Estreptococos. Wellcome Collection.

Hasta mediados del siglo XIX, na de las principales complicaciones tras el parto era la llamada sepsis puerperal o infección postparto. Una vez desprendida la placenta, los vasos de la pared uterina donde estaba adherida quedan abiertos hasta que se contraen. Durante ese tiempo es posible que los gérmenes de las manos de la persona que atiende a la mujer en el parto penetren en el organismo a través de ellos, produciendo una infección generalizada y muchas veces la muerte si no se aplica el tratamiento adecuado. Ya en las últimas décadas del siglo XVIII, los obstetras Charles White en Manchester y Joseph Clark y Robert Collins en Irlanda redujeron drásticamente la incidencia de esta complicación mediante el lavado de manos de todo el personal que atendía a la parturienta, la limitación de los exámenes vaginales durante el parto, la ventilación de las habitaciones y una continua limpieza de la sala de partos, así como de las camas y sábanas. Sus prácticas higiénicas apenas tuvieron seguidores.

Estreptococos (David Goulding, <em>Wellcome Trust Sanger Institute</em>). <a href="https://wellcomecollection.org/works/ppqna75f" target="_blank"><em>Wellcome Collection.</em></a>

El estadounidense Oliver Wendell Holmes (1809-1894), en el transcurso de una conferencia pronunciada en 1843 en Boston ante la Sociedad para el Progreso de la Medicina, sugirió que la sepsis puerperal era una enfermedad infecciosa transmitida por las personas que atendían a la mujer durante el parto. Para evitarla, sugería que el personal médico dejara pasar al menos un día entre la realización de una autopsia a una mujer fallecida por sepsis puerperal y la asistencia a un parto. También urgía al cambio frecuente de ropa y al lavado de manos con una solución de hipoclorito cálcico. Difundió su método a través de su obra La contagiosidad de la fiebre puerperal, publicada ese mismo año. Su idea no fue aceptada y hasta se consideró un insulto afirmar que los médicos pudieran transmitir una infección.

Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal. Portada de la obra de I. Semmelweis. <a href="https://semmelweis.hu/english/2014/02/unesco-international-memorial-for-ignaz-semmelweis/" target="_blank"><em>Semmelweis University.</em></a>

Tres años después, el obstetra húngaro Ignaz Semmelweis (1818-1865) observó una gran disparidad en la mortalidad de mujeres ingresadas en dos salas de maternidad del Hospital General de Viena en el que trabajaba. La Clínica I era atendida por médicos y estudiantes de medicina y la mortalidad oscilaba entre el 10 y el 20%. En la Clínica II, asistida por profesorado y estudiantes de matrona, la mortalidad se reducía al 3%. El tipo de asistencia practicada en las dos clínicas era similar. La única diferencia era que las matronas no realizaban autopsias. Esta disparidad era bien conocida por las parturientas que acudían el hospital. Se trataba de mujeres pobres que optaban así por una asistencia gratuita a cambio de aceptar que los estudiantes de medicina y las matronas hicieran sus prácticas con ellas. El ingreso en una u otra clínica se hacía en días alternos y las mujeres suplicaban no ser admitidas en la Clínica I por miedo a morir poco después de dar a luz. Semmelweis observó también que las mujeres que ingresaban tarde y ya habían dado a luz en su casa o en un coche, rara vez enfermaban por fiebre puerperal. Parecía, por tanto, que la infección se contraía en el mismo momento del parto.

Estatua de marmol de Ignaz Semmelweis, por A. Strobl, localizada en el Hospital <em>Szent Rókus </em>de Budapest. <a href="https://wellcomecollection.org/works/t2q5eayv" target="_blank"><em>Wellcome Collection.</em></a>

La prueba definitiva del origen de la infección la proporcionó en 1846 la muerte de un amigo de Semmelweis, Jakob Kolletschka, médico forense del hospital. Falleció tras sufrir una infección generalizada originada por una picadura anatómica, un corte que se produjo en un dedo con un escalpelo mientras realizaba la autopsia a una mujer muerta por fiebre puerperal. Cuando a su vez se le practicó la autopsia, Semmelweis observó alteraciones similares a las sufridas por las mujeres con infección postparto, unos acúmulos de pus distribuidos por todo el organismo. Concluyó que médicos y estudiantes, que realizaban autopsias antes de pasar al paritorio, llevaban en sus manos restos de la carne putrefacta de los cadáveres, donde se encontraba el agente infeccioso que se transmitía así a las parturientas. El lavado de las manos con agua y jabón no hacía desaparecer por completo el olor a cadáver, por lo que Semmelweis pensó que no se eliminaban todas las partículas cadavéricas. En 1847 ordenó que todo aquel que asistiera a la sala de partos, tanto médicos como estudiantes, se lavara las manos con agua clorada, una disolución de hipoclorito cálcico utilizado desde el siglo XVIII para eliminar el mal olor de la putrefacción. Un mes después, la mortalidad en la sala 1 era muy similar a la observada en la sala 2. Al cabo de un año, la mortalidad bajó al 1%. Unos resultados tan contundentes no sirvieron para convencer al jefe del servicio de la sala de maternidad para el que trabajaba, Johann Klein, quien desaprobó sus prácticas y limitó su actividad clínica. A pesar de contar con el apoyo de quienes habían sido sus profesores en la Facultad de Medicina de Viena, el anatomopatólogo Carl von Rokitansky y el clínico Joseph Skoda, así como del dermatólogo Ferdinand Hebra, Semmelweis fue despedido del hospital en 1849 y regresó a Hungría.

Oliver Wendell Holmes (1809-1894). <a href="https://wellcomecollection.org/works/w8njjb7u" target="_blank"><em>Wellcome Collection.</em></a>

En Budapest, Semmelweis aplicó con éxito su método, tanto en la sala de obstetricia del hospital de St. Rochus, como en la Unidad Maternal de la Universidad. Publicó en 1861 su obra Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal, la cual fue recibida con hostilidad por la comunidad médica. Se opusieron a sus ideas personalidades de la talla del patólogo Rudolph Virchow. Semmelweis, hombre de carácter difícil, no supo asimilar las críticas a su trabajo. En 1865 una grave demencia, debida quizá a una sífilis terciaria, hizo que Skoda acudiera a Budapest para trasladarlo a Viena, en donde quedó ingresado en una clínica para enfermos mentales. Semmelweis se resistió a ser internado y fue duramente golpeado por los trabajadores de la institución, que lo inmovilizaron con una camisa de fuerza. Posiblemente le ocasionaron una herida cuya gangrena le produjo la muerte tres semanas después. Durante mucho tiempo se creyó que antes de ser trasladado a Viena, Semmelweis entró en la sala de disección de anatomía de la Universidad de Budapest y, delante de los estudiantes, abrió un cadáver con lesiones purulentas y se autolesionó en un dedo con el escalpelo. En cualquier caso, quiso el destino que muriera de la misma enfermedad que había tratado de prevenir, una sepsis generalizada, sin conseguir la difusión de su método antiséptico.

La idea de que era el propio personal médico el que podía transmitir determinadas enfermedades infecciosas, mortales muchas veces, resultaba difícil de admitir. Faltaba una interpretación sólida que la sustentara y tal fue el papel de la teoría microbiana de la enfermedad en el último cuarto del siglo XIX. El proceso no fue sencillo, ni exento de polémicas. En 1879, se celebró un congreso en la Academia de Medicina de París, en el cual el ginecólogo Edouard Hervieux criticó con dureza la teoría de los gérmenes como causa de la sepsis puerperal. Uno de los asistentes le interrumpió, subió al estrado y dibujó en la pizarra una hilera de puntos mientras decía: "Aquí están sus gérmenes, señor". Era Luis Pasteur y mostraba los estreptococos, microorganismos causantes de la infección postparto según experimentos que acababa de realizar. Había sido el primero en poder cultivarlos tras aislarlos de la sangre de una enferma de fiebre puerperal y la de un recién nacido con sepsis neonatal.

Mª José Baguena Cervellera

IILP-UV 

Para resumir

En esta sesión del curso online Una introducción a la Historia de la Ciencia, la Tecnología y la Medicina de la Universitat de València podrás encontrar una síntesis de los principales aspectos abordados en esta entrada.

Para ampliar

Podrás encontrar una relación de lecturas recomendadas, estudios, fuentes documentales y recursos de interés en este enlace.

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Saberes en acción ofrece un nuevo recorrido por la historia de la ciencia, la tecnología y la medicina, basado en las perspectivas ofrecidas por las últimas investigaciones en este terreno. Se presentan relatos alternativos, a menudo sorprendentes, a través de nuevos personajes, espacios y objetos. Las personas que nos acompañen en este viaje en el tiempo podrán poner en cuestión muchas imágenes difundidas acerca de la ciencia y su historia. Veremos, por ejemplo, que hubo muchos avances en las pretendidas «edades oscuras», que la «revolución científica» es un bulo al servicio de discursos eurocéntricos, y que la ciencia es una empresa colectiva en la que han participado numerosas personas, muchas de ellas invisibles en los relatos tradicionales. Se podrá conocer mejor las cambiantes relaciones entre la ciencia, la tecnología y la medicina con las diversas sociedades y culturas, así como las interacciones entre todos sus ingredientes. Todas las entradas ofrecen una bibliografía adicional para las personas que quieran seguir ampliando su curiosidad en el tema.

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