El mercado de Goa pintado por Jan Huyghen van Linschoten hacia 1596. Wikimedia.

El espacio geográfico transmitido por la geografía grecorromana clásica tenía su centro en el mar Mediterráneo y abarcaba unos 180º de Este a Oeste y unos 80º de Norte a Sur. Ptolomeo (siglo II d.C.), como Estrabón siglo y medio antes, habían caracterizado la tierra como una esfera en cuya superficie se distribuían mares y tierras de forma continua. Su obra se difundió en el occidente europeo con el nombre de Cosmografía o Geografía, ya durante un siglo antes de alcanzar su primera edición impresa (como era de esperar, en latín, la lengua de comunicación de ese tipo de conocimiento), publicada en 1475. Pero los viajes de expansión colonial de portugueses y castellanos, iniciados alrededor de esas mismas fechas comenzaron a modificar de manera importante esa representación geográfica de las tierras y los mares del globo.

Planisferio trazado por el cosmógrafo portugués Diego Ribeiro (1529). <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Map_Diego_Ribero_1529.jpg" target="_blank">Wikimedia.</a>

Las readaptaciones de los modelos clásicos de la Tierra a los nuevos conocimientos geográficos supusieron un reto intelectual, pero también un inmenso desafío práctico para navegantes y colonizadores, así como para los poderes políticos que los enviaban a explorar nuevas tierras, a buscar un paso entre el Atlántico y el Pacífico por el sur del continente americano, o a «descubrir» un continente austral, que, según esos modelos, debía estar necesariamente en alguna parte del sur del globo. No se trataba solamente de textos o de representaciones en dos dimensiones: las naves lusas y castellanas trajeron a Europa occidental noticias que cuestionaban lo que los clásicos siempre habían afirmado: África era circunnavegable, la zona tórrida estaba habitada y existían numerosas islas y un inmenso continente de dimensiones, aún no definidas navegando hacia el Oeste. En pocas décadas, el conocimiento del mundo, de su naturaleza y de sus habitantes fue cobrando una dimensión que, por vez primera, se planteaba a una escala verdaderamente global, desfilando ante los ojos de los navegantes. A Lisboa y a Sevilla llegaban testimonios e informaciones sobre todas estas novedades, pero también plantas, animales, objetos y personas procedentes de esas «cuatro partes del mundo». Esta expresión, según ha señalado el historiador Serge Gruzinski se transformó en un motivo que se plasmó, de manera textual y visual, una y otra vez durante dos largos siglos.

Las cuatro partes del mundo, en la portada del <em>Index Nominum Plantarum Universalis</em>, de Christian Mentzel (1682). <a href="https://books.google.es/books?id=wG7IxQEACAAJ&amp;printsec=frontcover&amp;hl=ca&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false" target="_blank">Gooble Books.</a>

A grandes rasgos, se podría decir que esta primera globalización estuvo marcada desde la óptica de los imperios colonizadores por tres procesos trascendentales e interrelacionados: un empeño de cristianizar el mundo como instrumento irrenunciable para los poderes coloniales europeos, precisamente cuando el continente se enzarzaba en un sangriento enfrentamiento entre católicos y protestantes; la mercantilización de la economía, que giraba en torno a la explotación de los imperios coloniales, la monetización de los intercambios y el desarrollo de una red comercial global cada vez más densa, multipolar e interrelacionada; y la creciente conciencia por parte de las cortes europeas de la enorme importancia que los saberes y las prácticas científicas para el gobierno de los estados y de sus colonias.

No obstante, desde la óptica de las culturas no europeas, esta primera globalización supuso un desafío a la supervivencia, en la vasta gama de posibles respuestas que se movieron entre los polos opuestos de la resistencia y la asimilación. La ingente cantidad de intercambios de conocimientos, técnicas e instrumentos aún no ha sido satisfactoriamente recompuesta y recalibrada por la historiografía de la ciencia, demasiado tiempo sometida a relatos (o big pictures) construidos desde la convicción en la supremacía europea. Actualmente, parece indudable que los conocimientos en torno a la naturaleza, sus producciones y sus transformaciones fueron elaborándose a partir de encuentros múltiples entre europeos y no europeos. Surgió así, desde un principio, un conjunto de saberes mestizo, híbrido, compuesto, del que misioneros y colonizadores se apropiaron, gracias a un occidentalismo militante que quedó plasmado en dos dispositivos inseparables, tal y ha señalado Walter Mignolo: la modernidad y la colonialidad. Tal fue el dispositivo binomial con el que los europeos pretendieron imponerse al resto del mundo globalizado.

El mercado de Goa pintado por Jan Huyghen van Linschoten hacia 1596. <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:AMH-6598-KB_View_of_the_market_in_Goa.jpg" target="_blank">Wikimedia.</a>

Los desafíos planteados por la necesidad de organizar y mantener unos imperios – políticos, religiosos y militares– de enormes proporciones constituyen la clave explicativa fundamental para entender el extraordinario desarrollo de la actividad científica y la técnica en los siglos XVI y XVII. Explorar, explotar, controlar y organizar un imperio colonial, tratar de mantener la hegemonía militar y la unidad religiosa exigieron la movilización de ingentes recursos humanos y materiales. El componente científico y técnico de muchas de estas exigencias explica la presencia de ingenieros, arquitectos, cosmógrafos, pilotos, cartógrafos, ensayadores, médicos, cirujanos, boticarios, destiladores y herbolarios procedentes de todo el mosaico de territorios gobernados o controlados por las políticas imperiales europeas.

Factoría de la VOC (compañía holandesa de la Indias Orientales) en Hougly, Bengala, pintada por Hendrik van Schuylenburgh hacia 1665. <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:De_handelsloge_van_de_VOC_in_Hougly_in_Bengalen_Rijksmuseum_SK-A-4282.jpeg" target="_blank">Wikimedia.</a>

Además de los metales preciosos y la monetización económica, las riquezas naturales de las denominadas «Indias» –Orientales y Occidentales– colonizadas por los europeos aportaron también otros elementos de enormes implicaciones. La alimentación de los europeos, asiáticos, americanos y africanos, así como los medicamentos y drogas con los que aliviaban sus enfermedades comenzaron a cambiar con el flujo de los intercambios. Estos intercambios no solo se plasmaron en la intensificación de los flujos comerciales, sino también en la introducción de nuevas plantas y animales, así como en el traslado intercontinental (espontáneo a veces, pero mucho más a menudo forzado) de notables contingentes de población, todo transportado en las naves que protagonizaban un comercio transoceánico cada vez más intenso. La hibridación, por lo tanto, se plasmó en la misma naturaleza, en las alteraciones de los ecosistemas, en los azotes epidémicos y las resistencias inmunológicas de humanos y animales, así como en la fisonomía de los habitantes de las cuatro partes del mundo, debido al tráfico de esclavos, las migraciones y la proliferación de enlaces mixtos.

Kano Naizen, pintura de biombo de arte namban ("de los bárbaros del sur") que representa la una nave portuguesa arribando a las costas de Japón. <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:NanbanCarrack.jpg" target="_blank">Wikimedia.</a>

Nuevas instituciones y corporaciones nacieron para regular, controlar y aprovechar ese comercio, sirviendo además de espacio para la producción y la circulación de los nuevos saberes, técnicas e instrumentos. Primero, la Casa de India en Lisboa, después la Casa de la Contratación en Sevilla; las diversas compañías mercantiles de castellanos, portugueses, italianos, flamencos y alemanes fundadas en estos puertos; y las compañías comerciales de las Indias Orientales en los Países Bajos y en Inglaterra. Los intereses de los inversores, banqueros y traficantes que las integraban estimularon la circulación de bienes, pero también de saberes, teóricos y prácticos, acerca del mundo, la naturaleza y los modos de explotación de la misma. Todo fue convertido en «materia de intercambio», como ha señalado el historiador Harold Cook. De estos intercambios se dará cuenta en próximas entradas de Saberes en acción.

José Pardo Tomás

IMF-CSIC

Para resumir

En esta sesión del curso online Una introducción a la Historia de la Ciencia, la Tecnología y la Medicina de la Universitat de València podrás encontrar una síntesis de los principales aspectos abordados en esta entrada.

Para ampliar

Podrás encontrar una relación de lecturas recomendadas, estudios, fuentes documentales y recursos de interés en este enlace.

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El equipo de redacción de Saberes en acción (@sabersaccio) está integrado por personal investigador y profesorado del Instituto Interuniversitario López Piñero de Estudios Históricos y Sociales sobre Ciencia, Tecnología, Medicina y Medioambiente (IILP) perteneciente a las Universidades de Alicante (UA), Miguel Hernández (UMH), Jaume I (UJI) y Valencia (UV), así como por reconocidos especialistas de diversas instituciones académicas.

Sobre este blog

Saberes en acción ofrece un nuevo recorrido por la historia de la ciencia, la tecnología y la medicina, basado en las perspectivas ofrecidas por las últimas investigaciones en este terreno. Se presentan relatos alternativos, a menudo sorprendentes, a través de nuevos personajes, espacios y objetos. Las personas que nos acompañen en este viaje en el tiempo podrán poner en cuestión muchas imágenes difundidas acerca de la ciencia y su historia. Veremos, por ejemplo, que hubo muchos avances en las pretendidas «edades oscuras», que la «revolución científica» es un bulo al servicio de discursos eurocéntricos, y que la ciencia es una empresa colectiva en la que han participado numerosas personas, muchas de ellas invisibles en los relatos tradicionales. Se podrá conocer mejor las cambiantes relaciones entre la ciencia, la tecnología y la medicina con las diversas sociedades y culturas, así como las interacciones entre todos sus ingredientes. Todas las entradas ofrecen una bibliografía adicional para las personas que quieran seguir ampliando su curiosidad en el tema.

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