Ilustración del taller de construcción de aparatos de física y química que Modesto Bargalló usó en sus clases. En 1940, ya en el exilio, dibujará el taller desde el recuerdo.

El 25 de mayo de 1939 el barco Sinaia llevaba a centenares de exiliados republicanos españoles desde las costas francesas de Sète hacia un destino alejado de la guerra y la persecución: México. Entre los exiliados que desembarcaron del Sinaia el 13 de junio en las playas de Veracruz se encontraba Modesto Bargalló Ardévol (1894-1981). Si bien se trata de un actor clave en la renovación pedagógica que experimentó la enseñanza de las ciencias durante el primer tercio del siglo XX en España (en consonancia con otros países europeos y americanos), su nombre no fue escrito de forma indeleble en la historia ni en la memoria de quienes hoy asumimos la misma labor profesional a la que él consagró su vida: enseñar ciencias. Un artículo publicado en el último número de la revista Historia y Memoria de la Educación recupera la vida y la obra de este profesor de ciencias, quien fue también el primer y único historiador de la química español galardonado con el Dexter Award de la American Chemical Society. Centrándose en sus años en España, el trabajo reconstruye su infancia, su etapa de aprendizajes y formación, así como sus años de docencia e intensa actividad editorial hasta que el avance de las tropas franquistas le forzó a abandonar su país natal, al que nunca regresará. 

Dedicatoria incluida por el propio Bargalló en su obra «La vida de las plantas» (1920), uno de los textos para maestros que el docente publicó en España.

Modesto Bargalló Ardévol nació el 4 de enero de 1894 en Sabadell (Cataluña) en el seno de una familia de dilatada tradición docente. Su padre, Miguel Bargalló Sentís, fue maestro de escuela primaria, al igual que su padre (y abuelo de nuestro protagonista), Miguel Bargalló Pellicer. Su madre, Conchita Ardévol Mora, ejerció también la docencia en la escuela primaria en una época en la que el magisterio constituía una de las escasas vías de realización profesional con cierta autonomía para las mujeres. Aunque peregrinaron por varias pueblos catalanes, como Sant Sadurní d'Anoia (Barcelona) donde nació el hermano mayor de Modesto Bargalló, Miguel; se establecieron en Reus donde llegaron a formar una escuela y alcanzaron cierta notoriedad. El propio padre de Modesto Bargalló tuvo contacto con ideas pedagógicas renovadoras en la época, como la importancia de aprender en contacto directo con la naturaleza. El joven Bargalló, que recibió de sus progenitores la enseñanza primaria, aprendió desde «el bressol» a recorrer la ciencia a través de «plantas, bichos y piedras» localizados en el transcurso de paseos y excursiones. Bargalló encontró así en sus orígenes sociales un entorno de clara familiarización con la docencia y con los nuevos métodos de enseñanza. 

Fotografía de Modesto Bargalló hacia 1920 que él mismo regaló a su esposa Luisa Porrera Llopis, con quien contrajo matrimonio en febrero de 1920. El matrimonio tuvo dos hijos: Luisa y Miguel. Fuente de imagen: <a href="https://recyt.fecyt.es/index.php/LLUL/article/view/19020" target="_blank"><em>LLull.</em></a>

Tras cursar el bachiller en Tarragona (1904-1910) y obtener el título de maestro (1911) en Huesca, Bargalló se trasladó a Madrid para formarse como profesor normalista de ciencias, esto es, como profesor de ciencias de los futuros maestros. Así, ingresó en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en 1912, egresando como el segundo de su promoción en la especialidad de ciencias en 1915 (Margarita Comas Camps, otra figura clave de la enseñanza de las ciencias del primer tercio del siglo XX, fue la primera). Como muestra el artículo, sus años en la capital resultaron determinantes en su formación como profesor de ciencias. En Madrid, Bargalló respiró del ambiente cultural, científico y pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza, la Residencia de Estudiantes y el Museo Pedagógico Nacional. 

Muchos años después, ya anciano, recordará desde el exilio cómo Miguel de Unamuno paseaba rodeado de sus alumnos por la Residencia de Estudiantes o cómo las clases de pedagogía de Manuel Bartolomé Cossío en el Museo se llenaban de asistentes diversos, desde confiteros ansiosos de escuchar sus disertaciones a docentes en ejercicio y en formación. El propio Bargalló confesará a su vejez que tenía aún en su poder los apuntes tomados en aquellas sesiones. En 1915, el joven Bargalló obtuvo plaza como Profesor Numerario de Física, Química, Historia Natural y Agricultura en la Escuela Normal de Maestros de Guadalajara, donde desarrolló prácticamente la totalidad de su carrera docente en España hasta que en 1937 fue destinado a Cuenca debido a los traslados que implicó la Guerra Civil. En la escuela normal alcarreña, Bargalló trabajó activamente en el diseño de un aula de ciencias adecuada al fin pedagógico que según él debía perseguir la enseñanza de las ciencias en la escuela: educar en el «hábito científico», esto es, la capacidad de aprender ciencia cotidiana investigando el entorno. Resultaba fundamental que los maestros en formación experimentaran en sus años como discentes las metodologías que después deberían emplear en su labor como docentes. Por ello, en lugar del uso de sofisticados y costosos instrumentos científicos propios de los gabinetes de física y química de la tradición decimonónica, Bargalló abogó por la construcción de aparatos de física y química por parte del alumnado, algo que él mismo aprendió en las clases de Edmundo Lozano en el Museo Pedagógico Nacional, docente que influyó en alto grado en sus ideas y prácticas sobre enseñanza de la física y la química. 

Bargalló instaló un taller para la construcción de aparatos científicos en la Escuela Normal de Maestros de Guadalajara, fundamental en sus clases de ciencias. Esta ilustración fue incluida por el propio Bargalló en su libro «La Física en la Escuela Primaria» publicado en 1940 en México.

El aula creaba así su propia cultura material integrada por instrumentos elaborados a partir de objetos cotidianos y útiles que el estudiante podía encontrar en su vida cotidiana. Asimismo, la naturaleza invadía el aula de ciencias a través de insectarios, terrarios y herbarios donde los futuros docentes aprendían historia natural observando en primera persona los «seres y fenómenos» que de otro modo quedarían relegados a descripciones textuales en manuales. Además, la naturaleza se transformaba en el aula de ciencias predilecta en las excursiones y paseos, donde el discente podía comprender y relacionar observando in situ la realidad a través del prisma de la ciencia. Todo ello bajo la concepción de la observación y la experimentación como acciones clave para la ciencia en la escuela primaria por corresponder a los primeros estadios del desarrollo histórico de las ciencias. Este paralelismo entre el devenir de las ciencias y el desarrollo del estudiante será una de las claves pedagógicas que compartieron varios educadores de las primeras décadas del siglo XX y que observamos resignificada y critalizada en la obra de Modesto Bargalló en una máxima: el alto valor pedagógico de la historia de la ciencia para la enseñanza de las ciencias, cuestión que -con otro utillaje analítico- comparte hoy la didáctica de las ciencias experimentales y que subyace en la declaración de intenciones de este espacio virtual

Uno de los manuales publicados por Modesto Bargalló junto al catedrático de Instituto y activo socialista Marcelino Martín, quien fue fusilado al finalizar la guerra civil española. El libro será reseñado por destacadas figuras científicas de la época como el eminente químico Enrique Moles. 

Las prácticas pedagógicas de Bargalló superaron las lindes de su aula en la escuela normal alcarreña a través de su labor como autor. Así, publicó más de una decena de libros para maestros sobre enseñanza de las ciencias (la mayoría de ellos en la editorial Sardá, que él mismo dirigió y que tuvo sede en Reus, ciudad que -como se ha señalado anteriormente- estuvo ligada a la familia Bargalló Ardévol), una colección de manuales para el bachillerato y para las enseñanzas técnicas de física y química, varias traducciones del alemán al castellano, además de múltiples artículos en revistas como la Revista de Escuelas Normales (que dirigió durante varios años en las décadas de 1920 y 1930) y Faraday, una publicación que él mismo fundó en 1928 y de la que hablaremos en próximas entradas en este blog. Sus años de docencia y labor editorial solaparon con sus años de formación, los cuales continuaron más allá de sus años en Madrid. Bargalló cursó entre 1913 y 1931, de forma interrumpida y como alumno libre, la licenciatura en ciencias en la Universidad Central de Madrid. Su formación como licenciado en ciencias (mayoritariamente en materias de historia natural) le sirvió como un elemento de gran interés para la difusión de sus obras en centros de segunda enseñanza, donde era necesario estar en posesión del título de licenciado para ejercer la docencia. Se aborda así las imbricaciones y tensiones entre colectivos profesionales vinculados a la enseñanza de las ciencias y el papel activo del público lector-discente en educación científica.

Estas son solo algunas de las cuestiones sobre la vida y la obra de Modesto Bargalló Ardévol que han sido objeto de estudio en el trabajo publicado en Historia y Memoria de la Educación. El mismo hace uso de la aproximación biográfica, metodología de investigación ampliamente renovada en las últimas décadas en el ámbito de la historia social y cultural, para plantear un diálogo pautado entre biógrafo, biografiado y público lector. Se aboga así por contribuir a visibilizar la labor históricamente desarrollada por el profesorado de ciencias, el cual ha sido tradicionalmente relegado a la periferia o el olvido en las narrativas históricas. No en vano han sido señalados como «ilustres desconocidos» de la historia de la ciencia. Si bien en las últimas décadas se han producido varios intentos para la recuperación de la vida y la obra del profesorado no universitario de ciencias, sus nombres y sus trabajos siguen siendo desconocidos incluso por quienes hoy compartimos anhelos, inquietudes y pasiones con estos educadores en ciencias del pasado. Aprender a dialogar con estos profesores del ayer, lejos de un acto de esoterismo, es perfectamente plausible en el marco de la historiografía científico-educativa. Solo así podremos dotar a la enseñanza de las ciencias de un conocimiento crítico de su pasado que permita reivindicar al profesorado de ciencias de escuelas, colegios e institutos como actores activos y creadores en ciencia y pedagogía, sin caer en la hagiografía, el manido confrontamiento de lo pretérito y lo innovador o la visión difusionista que asume la enseñanza como mera transmisión de conocimientos. Solo así se podrá subsanar la deuda con quienes nos precedieron, tanto más con quienes trabajaron por enseñar ciencias en un contexto de escasa tradición y modestos medios y que fueron condenados por la dictadura al exilio, la muerte y el olvido. Solo así estos docentes seguirán brindándonos lecciones que desafían el tiempo.

Referencia:

Moreno Martínez, Luis (2021). Modesto Bargalló en España (1894-1939): una biografía entre la historia de la educación y la historia de la ciencia. Historia y Memoria de la Educación, 13, 635-674. Publicación disponible en acceso abierto en este enlace

Luis Moreno Martínez
Luis Moreno Martínez

Construyendo cultura científica ciudadana desde las aulas. Pensando y contando la ciencia, su didáctica y su historia.

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Sobre este blog

Esto no salía en mi libro de ciencias explora la interfase entre didáctica e historia de la ciencia y entre investigación y práctica docente en educación científica.

Las entradas de este blog pretenden:

  1. Potenciar la reflexión crítica sobre la educación científica, el desarrollo histórico de la ciencia y las conexiones entre ambas.
  2. Construir puntos de encuentro y diálogo entre la literatura académica en didáctica e historia de la ciencia, la divulgación científica y la enseñanza de las ciencias.
  3. Compartir notas de lectura sobre obras académicas, literarias y divulgativas de interés para la enseñanza de las ciencias. 
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