados a unidades didácticas en ocasiones imposibles de alcanzar en currículos de longitud (que no profundidad) exagerada, adoleciendo de importantes limitaciones epistemológicas e interpretativas en los libros de texto. Todas estas cuestiones se inscriben en el ámbito de la enseñanza de materias del ámbito humanístico y social. Podría así parecer que las materias de ciencia y tecnología, al estar centradas en el estudio del universo, la naturaleza y sus aplicaciones, no adolecerían de la misma situación (con célebres excepciones, como el popular "debate" creacionismo vs. evolución). Nada más lejos de la evidencia proporcionada por los estudios históricos sobre ciencia en las aulas. How we teach science. What's changed and why it matters (2019), el nuevo título de John L. Rudolph, editado por Harvard University Press, constituye una mangífica muestra de ello.

<p style="text-align: center;"><em><a href="https://www.hup.harvard.edu/catalog.php?isbn=9780674919341" target="_blank">Harvard University Press.</a></em>

En esta obra John Rudolph, profesor de educación científica de la Universidad Wisconsin, aborda la historia de la educación científica norteamericana desde finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX. Rudolph, que fue durante décadas profesor de ciencias de enseñanza secundaria, combina de forma magistral su conocimiento de la realidad de las aulas con la mirada analítica crítica que proporciona la perspectiva del tiempo. El lector podrá iniciar un viaje por las décadas finales del siglo XIX en las que la enseñanza de las ciencias comenzará a gestar un clima de descontento que catalizará la acción de diversos educadores, como John Dewey, hacia una educación científica renovada. Así, las primeras décadas del siglo XX fueron testigo de la circulación de nuevos métodos y aproximaciones en educación científica. Rudolph ilustra este proceso de renovación pedagógica a través del conocido como General Science Movement. Este movimiento promovió una enseñanza de las ciencias que hizo del entorno del estudiante el auténtico currículo escolar. Del hogar a la comunidad, un joven discente podía aprender ciencias mediante el estudio de las instalaciones eléctricas o los sistemas de calefacción de la casa, las plantas del jardín, el telégrafo, el teléfono o los medios de transporte. Las ciencias se aprendían así de forma integrada (esto es, sin trasladar las estructuras de las correspondientes disciplinas académicas) y desde una mirada "ingenieril" (esto es, focalizada en aplicar los conocimientos científicos a la resolución de problemas técnicos). Como muestra el autor, este modelo de educación científica circuló ampliamente por los diversos institutos norteamericanos durante la primera mitad del siglo XX, lo que se materializó en la producción de manuales y cursos de formación del profesorado.

Un ejemplo de tabla de contenidos curriculares propia del <em>General Science Movement</em> norteamericano estudiado por Rudolph en un trabajo publicado en <a href="https://www.researchgate.net/publication/7308117_Turning_science_to_account_Chicago_and_the_general_science_movement_in_secondary_education_1905-1920" target="_blank">Isis</a> y recuperado en su reciente libro. 

Quien decida recorrer las aulas de ciencias de la mano de How we teach science. What's changed and why it matters encontrará un escenario muy diferente en la segunda mitad del siglo XX. Así, el lanzamiento del Sputnik en 1957 en el contexto de la Guerra Fría supuso un duro golpe de moral al sistema científico-tecnológico norteamericano que focalizó sus esfuerzos en la reforma de los planes de estudio en ciencia y tecnología. Como ilustra Rudolph, esto supuso un esfuerzo sin precedentes en la traslación de la estructura conceptual de las ciencias universitarias a las enseñanzas medias, lo que se materializó en una diversidad de programas que, a diferencia del General Science Movement, presentaban un alto nivel de atomización. Tal es el caso del proyecto PSCC (Physical Science Study Course), el proyecto BSCS (Biological Science Curriculum Study) o el proyecto Chem Study (Chemical Education Material Study). Este último implicó en su diseño a destacadas figuras de la química como Glenn Seaborg (Premio Nobel de Química en 1951) y se extenderá hasta la década de 1980, produciendo una gran variedad de libros de texto que fueron ampliamente usados en centros educativos estadounidenses y de otros países, pues fueron traducidos a más de una decena de lenguas. La ciencia en las aulas cedió así su carácter integrador y contextualizado en la vida del estudiante para fomentar su carácter disciplinar y propedéutico para la formación de "protocientíficos en ciernes" desde edades tempranas. 

Ambos modelos de educación científica en modo alguno se sucedieron linealmente, sino que rivalizaron y convivieron en las aulas. No obstante, su naturaleza netamente contrapuesta ofrece hoy una valiosa oportunidad para la reflexión. Así, si bien la diferencia entre ciencia escolar y ciencia académica ha sido ampliamente subrayada por la didáctica de las ciencias experimentales, la tensión entre formar en ciencias a los jóvenes ciudadanos e instruirles para su futurible carrera científica universitaria constituye una cuestión de actualidad en cualquier aula de Bachillerato. Los profesores de ciencias nos encontramos de forma continua en la interfase entre la promoción de actividades de enseñanza-aprendizaje que contribuyan a la alfabetización científica de nuestros estudiantes sin desligarnos al mismo tiempo de las imposiciones curriculares de la Evaluación para el Acceso a la Universidad. El lector de How we teach science. What's changed and why it matters podrá así identificarse con muchos de los debates e inciativas en las que se involucró el profesorado de ciencias de tiempos pretéritos. El pasado se revela desde esta óptica como una oportunidad para el análisis crítico del presente. Un presente en el que la educación científica sigue situando en su centro neurálgico la promoción de la alfabetización científica como fin fundamental de la enseñanza de las ciencias, pero que ha de hacerlo en un sistema que traslada a escuelas e institutos las fronteras de las disciplinas académicas. Rudolph nos brinda una oportunidad para cruzar fronteras curriculares y temporales en busca de una educación científica que lleve la ciencia al ciudadano sin que éste tenga que ser llevado necesariamente a la ciencia. 

Referencia:

Rudolph, John. L (2019). How We Teach Science: What's Changed and Why It Matters. Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press.

Luis Moreno Martínez
Luis Moreno Martínez

De joven quedó fascinado por el mundo de los átomos y las moléculas, lo que le llevó a licenciarse en Química en la Universidad Complutense de Madrid. Posteriormente, su interés por la docencia y el lado humano de la ciencia le llevó a doctorarse en Didáctica de las Ciencias en la Universidad Autónoma de Madrid y en Historia de la Ciencia en la Universitat de València.

Tras haber realizado su formación postdoctoral en el Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav de Ciudad de México y haber ejercido la docencia en la Universitat de València, obtuvo plaza por oposición como profesor de Enseñanza Secundaria de la Comunidad de Madrid en la especialidad de Física y Química.

En conexión con su labor docente, cavila y escribe sobre ciencia y educación, lo que ha cristalizado en múltiples publicaciones académicas y conferencias en congresos y jornadas. Sus intereses académicos están especialmente centrados en el uso didáctico de la historia de la ciencia, el análisis de currículo y libros de texto de Física y Química de ESO y Bachillerato, el diseño de estrategias de enseñanza-aprendizaje de la física y la química y la historia de las ciencias fisicoquímicas y de la educación científica. Entusiasta del valor cultural de la ciencia, participa en diversas iniciativas de divulgación científica.

En la actualidad es Vicepresidente Segundo del Grupo Especializado de Didáctica e Historia de las Reales Sociedades Españolas de Física y Química y representante adjunto de España en la División de Educación Química de la European Chemical Society.

Comparte quehaceres, cavilaciones y letras en www.unprofedeciencias.es. Puedes consultar su producción académica en Dialnet o Google Scholar.

También puedes encontrarle en Twitter como @luteciodoazufre.

Sobre este blog

Esto no salía en mi libro de ciencias es un blog que pretende crear puntos de encuentro y diálogo entre la enseñanza de las ciencias, la divulgación científica y la investigación académica en didáctica e historia de las ciencias. Se pretende así explorar el lado educativo y social de la ciencia con tres objetivos fundamentales:

  1. Poner en valor el papel de las aulas como promotoras de la cultura científica ciudadana.
  2. Explorar las múltiples potencialidades de la historia de la ciencia para enseñar y divulgar ciencia.
  3. Visibilizar la labor del profesorado de ciencias de enseñanzas no universitarias como agentes traductores y productores de saberes entre la ciudadanía y la ciencia.
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