Aparato de Ingenhousz

Encontrar un objeto en el centro de un escenario puede ser cuanto menos llamativo. Sin embargo, cuando no es parte de la escenografía sino el auténtico protagonista de la performance, la sorpresa, el interés y el asombro están garantizados. Y es que lejos de meros enseres de anticuario, los objetos de la ciencia del ayer nos hablan hoy si se sabe cómo mirar, tal y como pudieron comprobar los asistentes a la VI Matinal de Historia de la Ciencia para el Profesorado organizada por CEFIRE-CTEM y el Instituto Interuniversitario López Piñero (IILP, UA-UMH-UJI-UV). El misterioso objeto, vestigio y testigo directo de una ciencia que hoy nos es pretérita, habló al ser mirado desde cuatro perspectivas diferenciadas y a su vez complementarias. En una clara apuesta por la integración de perspectivas analíticas, el objeto-protagonista del arranque de la VI Matinal fue mirado desde la arqueología, la historia de la ciencia, la didáctica de las ciencias y las bellas artes, bajo la batuta de Antonio García Belmar como maestro de ceremonias.

Partiendo de la mirada del arqueólogo Pascual Perdiguero, los asistentes pudieron comenzar a conocer al objeto protagonista, atendiendo a su contexto geográfico-temporal y diseccionando los materiales que lo componen. Acto seguido, el historiador de la ciencia Josep Simon tomó el relevo para mirar al artefacto desde una mirada diacrónica, pensando "en voz alta" sobre su vinculación al estudio de la investigación sobre conducción de "fluidos" como el calórico desarrollada en el siglo XVIII y su empleo como herramienta didáctica a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX. Desde la mirada didáctica esbozada por Luis Moreno, este artefacto representa hoy una amplia pléyade de estrategias para la enseñanza de aspectos curriculares sobre los cuales el alumnado de ciencias suele presentar ideas previas férreamente arraigadas (como asumir que la conductividad térmica de los metales se debe solo a la vibración de los átomos de la red metálica y otras dificultades conceptuales asociadas al enlace metálico). Finalmente, la especialista en bellas artes Inmaculada Mengual situó al cada vez menos desconocido objeto en el foco de una mirada escultórica, lo que permitió a los asistentes pensar las tenues fronteras entre ciencia y artes, pese al abismo disciplinar que en ocasiones las separa. Así, el activo público del salón de actos del Instituto Jorge Juan de Alicante finalmente conoció al objeto protagonista: el aparato de Ingenhousz, llamado así en referencia al médico y físico holandés Jan Ingenhousz (1739-1799) que lo diseñó. Una muestra práctica del enorme potencial didáctico de la historia de la ciencia en general y de la cultura material de la ciencia en particular que los asistentes pudieron descubrir también a través del resto de instrumental científico y didáctico conservado en el instituto alicantino.

Si la primera sesión de la matinal tuvo como protagonistas a los objetos de la ciencia pretérita, la segunda puso el foco en los museos como espacios de enseñanza-aprendizaje, uniendo pasado y presente. El historiador de la ciencia Jaume Sastre (CEHIC-UAB) ofreció un fantástico recorrido por la "interactividad" en los museos científico-técnicos a lo largo del siglo XX. Si bien el término se empleará de forma cada vez más frecuente desde la década de 1990, los múltiples significados asociados a "lo interactivo" en los museos han sido cambiantes y diversos a lo largo de la historia. Sastre argumentó cómo objetos, espacios, discursos y cuerpos conviven en diferentes regímenes de exhibición en los museos de ciencias. Para ello, el profesorado visionó una serie de vídeos promocionales de diferentes museos, desde los museos New Age de la década de 1920 al Exploratorium de los años 1970, pasando por The New York World's Fair de 1939. A través de estos casos de análisis, Sastre ilustró cómo la promoción del interés de la sociedad en la ciencia y la técnica no está desligado de determinados posicionamientos políticos o la búsqueda de una "cantera" que asegure la supervivencia de colectivos profesionales. La historia de la ciencia permitiría así pensar críticamente la democratización del conocimiento, lejos de lugares comunes y de actitudes simplistas en ocasiones frecuentes en los discursos públicos sobre ciencia.

Tras la mirada histórica crítica esbozada por Sastre, los asistentes pudieron conocer de primera mano un proyecto museístico de especial interés para el profesorado actual como es el Museo Didáctico e Interactivo de Ciencias de la Vega Baja del Segura de la Comunitat Valenciana (MUDIC). Su directora, Mª Carmen Perea, presentó a los asistentes las múltiples actividades de divulgación y educación científica desarrolladas en este centro, de gran interés tanto para la educación STEM formal, como no formal. A través del caso del MUDIC fue posible reflexionar sobre las dificultades de llevar ciertas ciencias a los museos desde una mirada interactiva (como la química), la importancia de promover estrategias didácticas que emocionen y provoquen conflicto cognitivo en el estudiante y el papel de los museos como espacios que permiten superar las barreras curriculares entre disciplinas escolares y entre etapas educativas.

Durante la VI Matinal de Historia de la Ciencia de CEFIRE-CTEM y el IILP, profesorado desde Educación Infantil a Bachillerato reflexionó durante dos días sobre cómo la historia de la ciencia y en particular, los museos, pueden contribuir a crear estrategias de enseñanza-aprendizaje que motiven y eduquen al alumnado, enseñando ciencia y sobre ciencia. Una fructífera jornada que promueve la creación de lazos entre investigación y práctica docente, entre divulgación y educación y entre historia y enseñanza de las ciencias a través de miradas diferentes a objetos y espacios.

Luis Moreno
Luis Moreno

 

Sobre este blog

Un espacio sobre historia y didáctica de las ciencias.

Ver todos los artículos