Estos días Ciudad de México acoge el VII Congreso de Historiadores de las Ciencias y las Humanidades, celebrado en la Unidad de Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana. Durante 4 días, investigadores en diferentes ámbitos de la historia social, cultural e intelectual comparten sus proyectos y líneas de trabajo en este foro organizado por la Asociación de Historiadores de las Ciencias y las Humanidades. En el marco de dicho congreso, el pasado 11 de marzo tuvo lugar la mesa redonsa Relaciones entre historiadores de las ciencias, su objeto de estudio y sus públicos en las que participaron Marcos Cueto Caballero (Fundación Fiocruz, Instituto Oswaldo Cruz), María Teresa Cortés Zavala (Facultad de Historia, Universidad Nacional Autónoma de México), Ricardo Noguera Solano (Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México) y Rafael Guevera Fefer (Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México).


El historiador Marcos Cueto fue el encargado de abrir la mesa redonda reinvindicando la importancia de que los historiadores de la ciencia piensen y conozcan la historia de su colectivo profesional. En su recorrido por la "historia de la historia de la ciencia", con especial atención al contexto latinoamericano, Cueto destacó la labor pionera de Aldo Mieli, historiador de la química y destacado activista por los derechos de las personas homosexuales que, ante el auge de los fascismos en Europa, tuvo que huir de su Italia natal a Francia y, después, del país galo a Argentina. Mieli representaría así una primera corriente de la historia de la ciencia que abogó por la humanización de las ciencias, promoviendo el diálogo entre saberes científicos y humanísticos. Cueto ofreció algunos cambios experimentasdos por la historia de la ciencia en su forja y consolidación disciplinar a lo largo del siglo XX. Así, del interés en una ciencia institucional se habría transitado hacia la recuperación de otros actores históricos vinculados a las prácticas científicas no siempre presentes en las historias de las instituciones científicas. Del mismo modo, los historiadores de la ciencia habrían ido abandonando paulatinamente el modelo de difusión de los saberes científicos para poner la atención en la circulación del conocimiento científico como un proceso que transforma los saberes que antaño se consideraban "transmitidos y recibidos". Tras el repaso histórico ofrecido por Cueto, Teresa Cortés abordó algunos de los desafíos que la historia cultural de la ciencia presenta en la actualidad. La historiadora destacó la importancia de atender a las aulas, los museos y los espacios de popularización como objetos de estudio de consolidación creciente en la actual comunidad de historiadores de la ciencia. Asimismo, apuntó hacia la historia de la comunicación científica como un campo de interés actual en historia de la ciencia, la cual permitiría reforzar los espacios de contacto y diálogo con otras historiografías, como la historia de la prensa, de la lectura y del sector editoral.


La mesa redonda continuó con la intervención de Ricardo Noguera, profesor de historia y filosofía de la biología. Noguera señaló el papel que la historia de la ciencia puede desempeñar como una forma de activismo. Así, en clara alusión mertoniana, si la ciencia es meritocracia y no una democracia, los historiadores de la ciencia podían desempeñar un papel clave para rescatar a aquellos colectivos desplazados a la periferia. La historia de la ciencia debería ser no la historia de los grandes héroes de la ciencia, que frecuentemente encontramos en el seno de la memoria de las disciplinas científicas, sino una historia de las minorías y los excluídos en ciencia. La historia de la ciencia ofrecería también una valiosa oportunidad para la democratización del conocimiento científico al permitir explorar de forma privilegiada las relaciones ciencia-sociedad. Siguiendo esta línea, el historiador Rafael Guevara Fefer defendió que los historiadores de la ciencia han de ir más allá de la investigación académica y adentrarse en la divulgación. Para Guevera, divulgar forma parte intrínseca del oficio de historiar. Asimismo, Guevara subrayó la importancia del caracter inter, trans y multidisciplinar de la historia de la ciencia, lo que permite superar los corsés académicos y colaborar con diferentes profesionales y colectivos de la academia y la sociedad.


La mesa redonda también abordó la necesaria relación entre científicos e historiadores de la ciencia, no siempre fácil. Si Noguera apuntó la persistencia de fuertes mitos históricos profundamente arraigados en la formación de los futuros científicos y científicas, siendo necesaria una mayor presencia académica de la historia de la ciencia; Guevara reinvindicó al historiador de la ciencia como un museógrafo de la ciencia. Esto es, como los custodios del patrimonio histórico de la ciencia, capaces de ayudar a los científicos a pensar su propio quehacer profesional de forma crítica y creativa. Para Cueto, el historiador de la ciencia sería algo así como un migrante intelectual, capaz de transitar entre las ciencias y las humanidades, erigiéndose como un profesional cuyos trabajos pueden ser dirigidos a una amplia varidad de públicos.

A fin de que la historia de la ciencia llegue a otros públicos académicos y no académicos, ponentes y asistentes coligieron conjuntamente la necesidad actual de una mayor comunidad de divulgadores de la historia de la ciencia. Si la divulgación científica ha sido parte integrante de las ciencias desde sus propios orígenes, la divulgación de la historia de la ciencia también se erige fundamental para el desarrollo de la propia disciplina histórica. En un contexto como el actual, cargado de problemáticas que requieren imbricar lo científico y lo social, el historiador de la ciencia se revela como un actor puente entre culturas y miradas. Entre la ciencia pretérita y presente. Como muy bien representa el logotipo del VII Congreso de Historiadores de las Ciencias y las Humanidades: un migrante intelectual y museógrafo de la ciencia que mira hacia atrás y hacia delante.

Luis Moreno Martínez
Luis Moreno Martínez

De joven quedó fascinado por el mundo de los átomos y las moléculas, lo que le llevó a licenciarse en Química en la Universidad Complutense de Madrid. Posteriormente, su interés por la docencia y el lado humano de la ciencia le llevó a doctorarse en Didáctica de las Ciencias en la Universidad Autónoma de Madrid y en Historia de la Ciencia en la Universitat de València.

Tras haber realizado su formación postdoctoral en el Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav de Ciudad de México y haber ejercido la docencia en la Universitat de València, obtuvo plaza por oposición como profesor de Enseñanza Secundaria de la Comunidad de Madrid en la especialidad de Física y Química.

En conexión con su labor docente, cavila y escribe sobre ciencia y educación, lo que ha cristalizado en múltiples publicaciones académicas y conferencias en congresos y jornadas. Sus intereses académicos están especialmente centrados en el uso didáctico de la historia de la ciencia, el análisis de currículo y libros de texto de Física y Química de ESO y Bachillerato, el diseño de estrategias de enseñanza-aprendizaje de la física y la química y la historia de las ciencias fisicoquímicas y de la educación científica. Entusiasta del valor cultural de la ciencia, participa en diversas iniciativas de divulgación científica.

En la actualidad es Vicepresidente Segundo del Grupo Especializado de Didáctica e Historia de las Reales Sociedades Españolas de Física y Química y representante adjunto de España en la División de Educación Química de la European Chemical Society.

Comparte quehaceres, cavilaciones y letras en www.unprofedeciencias.es. Puedes consultar su producción académica en Dialnet o Google Scholar.

También puedes encontrarle en Twitter como @luteciodoazufre.

Sobre este blog

Esto no salía en mi libro de ciencias es un blog que pretende crear puntos de encuentro y diálogo entre la enseñanza de las ciencias, la divulgación científica y la investigación académica en didáctica e historia de las ciencias. Se pretende así explorar el lado educativo y social de la ciencia con tres objetivos fundamentales:

  1. Poner en valor el papel de las aulas como promotoras de la cultura científica ciudadana.
  2. Explorar las múltiples potencialidades de la historia de la ciencia para enseñar y divulgar ciencia.
  3. Visibilizar la labor del profesorado de ciencias de enseñanzas no universitarias como agentes traductores y productores de saberes entre la ciudadanía y la ciencia.
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